domingo 12 de abril de 2026

Crítica - Fitaz 2024

El Príncipe: matar al padre

“‘Príncipe’ es una obra valiente, a la altura de un festival internacional”, escribe Liliana Carrillo V.
Una escena de la obra “El Príncipe”. Foto: Liliana Carrillo V.
Una escena de la obra “El Príncipe”. Foto: Liliana Carrillo V.
sábado 18 de mayo de 2024

Liliana Carrillo V., periodista

Un príncipe andino, sensible y herido debe ocupar el puesto de su padre; el rey ha sido asesinado y debe ser vengado. Pero el heredero no quiere y razones no le faltan. Sobre esta batalla interna, que en el fondo cuestiona las convenciones sociales sobre la masculinidad, gira el monólogo “Príncipe” que el elenco cochabambino El Masticadero presentó en el Fitaz. 

Enorme en el escenario del Municipal,  Ariel Hurtado baila tinku, canta hip hop, usa bastones y repliega todos los recursos para encarnar a un personaje preso en el “deber ser” que le ha sido impuesto. Lejano a los reyes de los dramas shakesperianos, que se caracterizan por su capacidad de acción asociada con la masculinidad del guerrero, este es un Príncipe dubitativo, conflictuado, confundido, humano al fin. “Los hombres duros han nacido para la guerra y yo no soy un hombre duro”, dice.  

Inspirado en “Hamlet” de William Shakespeare, el texto de Claudia Eid mira las “nuevas masculinidades” con ojos contemporáneos y habla de lo que los hombres no hablan: su sensibilidad, sus debilidades, sus sueños e imposiciones. Temas necesarios que en esta obra  han tenido que ser abordados por una mujer. ¿Cuándo ellos expondrán sus vulnerabilidades en primera persona?

El príncipe reniega  del rol que ha ejercido su padre y el padre de su padre. “Soy tu hije, aunque esa palabra no te gusta, como tampoco pensar que puedo llorar o besar a otro hombre”, dice el heredero al fantasma de su padre. Ese espectro es lo patriarcal, incrustado en la sociedad,  que le exige ser fuerte, ser duro, ser hombre de la manera convencional de ser hombre. ¿Para qué?

“Príncipe” es una obra valiente, a la altura de un festival internacional. El texto solvente se refuerza con un diseño sonoro preciso (de Óscar Kellemberguer) y la actuación de Ariel que demuestra su talla en el escenario. Es una obra que deja más preguntas que respuestas (¿cómo matar al padre -la convención social- que define el rol de género?¿cómo se relacionan los hombres con otros hombres?¿cuánta violencia se esconde en la posibilidad masculina de ser libres?¿Y ellas?). Eso hace el buen arte.

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