“A ver, señora, qué hace manejando”, “váyase a cocinar” o “vaya a su lugar… la cocina”. Estas son algunas de las frases que le gritaban a Nancy Sirpa, cuando empezó a trabajar como taxista. Su experiencia no es aislada, la viven casi todas las mujeres que, por mejorar sus ingresos, optan por trabajos que se cree “son solo de hombres”.
Para ayudar a romper estos estereotipos, en El Alto, la Central de Mujeres Productivas y Emprendedoras (Cemupe) ofrece cursos de electricidad, conducción y armado de letreros de neón. Apuesta a diversificar el campo laboral para apoyar la independencia económica de las mujeres y que “quedarse en la cocina” no sea una imposición.
“No hay equidad de género en la educación o el trabajo, no se acepta que las mujeres estamos presentes en todo tipo de oficios. Por eso damos capacitaciones en varios rubros, incluso en los que se creen son solo para hombres. Queremos diversificar las posibilidades de emprendimiento. La Línea Lila es una muestra”, dice a Visión 360 la ejecutiva de Cemupe, Julia Quispe.

La Línea Lila es un servicio de transporte independiente, emprendimiento estrella de Cemupe. Sueñan con implementar rutas fijas de transporte y un sindicato de choferes mujeres.
Cerca de la plaza La Paz, en la zona 16 de Julio de El Alto, las mujeres de la Línea Lila se preparan para una reunión. Todas llegan al mando de sus vehículos, algunas con sus hijos y otras con algún pasajero eventual. Llevan una mantilla lila a modo de uniforme.
“Empezar fue difícil. Una vez un chofer me gritó que me vaya a cocinar, que ese era mi lugar. Me asusté y me puse mal porque me dolió. Me estacioné y pensé que tal vez de verdad debía irme a la cocina, que mi lugar no estaba al volante. Pero también pensé en que salí a trabajar por mi hijo y que, igual que ellos, tenía derecho a trabajar”, cuenta Sirpa, conductora de la Línea Lila.
Desde 2020, Cemupe formó a casi 1.000 mujeres conductoras. Cada una, al momento de su inscripción, llenó una ficha con preguntas sobre su edad, estado civil, número de hijos, motivos para aprender a conducir y por qué no lo hicieron antes, entre muchas otras.
Los datos muestran un perfil de las mujeres que acuden a la central. Muchas tienen más de 35 años, tienen más de un hijo, son jefas de hogares monoparentales y necesitan emprender para generar o mejorar sus ingresos, a la par de seguir atendiendo a su familia.
“Antes trabajaba en una empresa, ingresaba a las 7.00 y salía a las 19.00 y no podía cuidar bien de mis niños, por eso decidí trabajar como transportista”, relata Carla Sánchez. Su motivo se repite en todas sus compañeras conductoras de la Línea Lila.
Tiene 28 años y dos niños pequeños. Aparenta menos edad, es delgada, no muy alta. Aunque su trato amable e impecable genera confianza, no siempre es suficiente para los pasajeros.
“No solo los hombres son difíciles. Las mujeres son más exigentes y dudan de tu capacidad. A veces hacen parar el taxi y cuando me ven, me dicen: No vi que eras mujer, no podrás cargar bultos, vas a tardar, no debes conocer”, cuenta y ríe.
Dice que su papá es chofer y de niña observaba cómo él se esforzaba, por eso optó por este oficio. “No es fácil, me levanto mucho más temprano y trabajo hasta más tarde, pero me da la posibilidad de manejar mi tiempo, cocinar, ayudar a mis hijos con las tareas y llevarlos a la escuela”, explica.
Sin duda, en Cemupe las clases de conducción son las más demandadas. Por cada curso que se abre, las postulantes sobrepasan el centenar.
Pero no es la única opción que va en crecimiento. Además de repostería o belleza integral, las mujeres buscan cursos de electricidad, barbería o elaboración de letreros de neón, para emprender un pequeño negocio.
“Sabemos que, en estos rubros, por así decirlo, de varones, se generan más y mejores ingresos. Por eso diversificar la capacitación ayuda a las mujeres a tener más posibilidades para tener un mejor trabajo. Lastimosamente, en este camino aún hay escollos, como el que, por la misma labor, el pago a las mujeres sea menor que el de los hombres”, explica Quispe.

Uno de estos oficios al que ahora optan es el de electricista. Por el momento, las clases son impartidas por profesores varones, pero ya hay alumnas graduadas que están ganando experiencia para ser las futuras maestras.
“Ya puedo hacer un cableado de una casa, crear circuitos de luces y arreglar artefactos. Para mí es un ingreso más”, cuenta tímida una de las alumnas.
Otras optan por la elaboración de letreros de neón, que en El Alto tienen gran demanda. Por la gran cantidad de negocios que se instalan en la joven urbe es una buena fuente de ingresos.
Las clases de barbería son otra opción que también parece tomar fuerza.
“En estos y todos los rubros que trabajamos, buscamos no solo dar la capacitación; tratamos de hacer un seguimiento al proceso de emprender y también apoyar con prevención y atención de violencia”, dice Quispe.
Si bien Cemupe forma centenares de conductoras, no todas son parte de la Asociación de Transportistas Línea Lila. El emprendimiento, que ya cumplió tres años, cuenta con 27 conductoras -con años de experiencia- que trabajan a llamado de los pasajeros.
Sus principales clientes son mujeres y niños, además de turistas y empleados de entidades financieras. No han lanzado una convocatoria pública para nuevas choferes, pero de a poco llegan más integrantes.
“Vi en TikTok que eran mujeres transportistas. Yo antes no trabajaba, pero ahora quiero ser parte de la línea”, dice una postulante en puertas de Cemupe.
En un fólder amarillo tiene todo listo; su fotocopia de carnet, su hoja de antecedentes, el croquis de su casa y su licencia de conducir. Y es que la premisa es brindar seguridad.

“Tenemos un número, los pasajeros llaman ahí y piden el servicio. Hacemos el contacto con la conductora asignada y ella nos reporta dónde está; desde que recoge al pasajero hasta que lo deja en su destino y ella misma regresa a casa”, explica Edviesa Espinoza, chofer con ocho años de experiencia y que ahora es parte de la Línea Lila.
Sus compañeras coinciden en que si bien ellas brindan seguridad a sus pasajeros, una de sus preocupaciones también es la de generar seguridad para ellas. Y es que, en El Alto, la inseguridad es cada vez mayor.
Para ellas, es primordial organizar a las mujeres que trabajan en el rubro. Sin embargo, hacerse un lugar dentro del transporte de El Alto no es fácil.
Cuando la Línea Lila empezó a consolidarse, Quispe y el resto de sus compañeras decidieron acudir a la Alcaldía. Querían saber cómo formalizar una ruta y convertirse en un servicio y sindicato femenino de transporte, que -además- sea reconocido por la municipalidad. La respuesta fue desalentadora.
Les dijeron que por ser mujeres siempre tendrán problemas de acoso y agresiones por parte de los transportistas hombres. Sin darles una solución, les sugirieron afilarse de forma individual en algún sindicato de varones para mimetizarse. Les dijeron que debían “trabajar como si fueran invisibles”.
“¿Por qué vamos a ser invisibles?, si tenemos las mismas necesidades y habilidades para trabajar”, reprocha Quispe.

Si bien hace pocos meses lograron que la Federación de Transporte Libre las reconozca dentro de su organización. Su meta es lograr organizarse -junto con otras mujeres- en un sindicato y luego en una federación.
“Organizarnos nos ayudará a velar por nuestros derechos y de alguna manera protegernos entre todas”, añade.
Para Sirpa, eso también ayudaría a hacer frente a los ataques machistas que, aunque son menos, aún están presentes.
“Hasta hoy te gritan que te vayas a la cocina o frases de tono sexual, como si las mujeres sólo sirviéramos para esas dos cosas. Tengo movilidad, sé manejar, por qué no puedo trabajar como ellos”, dice Sirpa.

Mery Yujra Pérez,
Chofer (10 años de labor)
“Aprendí mirando, porque antes en las escuelas no había tanta cabida. Mi motivación para trabajar con el auto fueron mis hijos, porque así podía mantenerlos y estar más pendiente de ellos. Desde que empecé hasta ahora hubo cambios, aunque no muchos. Todavía hay machismo, pero cada vez somos más las que estamos al volante”.

Edviesa Espinoza Espinoza,
Chofer (seis años de labor)
“Antes me dedicaba al comercio y a otros trabajos para mantener a mi hija, pero yo quería conducir. No sólo aprendí a conducir, también sé mecánica para mantener mi auto. Es más cómodo y mejoró mi calidad de vida, pero todo tiene un lado bueno y otro malo. Una de las cosas malas es la discriminación que vivimos de los varones”.

Esther Mendoza,
Comerciante
“Fui parte de las clases de conducción y aprendí a manejar, fue un sueño para mí. Lastimosamente, aunque aprobé el examen final, por temas económicos aún no pude sacar mi licencia. Tengo un pequeño negocio y quiero trasladar mi mercadería sin depender de un chofer y así podré aumentar mis ingresos y ayudar a mis hijos”.

Eva Pinto Quispe,
Transportista
“Cuando estás manejando te enfrentas a varias situaciones; en una de esas te plantas, peor si es en una pendiente; buscas auxilio, pero no siempre llega, tú tienes que salir de ahí, tienes que ser tu propio mecánico. Igual es en la vida, no puedes rendirte, tienes que darte modos para salir y seguir adelante”.