La Tranquilidad de las Cosas Salvajes de Wendell Berry: una poética de la naturaleza y la familia como declaración política

Berry lleva la poesía de la naturaleza un paso más allá al recurrir a elementos humanos —como sus identidades políticas y sus relaciones familiares y parentales— para reubicar lo humano en lo no humano.

El poeta, ensayista y agricultor de Kentucky, Wendell Berry, falleció el 31 de agosto de 2026, dejando un amplio legado de obra literaria y crítica. Una de estas obras clave, La Tranquilidad de las Cosas Salvajes, publicada en 2018, será el centro de análisis de esta columna. Considerado junto a Mary Oliver, en el ámbito contemporáneo, y a Robert Frost y William Wordsworth en el canon posmoderno más clásico, como una de las voces centrales de la poética de la naturaleza, los poemas de Berry en esta colección llevan el acercamiento a la naturaleza un paso más allá. No solo convierten a la naturaleza y su contemplación en un elemento y personaje central de sus poemas, sino que además añaden una declaración política a este enfoque: una que pretende reubicar a los seres humanos en su espacio natural y en su coexistencia con la naturaleza y a la vez reubicar a la humanidad, y las características propias de su naturaleza, dentro de sus propios sistemas artificiales. Berry invita a una reconsideración de los sistemas políticos de la humanidad y a la necesidad de recentrar lo humano, la familia y la conexión entre las personas, así como nuestra conexión con la naturaleza, en el núcleo de dichos sistemas.

En poemas como "La bata azul", por ejemplo, lo natural y lo artificial se entrelazan a través de la conexión de cónyuges que envejecen juntos con una prenda de vestir como hilo conductor de cercanía y envejecimiento: "nos conocemos el uno al otro / como no lo hacíamos antes / pertenecemos a una historia / que los dos hicimos juntos / el corazón tiembla / al ver a la abuela, vieja amiga bajo la luz matutina / bellísima en su bata azul".

Berry invita explícitamente al lector a reescribir sus espacios políticos en torno no solo a la naturaleza, sino a un elemento central de lo humano: la familia. En "A un leñador siberiano", esta invitación es contundente. Partiendo de la contemplación de una fotografía, Berry conecta lo ajeno con su propia familia, con su propia relación con su hijo e hija. El poema es un canal a través del cual la naturaleza y lo extranjero se convierten en un medio para conectar con la familia y la relación parental entre un padre y sus hijos. El autor pinta una escena de identidad y pertenencia: "Estoy aquí en Kentucky, en el lugar que me he creado en el mundo. Me siento en mi pórtico sobre el río... En mi casa mi hija aprende la condición de mujer / de su madre. Mi hijo juega, pretendiendo ser el hombre que cree que soy. Soy la exhalación de esta tierra". Esta intimidad se extiende al leñador siberiano, extranjero, ajeno, pero cuya vida familiar plantea un reflejo de la propia: "Te recuestas tranquilo en tu casa cálida por la noche después de la cena, escuchando a tu hija tocar el acordeón". Berry luego invita a considerar la enemistad artificial: "¿Quién ha inventado nuestra enemistad? ¿Quién nos ha prescrito el odio mutuo? ¿Quién nos ha armado unos contra otros / con la muerte del mundo?" Y Produce un cierre colectivo a través de un retorno a la familia y la relación padre-hijos: "No hay gobierno tan digno como tu hijo que pesca contigo en silencio junto al estanque del bosque... No hay gloria nacional tan hermosa como mi hija que baila y canta y es el brillo de mi hogar".

En el "Juramento de lealtad" (Pledge of allegiance) la invitación a repensar y reescribir la relación entre los humanos y sus discursos e identidades políticas se cuestiona de manera más directa. Berry subvierte el juramento estadounidense, reescribiéndolo como un juramento a "las zonas de sacrificio nacional / por las que se alzan, vertederos de basura / y agujeros vacíos". Instando: "Evolucionemos por siempre hacia la conciencia / superior de la máquina / El carrete de nuestro destino impulsado por el motor / se desenrolla, nuestra historia ahora supera / al pensamiento, y el corazón es una herramienta palpitante".

En poemas como "Despierto por la noche", "Los gansos salvajes", "Ira contra las bestias" y "La rosa silvestre", Berry invita al lector a la aceptación y la resiliencia en torno a la naturaleza y sus fenómenos naturales. Escribe sobre pagar "la inquietud que debo / a la vida que nunca ha vivido", encontrando sanación en "la robustez y la gracia / de las cosas", aprendiendo "a quedarme quieto / uno con la tierra / nuevamente para dejar ir el mundo". En "Los gansos salvajes", después de la cosecha, la voz reza "no / por una tierra o un cielo nuevos, sino por estar / tranquilo de corazón, y con la mirada / clara. Lo que necesitamos está aquí".

Berry lleva la poesía de la naturaleza un paso más allá al recurrir a elementos humanos —como sus identidades políticas y sus relaciones familiares y parentales— para reubicar lo humano en lo no humano. Es un poeta que merece ser estudiado y leído, particularmente en esta época en la que lo no humano lo está invadiendo todo, incluidas nuestras relaciones de pareja y parentales.

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360.
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