La Tribuna
La fantasía que no pudo ser
El nuevo formato de la Copa Mundial de la FIFA 2026 le abrió el portón de Norteamérica a 16 selecciones más con respecto a los anteriores torneos; de 32 equipos pasaron a ser 48. Según el portal oficial del ente regulador, los motivos para incrementar en un 50% la cantidad de participantes del mundial son tres: Hacer del fútbol un deporte más inclusivo, incrementar los ingresos económicos y lograr que la competencia sea aún más emotiva con los cruces tempranos de eliminación directa.
Esta búsqueda forzosa de emociones evidentemente ha generado una gran expectativa en propios y extraños, pues trajo consigo choques electrizantes en la pronta fase de dieciseisavos de final. Desgraciadamente, esto implica despedirnos rápido de selecciones que prometían grandes actuaciones a lo largo de la competencia.
Y qué cruel es el destino, pues quiso que ese partido casi mitológico que muchos vimos de niños en dibujos animados se haga realidad apenas saliendo de la fase de grupos. Brasileños y japoneses se enfrentaban en un cruce inimaginablemente parejo, y es que en un pasado no muy lejano costaría imaginarse a los asiáticos como un rival competitivo para la siempre poderosa Verdeamarela.
Los nipones tuvieron ese idilio con el balompié a principios de los 80, cuando un visionario y casi adolescente Yoichi Takahashi, maravillado con la puesta en escena de la selección de Brasil en el Mundial del 78, decidió crear una historieta que popularice al fútbol en Japón. Los Súper Campeones, que pronto pasaron del papel a la tele, tuvieron un impacto tan grande en la tierra del sol naciente, que en poco tiempo las calles se llenaron de chicos y grandes compartiendo los mismos sueños que giraban alrededor de una pelota.
La maravillosa epopeya de Oliver Atom plasmó en uno de sus episodios el anhelo más grande del pueblo futbolero japonés, ganarle la final del mundial a esa selección que supo enamorarlos, Brasil.
Tan dura como suele ser la realidad, el escenario se dio tal cual lo había dibujado Takahashi, pero en el mismísimo NGR Stadium de Houston ante 70.000 espectadores, nada más que en esta historia verdadera, fue la Canarinha quien dio cuenta de Japón, dando vuelta el marcador (2-1) con un agónico y doloroso gol a los 95 minutos de juego.
Si nos basamos en los tres motivos que llevó a la FIFA a incrementar el número de selecciones, seguramente se puede encontrar esa inclusión que buscaba, pues mientras dos gigantes se baten a muerte por permanecer en el certamen, a otros les tocará enfrentar a la poderosísima Cabo Verde; y también podremos reconocer el crecimiento económico exponencial, pues los 5.700 millones de dólares alcanzados en Qatar 2022 ya fueron sobrepasados antes de concluir la fase de grupos, y claro, la emoción desbordante será parte del americanizado espectáculo, pero pagando el elevado precio de quedarnos con las ganas de seguir viendo grandes selecciones, incluidos los Samuráis Azules persiguiendo ese sueño que para ellos inició hace más de cuatro décadas.