Sin gobernabilidad parlamentaria, no hay gestión presidencial
Cuando el gobierno nacional de Rodrigo Paz está a punto de cumplir este próximo 8 de agosto, nueve meses de gobierno, aun no logra cuadrar del todo en su gestión presidencial. Gran parte de la ciudadanía miró con mucha esperanza que la llegada al gobierno central por parte del actual presidente iba a significar un gran cambio para el país, pero día que pasa esa esperanza se va esfumando porque no se ven resultados concretos en favor de la población.
El alejamiento del jefe nacional de Unidad Nacional (UN), Samuel Doria Medina, del gobierno central, hace poco, da más señales de inseguridad a la gobernabilidad parlamentaria que pueda tener el gobierno de Rodrigo Paz hasta el 2030. El no tener una gobernabilidad parlamentaria con holgura, no permite tener una gestión presidencial óptima.
Este es un problema que el actual presidente arrastra desde que asumió el mando de la nación. Llegó al mismo sin un apoyo político partidario sólido, aspecto que no le permite gobernar con total solvencia. No por algo en muchas ocasiones recurrió a los decretos supremos, figura constitucional jurídica que debe emplear en casos muy extremos y no para gobernar de manera constante. En un Estado de Derecho en democracia, se gobierna bajo la promulgación de leyes y, para eso, se debe contar con amplia mayoría o más de dos tercios de apoyo en el Órgano Legislativo.
El presidente Rodrigo Paz, por no contar a la fecha con operadores políticos con bastante sapiencia a la hora de las negociaciones, no supo articular una alianza política robusta con sus propios parlamentarios del PDC (divididos entre rodriguistas y laristas), con los legisladores del propio Doria Medina, de Tuto Quiroga y de Manfred Reyes Villa. Bancadas parlamentarias que tranquilamente sobrepasan los dos tercios, con los cuales a estas alturas de su gobierno ya podía haber aprobado leyes estructurales que permitan cambiar los modelos político económico del Estado “tranca” Plurinacional dejado por el MAS en estos últimos veinte años.
Pero tampoco el político empresario Doria Medina, debe considerar como una especie de jaque mate su salida del gobierno nacional. Al parecer se va solo porque una mayoría de los parlamentarios del Bloque de Unidad, decidieron no seguir sus pasos y seguirán apoyando al gobierno nacional de Rodrigo Paz en las leyes que estén a favor del desarrollo del país. Sin duda que eso es un revés político para el jefe nacional de UN. Lo cual también da a entender que su propio liderazgo político al interior de su partido y bancada legislativa, está en duda. Por ética y moral, sus hombres de confianza que fungen como ministros, viceministros y directores al interior del Órgano Ejecutivo, deben renunciar.
Más allá de afectar o no a la administración de Rodrigo Paz, Samuel Doria Medina una vez más demuestra que no le interesa la gobernabilidad política en el país. Como dando a entender que vuelvan los ex masistas corruptos destructores de la democracia al poder a partir del 2030. Ya en 2019 en las elecciones nacionales anuladas de ese entonces, también se alejó de su acompañante Jeanine Añez de la candidatura a vicepresidente. Poniendo en entredicho, su lealtad y perseverancia hacia los acuerdos políticos que llega a establecer.
Este desliz “sin querer…queriendo” del empresario político, Doria Medina, también llega sacar a la luz pública que las estructuras político partidarias hacia la conformación de alianzas, carecen de total seriedad. Demostrando que prima la improvisación de los acuerdos políticos partidarios, sin pensar en que se debe desmontar cuanto antes las estructuras corruptas del desprestigiado Estado Plurinacional y que aún siguen anquilosadas en las instituciones del aparato gubernamental.
Con todo lo indicado, también es hora que el presidente Paz Pereira, haga cambios estructurales al interior de su gabinete de ministros. Porque los que lo acompañan actualmente, prácticamente no hicieron nada por el bien de su gestión gubernamental a nivel político, más bien todo lo contrario. A tal punto de dejarlo solo en momentos difíciles como por ejemplo en los más de 50 días de bloqueos y marchas que afectó al país y en especial a La Paz entre mayo y junio pasados.