La Tribuna

Cuando el silbato pesa más que el fútbol

En la recta final del campeonato, cada decisión puede cambiar el destino de un club. La pregunta es cuánto está dispuesto a hacer el fútbol boliviano para recuperar la confianza.

Hay momentos en los que el fútbol debería hablar por sí solo. Cuando un campeonato entra en su recta final, los protagonistas tendrían que ser los equipos, los jugadores y los hinchas que mantienen viva la ilusión de conquistar un título o alcanzar una clasificación internacional.

Sin embargo, en el fútbol boliviano, el arbitraje vuelve a ocupar un espacio que no le corresponde.

Las polémicas se prolongan después del pitazo final, los clubes presentan reclamos y el VAR, concebido para reducir los errores determinantes, también queda bajo cuestionamiento. Mientras unos celebran y otros protestan, la credibilidad de la competencia se pone a prueba.

La controversia del partido entre Bolívar y Nacional Potosí, en octubre, volvió a instalar el debate. Un penal sancionado en los minutos finales provocó el reclamo formal de la Academia paceña ante la Federación Boliviana de Fútbol.

Pero sería demasiado sencillo reducir el problema a una jugada o a un árbitro. El arbitraje boliviano necesita soluciones estructurales, no solamente respuestas después de cada polémica.

EL VAR NO ELIMINA LA RESPONSABILIDAD

Equivocarse es parte de la condición humana. Ningún árbitro puede garantizar una actuación perfecta durante los 90 minutos. Precisamente por eso existe el VAR: para ayudar a corregir errores manifiestos en situaciones que pueden cambiar un partido.

Sin embargo, la tecnología no sustituye el criterio arbitral ni el conocimiento del reglamento.

Cuando las decisiones controvertidas se repiten, el problema deja de ser una simple interpretación reglamentaria y comienza a afectar la confianza de los protagonistas.

No es lo mismo cometer un error en las primeras jornadas que hacerlo cuando un equipo se juega el título, una clasificación internacional o su permanencia en la categoría.

En esta etapa, una decisión puede tener consecuencias deportivas y económicas para toda una institución.

Por eso, la transparencia debe ir más allá de escuchar explicaciones después de un partido. Se necesitan evaluaciones técnicas rigurosas, criterios uniformes y consecuencias proporcionales cuando se comprueban errores importantes.

El VAR debe ayudar a recuperar la confianza, no convertirse en otro motivo para perderla.

 

 

¿ÁRBITROS EXTRANJEROS O UNA SOLUCIÓN DE FONDO?

Ante las críticas, vuelve a plantearse la posibilidad de recurrir a árbitros extranjeros para los encuentros decisivos.

La alternativa puede reducir algunas suspicacias, pero también plantea una pregunta incómoda: ¿qué dice de nuestro fútbol que necesitemos jueces de otros países para afrontar los partidos de mayor trascendencia?

El intercambio internacional puede ser positivo. Sin embargo, no debería convertirse en una solución permanente.

Bolivia necesita árbitros nacionales preparados para dirigir encuentros de alta exigencia, con autoridad, personalidad y capacidad para soportar la presión de un estadio lleno.

Eso exige inversión en formación, actualización reglamentaria, preparación física, análisis de video y evaluaciones independientes. También requiere condiciones profesionales que permitan a los árbitros concentrarse en su trabajo.

Profesionalizar el arbitraje no significa únicamente exigir mejores resultados. Significa construir una carrera, identificar errores y corregirlos con planificación.

LA RESPONSABILIDAD ES DE TODOS

En la recta final del campeonato, cada designación será observada con atención. Por eso, la Federación Boliviana de Fútbol debe garantizar procedimientos claros y demostrar que las decisiones se evalúan con criterios técnicos, sin presiones ni favoritismos.

Los clubes también deben asumir su responsabilidad. Reclamar una decisión es legítimo, pero convertir cada resultado adverso en una acusación sin pruebas tampoco contribuye a mejorar el fútbol.

La crítica es necesaria, pero debe estar sustentada en argumentos. La justicia deportiva no puede construirse a partir del miedo ni de las presiones dirigenciales.

El arbitraje necesita independencia, transparencia y responsabilidad. Y los clubes merecen competir bajo las mismas reglas.

 

 

QUE EL FÚTBOL VUELVA A SER EL PROTAGONISTA

El arbitraje boliviano atraviesa una prueba importante. No basta con anunciar medidas de transparencia ni con sancionar a un árbitro después de una actuación cuestionada. Hay que identificar los errores, corregirlos y evitar que se repitan.

Los hinchas merecen disfrutar del fútbol sin terminar cada jornada preguntándose si una decisión arbitral alteró el resultado. Los clubes necesitan garantías y los árbitros, condiciones profesionales para desarrollar su trabajo.

Defender al arbitraje no significa justificar sus equivocaciones. Significa exigir que esté a la altura de la competencia que dirige.

Porque cuando el campeonato está por terminar, los errores ya no tienen tiempo para corregirse en la siguiente temporada. Sus consecuencias quedan escritas en la tabla de posiciones.

El arbitraje no puede ser el protagonista del campeonato. Su mayor éxito debería ser que, al terminar el partido, hablemos de fútbol y no de sus decisiones.

Porque cuando el silbato pesa más que el juego, pierde el club perjudicado y, sobre todo, pierde el fútbol boliviano.

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