lunes 2 de noviembre de 2026

La Tribuna

Llegar primero no basta

Ser el primero da prensa; capacitarse, comunicar con claridad y sostener la estructura da credibilidad. Esa es la brecha que debemos cerrar cada fin de semana en el campo de juego.

Bolivia tomó la delantera mundial con las conferencias de prensa de los árbitros después del partido; tiempo después, España avanzó en la exposición pública de sus jueces. Valoro la iniciativa de nuestro fútbol, pero no nos confundamos: novedad no es sinónimo de avance. Abrir un micrófono acerca el juego a la gente, sí, pero destruye más de lo que aclara si el encargado de hablar no recibe herramientas previas, como es la preparación y entrenamiento previo.

Hagamos una precisión y diferenciación. Para los anuncios arbitrales en la cancha, tras una revisión VAR, existió preparación previa —talleres, simulaciones y prácticas reales— y desconocerlo sería deshonesto. El problema de fondo aparece en las conferencias de prensa; su implementación intempestiva provocó el rechazo inmediato de la Asociación Boliviana de Árbitros de Fútbol (ABAF), pero no por un rechazo a la medida, sino a la falta de preparación previa, situación que, si tuvieron los árbitros españoles, quienes antes de comparecer ante la entrevista de la transmisión oficial, recibieron talleres de comunicación y oratoria, la pata coja en el arbitraje boliviano.

Queremos escuchar a los jueces. Pero, sobre todo, queremos entenderlos. De nada sirve ponerlos frente a las cámaras a recitar incisos del reglamento para luego retirarse en silencio. El árbitro debe aprender a estructurar su discurso, bajar el lenguaje técnico a tierra, asimilar repreguntas y mantener la templanza bajo presión. La rueda de prensa cobra sentido si el hincha comprende qué se cobró, qué estipula la norma y por qué se resolvió así. Su utilidad radica en la docencia, jamás en el mero cumplimiento formal.

Por eso miro la experiencia española: comunicar exige planificar y entrenar. Bolivia ya demostró que sabe encarar proyectos serios cuando se lo propone. La beca Árbitro PRO es el ejemplo perfecto. Ese programa reunió a 50 jóvenes colegiados para capacitarlos en Chile mediante una alianza entre federaciones, con respaldo de la Comisión de Árbitros de la Asociación Nacional del Fútbol Profesional (ANFP) y el Instituto Nacional del Fútbol (INAF), ambos de Chile. La iniciativa combinó teoría, práctica de campo y tecnología con certificación VAR para acelerar su llegada al profesionalismo. La lección es potente: primero se invierte en las personas; después se exigen resultados.

Ocurre algo similar con la publicación del ranking arbitral en 2024. Mostrar la posición evaluativa de los colegiados, una oportunidad valiosa para transparentar los criterios de evaluación y relacionar las designaciones con el rendimiento semanal. Sin embargo, publicar posiciones es apenas el comienzo. Necesitamos criterios legibles, revisiones periódicas y coherencia entre el escalafón y las oportunidades en cancha. Sin constancia, la transparencia no genera confianza.

Tampoco ignoro la audacia del país al adelantarse al resto del mundo aplicando las enmiendas a las Reglas de Juego 2025/26 y 2026/27, ni detalles prácticos como incorporar imanes en la indumentaria para agilizar el uso de las tarjetas. Son decisiones de diferente alcance, pero reflejan un afán de innovación que merece reconocimiento.

Mi nivel de exigencia nace de ahí. Quien tiene la capacidad de liderar los cambios debe formar a quienes los ejecutan y explicar la dirección a quienes miran desde afuera. Las ruedas de prensa no pueden ser un paredón tras un partido accidentado ni un acto de compromiso vacío. Tienen que ser una herramienta pedagógica, con protocolo firme y respaldo institucional real.

Me alegra ver un arbitraje boliviano proactivo. Sin embargo, el liderazgo verdadero no termina en el titular del anuncio: se demuestra en la solidez del trabajo, en la rigurosidad con que se mide y en la capacidad de sostener las reformas. Ser el primero da prensa; capacitarse, comunicar con claridad y sostener la estructura da credibilidad. Esa es la brecha que debemos cerrar cada fin de semana en el campo de juego.