2026-09-13

Yañee

Cada vez necesitamos de un mejor periodismo

En democracia el periodismo tiene tres grandes retos: informar, pero que esa información esté revestida de ética, de compromiso y de responsabilidad, no de una militancia sectaria o político.

La política se siente en las venas. Se transpira democracia. Se lucha por la democracia. Se grita democracia como el espacio al que hemos apostado desde el 10 de octubre de 1982 y que debe seguir su camino a pesar de los tantos problemas que hoy atraviesa el país y el poder, de por medio escuchándose tambores de guerra rumbo al peligroso mes de octubre.

En los hogares, en las calles, en las oficinas, en reuniones sociales es casi obligatoria la charla sobre el acontecer regional y nacional, amplificada por el uso de la libre expresión en las redes sociales, que se han constituido en aliados del ciudadano: las filas de los combustibles, los bloqueos, las pugnas de los políticos, los errores del gobierno, las autonomías, los tik tok del alcalde Saavedra, las denuncias de corrupción de alto calibre, las contradicciones de los diputados y senadores, los asesinatos del narcotráfico, el caso Beller-Cerimedo, siendo éste uno de los que mas ha tenido cobertura periodística y constituido en el centro de las opiniones, memes, chismes, teorías conspiratorias de la gente y de los periodistas, que han encontrado en este hecho una fuente para ir elucubrando cientos de narrativas.

La democracia se ha afincado hasta el último rincón de nuestro país y los ciudadanos la han asumido como medio de vida, de protesta y de participación política. Es que esto es vital para todos, ya que “si los ciudadanos dicen: ¿Y a mí qué me importa?, se acabó la democracia”, nos advirtió el filósofo francés, Rousseau.

A los bolivianos nos importa la democracia, porque hemos peleado por este sistema y no podemos permitir boicot y que se rompa con el sistema democrático, tal como ya vienen anunciando sectores radicales y profetas del caos y de las violencias, bajo el argumento de los tantos errores y delitos que estarían cometiendo el gobierno de Rodrigo Paz, siendo el más escandaloso las denuncias contra el asesor argentino, que se constituyó en el hombre poderoso al interior del gobierno y el que definía cargos y pegas en varias entidades del Estado, según circulan audios comprometedores dados a conocer por el Vicepresidente y la víctima del atentado, Nadia Beller.

Precisamente en medio de toda esta maraña de realidades, de hechos y de personajes están siempre presente los medios de prensa y l os programas periodísticos de las redes sociales. Poderosos, omnipotentes, el gran hermano que todo lo ve, que todo lo informa, que todo lo manipula. Orwel en su premonitoria novela “1984” lo advirtió: “Tenía usted que vivir-y en esto el hábito se convertía en el instinto- con la seguridad de que cualquier sonido emitido por usted sería registrado y escuchado por alguien y que, excepto en la oscuridad, todos sus movimientos serían observados”.

Claro ahí están los periodistas, el ciudadano con el celular en mano, las redes sociales cual voraces Gargantúa y Pentagruel listos ante cualquier movimiento y discursos para ser devorados, filmados, registrados, difundidos y amplificados: desde el hombre desnudo siendo perseguido por una mujer hasta la borrachera del diputado Rafael López, que no disimuló su estado en una entrevista en vivo y directo.

En fin, no hay fronteras de ninguna naturaleza para la información, que va de la mano de las tecnologías y de los sentimientos de la gente. La prensa y las redes sociales son cada vez más influyentes y están teniendo cada vez un poder decisorio y determinante en la vida de las personas, de las comunidades, del poder.

 

En estos procesos de alta intensidad política, social, policial, le toca al periodismo ser escenario del debate de ideas, de las propuestas y no ser simples cajas de resonancia de los insultos, difamaciones, chismes, e intrigas y  no convertirse en los inquisidores y los dueños de la verdad, que no la tienen.

“La realidad es que los discursos de los medios, situados en su contexto y utilizados de una forma adecuada, poseen una fuerza muy importante y consiguen los resultados que todo el mundo conoce”, señalan las profesoras españolas Santamaría y Casal. Precisamente, los programas periodísticos en las redes sociales han logrado sembrar la duda y la sospecha en el caso Beller-Cerimedo, porque han recurrido a la construcción de una serie de narrativas, que van desde un lío de parejas, pasando por la descalificación de la víctima hasta llegar a una teoría conspirativa a nivel internacional.

El periodismo tiene una enorme responsabilidad en este mar de confusiones y de tinieblas, que sin duda, varios espacios periodísticos han venido cumpliendo con su misión y su compromiso con la verdad, con la ética, con la enorme importancia y necesidad de consolidar el oficio periodístico para fortalecer la democracia y estar al servicio del ciudadano, no del poder.

En democracia el periodismo tiene tres grandes retos: informar, pero que esa información esté revestida de ética, de compromiso y de responsabilidad, no de una militancia sectaria o político. Militancia por la verdad, la justicia, por la democracia, por los derechos humanos. Fiscalizar, no ceder un solo milímetro al poder en su labor de denunciar y exigir justicia para los corruptos, los violadores, manteniendo una relación tensa con los espacios del poder, no convivir con ellos, es decir, los gobernantes nacionales y departamentales. La prensa es enemiga de la corrupción, de la negligencia, de los abusos del poder, de la intolerancia. Periodistas y gobernantes no pueden convivir, deben marcar distancias.

Y ser escenarios del debate, de las ideas, del diálogo, no ser instrumentos de las confrontaciones y de la manipulación de los hechos y de las noticias.

El periodista es un ciudadano comprometido con su tiempo, su región y su país.

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360.
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