La Tribuna
Restrepo estropeó el caldo
Una mano en el llanto que produjo arrebato.
El equipo había logrado un resultado decoroso frente a Fluminense (1-2) y se había colocado en la antesala del pase a los octavos de la Libertadores.
Vladimir Soria empezaba a dar línea a un equipo que fue desordenado por el mal recordado técnico Robatto.
De pronto, a cuatro días del lance frente a Independiente Rivadavia, apareció un señor, nombrado apresuradamente como nuevo técnico del plantel. ¿Cuál el motivo del apuro? ¿Qué interés había? ¿Quién o quiénes son los autores de aquella contratación? Alejandro Restrepo apareció en escena flanqueado por su paisano Sebastián Lopera (gerente deportivo) y Pablo Suárez (gerente general). Se suponía que el colombiano asumiría la conducción del plantel tras el partido con el equipo mendocino en Santa Cruz.
Sorpresa. Restrepo separó a Soria y se puso a dirigir al equipo, seguramente para darse ínfulas de haber clasificado al equipo a los octavos; por tanto, toda la gloria para él. Entonces se cumplió lo que decía mi abuela en la cocina, cuando mi madre y mi tía ingresaban con el afán de ayudarla: “Demasiados cocineros estropean el caldo” o, lo que es lo mismo, “muchas manos en un plato causan arrebato”.
Y Restrepo estropeó el caldo. Incluyó a Cauteruccio, que se mueve un poco más que una estaca; sorprendió enviando al terreno a Jesús Sagredo, que marca a distancia; no se dio cuenta de que Melgar se cansó pronto y no marcaba, porque a 15 minutos del final quiso arreglar la comida y confundió la sal con el azúcar, el vinagre con el agua, más una pizca de vinagre, que terminó causando la vinagrera entre los que estábamos en la tribuna. Restrepo nos indigestó.
No había pasado nuestra bronca cuando nos anoticiamos de que Restrepo retornó presuroso a casa, dizque porque tenía un asunto familiar urgente. Tan grave debe ser el asunto que se fueron junto a él sus tres acompañantes. Nadie se quedó, de manera que el equipo tiene ahora unas vacaciones de cinco días.
El gerente Pablo Suárez guarda silencio cómplice y el colombiano Sebastián Lopera (gerente deportivo) perdió el habla. Los otros directivos (si los hay) están más mudos que loro recién comprado (así dicen mis amigos tarijeños cuando alguien calla de vergüenza).
El caso es que los que comandan la institución no solo caminan a tientas, sino que miran con aire de desconfianza a quienes les quieren ayudar. A estas alturas, el club ya debería tener una lista de al menos cinco jugadores de nivel aceptable y tener muy claro qué jugadores ya cumplieron su ciclo en el equipo.
Lo de Restrepo suena a burla y se asemeja al confianzudo empleado que, tras obtener el puesto en una empresa, tramita inmediatamente su vacación adelantada. Si es tan urgente el viaje y las necesidades de Restrepo, sería bueno que atienda el asunto y ojalá dure poco más de un año su cometido.