Lo que no debemos callar
Otra cosa es con guitarra: Cuando el zapatero no entiende de zapatos
En Bolivia cada campaña electoral viene acompañada de promesas, ofrecen el cielo y las estrellas para ser elegidos. Sin embargo, una vez en el poder, llega el momento de cumplirlas y es ahí donde comienzan los problemas. En la mayoría de los casos, ni siquiera se ha pensado en los perfiles idóneos para los cargos jerárquicos en las instituciones que se prometió transformar.
Se suele justificar esta carencia con argumentos como: “no hay buenos profesionales que no hayan estado al servicio de los anteriores gobiernos”. Esto no es cierto. Bolivia cuenta con recursos humanos altamente capacitados, aunque no necesariamente sean de mi barrio, ciudad o departamento. Por ello es indispensable incorporar la meritocracia como fuente principal; aunque no exclusiva, en la selección del servicio público.
El primer paso es definir con claridad las decisiones políticas comprometidas al momento de pedir el voto. El segundo es invertir el tiempo que sea necesario para identificar a las personas más capacitadas para ejecutarlas, bajo criterios de experiencia, integridad y conocimiento técnico. La persona elegida debe transformar la institución, desmantelando la corrupción incrustada en el Estado durante los últimos veinte años.
No se puede, bajo ningún pretexto, designar en cargos jerárquicos, a personas sin las competencias necesarias o, peor aún, con antecedentes de corrupción. Este tipo de decisiones no solo debilita la gestión, sino compromete la responsabilidad de quienes toman esas decisiones.
La experiencia en la función pública demuestra que un servidor idóneo no puede trabajar con personal incapaz o corrupto. La incapacidad paraliza la gestión, mientras que la corrupción penetra hasta las fibras más profundas de la administración pública. Si no se corta de raíz este mal endémico, la gestión termina siendo incapaz o corrupta, por acción u omisión. Un equipo sin liderazgo técnico ni ético está condenado a la ineficiencia o a ser capturado por la corrupción.
Los últimos veinte años han demostrado que las designaciones basadas en cuotas políticas han afectado el funcionamiento de instituciones estratégicas. Resultaba igual tener a un profesional técnico o a un dirigente sindical como presidente ejecutivo o Gerente General de una institución estratégica y eminentemente técnica. No se trata de desmerecer la carrera dirigencial; pero es un mérito distinto, no suficiente para dirigir una entidad que requiere de conocimiento especializado. Así se ha formado una “costra” de funcionarios que terminan normalizando prácticas irregulares y debilitando la gestión pública.
Un ejemplo claro se observa en la Administradora Boliviana de Carreteras (ABC). Varias carreteras de primer orden presentan fallas técnicas no resueltas, deficiencias en la supervisión y problemas en la fiscalización. Estas debilidades no son casuales; responden en parte, a designaciones sin el perfil técnico requerido, como la de un dirigente sindical de los “sin tierra” al frente de una entidad eminentemente especializada. La gestión de contratos estandarizados, como los modelos FIDIC o NEC que nos condicionan los financiadores externos como BID, BM, CAF, requiere experiencia técnica, manejo de riesgos y capacidad de control. Cuando estos requisitos no se cumplen, los resultados están a la vista.
Está claro que no todo es mérito; existirán lineamientos políticos que forman parte de la dinámica democrática. Sin embargo, mejorar los criterios de selección sin duda contribuiría a una mejor toma de decisiones.
El problema no es político, es de gestión pública.
Para ver la luz al final del túnel, es necesario consolidar equipos estratégicos de intervención inmediata. Además de cumplir sus tareas cotidianas estos equipos deben actuar en las áreas críticas: fortalecer controles administrativos, mejorar la supervisión técnica y el control de calidad y promover auditorias que permitan identificar responsabilidades y corregir fallas estructurales.
Por lo expuesto y fiel al título y subtitulo de esta columna, el zapatero que elijamos debe saber de zapatos y de los materiales con los que se fabrican. Porque, como bien dice el refrán, otra cosa es con guitarra, aunque los zapatos sean nuevos y brillantes.
Sin meritocracia, el Estado seguirá siendo un botín; con ella, puede empezar a convertirse en un verdadero servicio público.