2026-08-03

La Tribuna

Reestructuración y resurrección

Es imperdonable que en la última década las divisiones inferiores hayan sido literalmente olvidadas, dejando varias generaciones de jóvenes cochabambinos con la idea de que en Wilstermann no hay manera de hacer carrera deportiva.

Si en Cochabamba hay algo más venerado y tradicional que su gastronomía, es sin duda alguna su club de fútbol. Esa entidad deportiva que en los últimos 77 años ha sido estandarte de los cochabambinos dentro del balompié boliviano y sudamericano.

El Club Deportivo Jorge Wilstermann que a lo largo de su historia ha sabido llevar en innumerables ocasiones al mismo cielo a su nutrida fanaticada, en el último quinquenio ha vivido una suerte de penumbra constante, bailando una peligrosa balada de agonía que parecía ser el preludio de una muerte institucional sin remedio.

Durante el año 2025 el panorama para el ‘Aviador’ fue absolutamente oscuro desde el inicio, en plena época de transferencias cuando el equipo cochabambino iba armando la nueva plantilla, donde incluso habían nuevos jugadores entrenando en el campamento, llegó el mazazo fatal. La FIFA notificaba a los rojos con una durísima sanción que impedía la inscripción de nuevos jugadores por el lapso de al menos dos periodos. Un castigo que caía en el peor momento, pues la gran mayoría de elementos experimentados habían concluido su contrato y otros tomaron nuevos caminos para continuar su carrera en otros equipos.

Wilstermann debió afrontar la temporada 2025 con un plantel compuesto en su gran mayoría por muchachos que claramente no tenían la madurez necesaria como para cumplir un papel mínimamente aceptable en primera división, por lo que el descenso era inminente y la banca rota azotaba con tal fuerza que la palabra desaparición se hacía ineludible.

En medio de aquella tormenta apareció una pequeña luz al final del camino, pues el histórico antagonista del ‘Rojo’ recibió una sanción por suplantación de identidad, pero alguna triquiñuela jurídica fue suficiente para que Aurora y su ilustre directiva sean exonerados por el escandaloso caso Montaño. Independientemente de aquella manipulación de justicia, quedó claro que es imposible tratar sobrescribir en las hojas del destino, Wilstermann cosechaba los frutos de una pésima administración deportiva y se consumaba la pérdida de categoría.

Las puertas del purgatorio estaban abiertas de par en par, el pueblo aviador resignado a sucumbir donde incluso algún distraído insolente vaticinaba nuevos nombres para la refundación y el calendario que no daba tregua. Fue entonces que, en una de las últimas pataletas, la noche del 22 de octubre, la masa societaria tuvo una asamblea extraordinaria para analizar una propuesta final de salvataje. Un grupo de loquitos, wilstermanistas recalcitrantes y con muy buen bolsillo, hicieron posible lo imposible.

Wilstermann 360 S.A al mando de la familia Campero, Jorge Ferrufino y Marcelo Bergese, administran el club desde noviembre del cruento 2025 y por los próximos 25 años en un proyecto por demás ambicioso.

A pesar de jugar Wilstermann en segunda división desde el inicio de 2026, la S.A le ha dado bríos de seriedad a una institución que en los últimos años había sido ahogada en improvisación y amateurismo desde sus paupérrimas directivas. Una gestión con muchos más matices empresariales que deportivos le ha permitido a la nueva compañía administradora del club, alcanzar el primer gran hito que se había propuesto. Desde la mañana del 30 de julio del 2026 Wilstermann, luego de 535 días amordazado en el sistema Comet, tiene vía libre para inscribir nuevos jugadores.

Jorge Ferrufino, una de las caras más visibles de la S.A, dejó claro que este gran logro es solo el principio de lo que tiene proyectado, y cuánta razón tiene porque si bien la posibilidad de habilitar jugadores para el cuadro ‘Rojo’ llega como una inmensa ingesta de agua en el desierto, la institución pide a gritos una profunda refacción en prácticamente todas sus áreas.

Es imperdonable que en la última década las divisiones inferiores hayan sido literalmente olvidadas, dejando varias generaciones de jóvenes cochabambinos con la idea de que en Wilstermann no hay manera de hacer carrera deportiva.

Los campos deportivos y la infraestructura del club constituyen la maquinaria básica para la producción de futbolistas en una industria que cada día es económicamente más fructífera, mas sin producción no hay producto qué vender. Por eso es tan importante invertir, a mano suelta si es posible, paralelamente en lo poco o mucho que se tenga de territorio y en las categorías formativas.

El manejo de una institución que mucho tiene que ver con sociedad, economía y cultura en una ciudad como Cochabamba, exige una administración seria, responsable y audaz. Wilstermann 360 S.A por ahora va por esa línea y la inmensa comunidad aviadora puede dormir un poco mejor, pero también tiene la total responsabilidad de ser partícipe de la remontada.                    

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