La Tribuna
Entre la duda y la fe: los cimientos todavía se mueven
El arranque de un nuevo camino siempre genera ilusión, pero el partido contra Paraguay dejó más preguntas que certezas. No se trata de alarmar por alarmar, sino de mirar con lupa el funcionamiento de una Selección Boliviana que, a estas alturas, debería dar pasos sobre piso firme y no seguir dando la sensación de estar apenas armando los cimientos.
El cambio de sistema propuesto por Óscar Villegas dejó en evidencia una falta de equilibrio y coherencia. Apostar por una línea de tres en el fondo requiere precisión de relojero y un conocimiento quirúrgico de los intérpretes. Si vas a jugar con un líbero, necesitas velocidad para hacer la cobertura de los stoppers; Luis Haquín, lejos de su mejor ritmo, sufrió todo el partido. A su lado, Efraín Morales lució confundido, sin saber cuándo salir a cubrir al volante lateral y cuándo sostener la cueva. ¿El resultado? Espacios servidos en bandeja que Paraguay no perdonó para marcar los dos goles.
Las contradicciones también aparecieron en la lista de nombres. Cuesta entender la presencia de Óscar López, un jugador con minutos frescos en la primera división de España que se quedó mirando todo el partido desde el banco. En su lugar jugó Gabriel Villamil, falto de ritmo futbolístico por su poca continuidad en Liga de Quito. Y en el fútbol no hay magia: la inactividad pasa factura en la cancha.
Arriba, la historia no fue distinta. Bolivia sigue sin encontrar gol ni presencia en el área rival. Probar con Fernando Nava y Miguel Terceros sin un '9' de referencia terminó alejándolos del peligro; ambos hicieron lo que mejor saben hacer —desbordar y buscar la diagonal—, pero a kilómetros del arco contrario. Tampoco se generaron los espacios para el remate de media distancia. Solo cuando Paraguay apretó el freno y rotó a su gente aparecieron algunas chances para descontar, maquillando una estadística que no refleja lo que realmente pasó en el campo.
Nos dijeron que esta Eliminatoria era "la elegida" y que el Mundial es el objetivo real. Por eso preocupa ver a un equipo sin una identidad definida. ¿Nos alcanza con la ventaja de la altura? ¿Tenemos hoy un equipo realmente competitivo o llegaremos a tenerlo a tiempo?
Tras este trago amargo, queda guardar reserva y mantener el ceño fruncido de la preocupación. Habrá que conceder el beneficio de la duda y volver a evaluar la balanza después de medirnos ante Argentina y Gambia. Mientras tanto, el análisis frío se cruza con el corazón: porque más allá de los errores tácticos, el hincha siempre mantendrá intacta la esperanza de ver a la Rojo, Amarillo y Verde competir en lo más alto.