Mundial 1938
Matthias Sindelar, el futbolista que se atrevió a desafiar al nazismo
Conocido como “El Hombre de Papel” por su elegante estilo de juego, Matthias Sindelar destacó como una de las figuras más brillantes del fútbol europeo en los años 30 y en especial del combinado de República Checa.
Desde joven, Sindelar mostró una fascinación especial por el fútbol. Las calles del vecindario se convirtieron en su primer estadio, donde jugaba con pelotas improvisadas hechas de trapos.
Con quince años, Matthias ingresó al Hertha Viena, un club modesto que supo reconocer su talento. El apodo Der Papierene (“El Hombre de Papel”) nació en esos años iniciales. Su delgada figura y su capacidad para deslizarse entre los defensores lo hacían parecer intangible. Los hinchas lo idolatraban; los rivales lo temían. Matthias no era solo un jugador, era un artista del fútbol.
Su habilidad técnica, su inteligencia táctica y su capacidad para leer el juego lo colocaron en una categoría aparte. Según contó a The Guardian, el crítico Alfred Polgar, “sus goles eran como el remate perfecto de una historia, el desenlace que daba sentido a todo”.
Entre 1931 y 1934, Austria encadenó una serie de victorias impresionantes, destacándose un triunfo 5-0 contra Escocia, considerado uno de los equipos más fuertes de la época. La culminación de este período llegó con su participación en el Mundial de 1934 en Italia.
Mathias Sindelar no tuvo problemas en resistir al nazismo. Crédito: Infobae
El baile ante los nazis
Pero los tiempos oscuros estaban por llegar. En 1938, tras la anexión de Austria por parte de la Alemania nazi, el país fue absorbido por el Tercer Reich. El fútbol no quedó exento de la influencia política. El FK Austria Viena, al igual que otros clubes asociados con la comunidad judía, fue desmantelado, y muchos de sus jugadores y directivos fueron perseguidos o forzados al exilio. Matthias se negó a colaborar con el régimen. Rechazó jugar para la selección alemana, a pesar de las presiones del gobierno. Su postura firme lo convirtió en un símbolo de resistencia silenciosa.
El 3 de abril de 1938, Matthias jugó su último partido con la selección austríaca en un amistoso contra Alemania, un evento organizado por los nazis como un gesto de propaganda. En el primer tiempo, el equipo austríaco evitó marcar goles, obedeciendo órdenes implícitas. Pero en el segundo tiempo, Sindelar anotó un gol y lo celebró con un baile frente al palco donde estaban los altos jerarcas del régimen. Poco después, su compañero Karl Sesta selló la victoria con un tiro libre, desafiando el guion impuesto. Ese día, el estadio Prater fue testigo no solo de un partido, sino de un acto de desafío contra el régimen.
Tras ese encuentro, Sindelar dejó el fútbol profesional. Compró un café en Viena a un dueño judío que había sido despojado de su propiedad. Aunque pagó un precio justo, el negocio quedó bajo la vigilancia de la Gestapo.
El 23 de enero de 1939, Matthias y su pareja, Camilla Castagnola, fueron encontrados muertos en su apartamento. La causa oficial fue intoxicación por monóxido de carbono debido a una chimenea defectuosa. Sin embargo, las circunstancias de su muerte generaron dudas. Algunos señalaron la posibilidad de un asesinato orquestado por la Gestapo; otros sugirieron un suicidio motivado por la desesperación ante la situación política. El caso nunca fue esclarecido.
Más de 20.000 personas asistieron a su funeral, un acto que se transformó en una protesta velada contra el régimen nazi. Según The Guardian, Alfred Polgar, en su obituario, escribió: "Sindelar era el alma de Viena, y cuando Viena murió, él tuvo que morir con ella".