2026-05-15

Situación

Los ataques a refinerías en la guerra en Irán favorecen la aparición de lluvia ácida

Esa precipitación "está ligada a la quema de carbón y de combustibles no refinados o poco refinados", explica el experto.

EFE / Redacción Medioambiente

Los ataques a infraestructuras petrolíferas en la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán favorece la aparición de lluvia ácida, una "aberración ambiental" con consecuencias sobre el medioambiente, la salud y la alimentación de las personas, afirma Greenpeace.

"Le han llamado la guerra de las refinerías, dado que es una zona donde la infraestructura de combustibles fósiles está siendo directamente objetivo de la guerra", sostiene Francisco del Pozo Campos, responsable de Combustibles Fósiles y Nucleares de Greenpeace; y son precisamente esos ataques los que favorecen la aparición de la lluvia ácida.

La lluvia ácida "está ligada a la quema de carbón y de combustibles no refinados o poco refinados", explica el experto.

Durante su combustión se libera azufre que, al unirse al nitrógeno presente en la atmósfera, "genera óxidos de azufre (SOx) y óxido de nitrógeno (NOx)"; a su vez, estos óxidos "se mezclan" con las gotas de agua en suspensión presentes en las nubes, generando "ácido sulfúrico y ácido nítrico", que cae a la tierra en forma de lluvia ácida.

El problema de los ataques a refinerías es que el crudo que contienen "no está refinado, no se le ha quitado ese azufre", continúa Del Pozo Campos, provocando una combustión espontánea "que genera un montón de óxidos de azufre y óxidos de nitrógeno, más hollines y partículas aceitosas".

Y lo que se ve en las zonas de guerra, "especialmente en los últimos cuatro o cinco años, es una gran cantidad de estos ataques, uno tras otro, incluso sobre la misma instalación", dice Eoghan Darbyshire, investigador en el Observatorio de Conflicto y Medioambiente (CEOBS).

Según Bloomberg, solo en los países del Golfo Pérsico, al menos una decena de refinerías habían sido atacadas entre febrero y abril, además de oleoductos e infraestructuras de gas.

Daños a largo plazo

Sobre la "especie de lluvia negra ácida" que se vio en Teherán a principios de marzo, Darbyshire cuenta que se produjo por "el petróleo crudo que se estaba quemando" y la cercanía de una tormenta; pero esa no fue "toda la historia del impacto medioambiental".

El humo -"muy contaminante", asegura- se quedó atrapado en una ciudad que "está rodeada de montañas", por lo que la exposición de la población "fue mayor de lo que habría sido en otras circunstancias".

Los incendios y las "impresionantes" columnas de humo que se aprecian tras las ofensivas, son la evidencia de un daño ambiental "bastante instantáneo", continúa; en el otro extremo, hay "contaminación u otros efectos que pueden durar años, décadas, incluso más tiempo".

La lluvia ácida se caracteriza por tener un pH más bajo de lo normal -entre un 4,2 y un 4,4 frente al 5,6 habitual, según la Oficina de la ONU para la Reducción del Riesgo de Desastres- que, al caer sobre la tierra, quema las hojas de árboles y plantas.

Estas precipitaciones van acompañadas de "aceites y hollines que tupen y matan a las plantas", dice Del Pozo; también contaminan masas de agua y el suelo, generando un impacto "a medio y largo plazo sobre los medios de vida, además del ecosistema", advierte.

Y en zonas con muy poca lluvia, como Irán, la contaminación "se va quedando en el territorio y puede inutilizar cosechas".

Consecuencias que también afectan a quienes viven cerca de los lugares atacados: además de efectos sobre la piel, el SOx y el NOx presentes en el aire pueden dañar la función cardíaca y respiratoria, informa la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA).

Para Del Pozo, estas ofensivas son "una aberración ambiental" y "un crimen contra la humanidad porque, cuando una potencia como Estados Unidos ataca una refinería, saben que va a pasar esto. Están sometiendo a millones de personas en la zona de Teherán a un castigo colectivo". 

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