lunes 23 de febrero de 2026

Antropólogo, es un experto en las ñatitas

Milton Eyzaguirre, el investigador que hizo de la muerte su compañera

Desde hace 28 años, el comunicador y antropólogo paceño trabaja en el Museo Nacional de Etnografía y Folklore (Musef). Además de investigar las culturas originarias y proteger el patrimonio, es responsable de programar exposiciones.
El investigador muestra una exposición de fotografías de principios del siglo XX, obra del camarógrafo Damián Ayma Zepita. Foto: Visión 360
El investigador muestra una exposición de fotografías de principios del siglo XX, obra del camarógrafo Damián Ayma Zepita. Foto: Visión 360

Milton Eyzaguirre tenía  cinco años cuando se topó con la muerte por primera vez, al ver una ñatita. Ese evento le marcó tanto que se convirtió en su área de estudio, en la que sigue trabajando casi cinco décadas después, ya que “me persiguen las cabezas”.

Nacido en La Paz, el 22 de mayo de 1970, Eyzaguirre también es conocido como “el señor de las ñatitas”, ya que es uno de los mayores expertos en esta tradición andina. Tanto su tesis de maestría, como la de doctorado tienen que ver con este fenómeno y la relación con la muerte en los rituales de las culturas originarias de Bolivia. 

“Cuando tenía esa edad acompañé a mi mamá a visitar a una mujer en Vino Tinto, que supuestamente podía leer la suerte. En esa casa había una cabeza humana. Me impactó muchísimo”, recuerda el comunicador y antropólogo.

Ese evento fue un augurio de lo que vendría décadas después, cuando entró a trabajar en el área de investigación del Museo Nacional de Etnografía y Folklore (Musef). Allí, hace 28 años, encontró un montón de cabezas y restos humanos en los depósitos, y faltando información comenzó a sumergirse en ese estudio. Finalmente, por un trabajo del repositorio, acudió a observar el ritual de las ñatitas en el Cementerio General de La Paz, lo cual cimentó su camino.

El especialista estudió en el colegio San Ignacio y se graduó en 1987, promoción Pumas. Entró a la Universidad Católica Boliviana para seguir la carrera de Comunicación Social.

“Me interesaba mucho trabajar en elaborar información científica de forma adecuada para que llegue a la gente. No me atraía el periodismo o la publicidad”.

Cuando comenzó a trabajar presentó su hoja de vida al Musef. Fue aceptado y hace 28 años se sumó al departamento de comunicación institucional.  

Pero ya estando en el repositorio descubrió un marcado interés por la antropología, por indagar en qué hace que las culturas se formen y cómo las costumbres determinan muchos de los comportamientos de los pueblos originarios.

Así, en poco tiempo, pasó a trabajar con las colecciones del museo, mientras que paralelamente cursaba una maestría en Antropología en la Universidad Mayor de San Andrés.

Fue en esa etapa que dio con el depósito lleno de cabezas y restos momificados. Los había de diversos períodos y con varios de ellos no identificados, ya que muchas piezas llegaban al Musef de forma anónima.

“Una de ellas era una momia prehispánica. ¿Se ubica como en algunos orfanatos o casas de acogida se dejan a los bebés para que los reciban? Lo mismo pasó con ese cuerpo preservado: una noche alguien llamó a la puerta del museo y al contestar el portero, se encontró con tan macabro regalo”, recuerda Eyzaguirre.

Indagando en el pasado de las piezas, el investigador comenzó a profundizar en el mundo de los rituales andinos y su relación con la mortalidad. De hecho, eso le llevó a elaborar su tesis de maestría alrededor de las ñatitas y su papel en las culturas agrícolas andinas.

El trabajo resultante fue elogiado. Tanto que poco tiempo después de presentarlo, Eyzaguirre pudo revisarlo y postularlo a un concurso de investigaciones antropológicas.    

“No lo esperaba, pero gané. Lamentablemente no podía recibir el premio monetario, unos 3.000 dólares, ya que al ser un trabajador del Musef era funcionario público, y como el certamen era organizado por el Estado, tenía que renunciar para poder cobrar, algo que, obviamente, no hice”, cuenta.

Pero, el dinero era lo que menos le importaba. El investigador renunció al monto, pero pidió que el trabajo sea publicado. Los organizadores aceptaron y, de esta manera, su investigación llegó al público en general y fue reeditada en dos ocasiones.

Eyzaguirre en el patio central de la entrada del Musef, uno de los mayores repositorios de Bolivia.

Muerte, eterna compañera

Este trabajo también es la base de la tesis de doctorado que actualmente se encuentra realizando. No solo porque en su carrera descubrió más detalles de la tradición andina de las ñatitas, sino que comprendió que la muerte es la eterna compañera de los pueblos originarios.

“A diferencia de cómo el mundo occidental ve a la muerte, las naciones que ocupan el territorio boliviano la ven como lo que es: parte de la naturaleza y la vida”, dice.

Así, determinó que gran parte de los ritos que se desarrollan a lo largo del año responden al ciclo de la vida y la muerte. Desde las ofrendas a la Madre Tierra en agosto, hasta los bailes de Carnaval y las fogatas de San Juan, todos se relacionan con la vida y su ausencia.

“Esto se enfatiza aun más cuando tomas en cuenta el sincretismo con la fe cristiana y el seguimiento e importancia del ciclo agrícola. Tienes, por ejemplo, el Día de los Muertos y Todos Santos, en los cuales se recuerda a los seres queridos perdidos, que se realiza pocos días antes del día de las Ñatitas; la fiesta de las Illas en diciembre, preludio de Alasita y en la que las miniaturas representan deseos a conseguir; y, claro, el Carnaval que tiene una resurrección y entierro en su ciclo”.

Carrera        

Actualmente es el jefe de la Unidad de Extensión del Musef. Es uno de los responsables de planificar las actividades del centro cultural y organizar las exposiciones, todas basadas en investigaciones realizadas por él mismo y sus compañeros.

Preparar una muestra nunca es fácil ni rápido, particularmente en ese repositorio nacional. Los trabajadores tienen reuniones en las que se barajan distintas ideas. Una vez aprobadas comienza la investigación de campo, una parte esencial.

“Vamos a las comunidades, hacemos una exhaustiva revisión documental y de  hemeroteca. Recolectamos material y registramos la información en audio y video. En total, el trabajo de campo suele tomar entre dos y tres meses”, explica.

Ya procesada la información, comienza el trabajo de diseñar la muestra. Esta no solo requiere tener los datos obtenidos, sino que también debe ser atractiva para el visitante. “Es una combinación entre ciencia pura, arte y espectáculo”.

Esta parte requiere de varias discusiones entre el personal del Musef. Se dan ideas, especialmente para la presentación estética de la información recolectada. “De nada nos sirve tener los mejores datos si no podemos hacer que la población acceda a ellos”.

Eyzaguirre explica que para ello se hace uso de la museología y la museografía. La primera trabaja en procesar la información de tal manera que tenga importancia para el público. La segunda se enfoca en el cómo se mostrarán los datos.

“Tenemos que saber cómo traducir los términos académicos al lenguaje coloquial; de pasar la mayor cantidad de información posible, sin convertir la muestra en una disertación”.

Otra labor es la de trabajar en la organización de la Reunión Anual de Etnología, el evento académico más importante del país. La versión 2024 girará en torno al agua.

Pero su principal pasión y deber es investigar y educar al público, como lo demuestra el  proyecto Memorias Animadas, en el que, mediante dibujos animados, se cuentan los mitos creacionistas originarios.