lunes 6 de abril de 2026

Una economía con rostro femenino

De la industria a la gastronomía, las mujeres emprenden en Bolivia

10 emprendimientos liderados por mujeres van tomando espacios en diferentes rubros. Los suyos son solo una muestra de todo el trabajo realizado por ellas y que cada vez abarca mayores escenarios.
De la industria a la gastronomía, las mujeres emprenden en Bolivia.
De la industria a la gastronomía, las mujeres emprenden en Bolivia.
lunes 14 de octubre de 2024

Desde la industria y la agronomía hasta los servicios y los alimentos, las mujeres bolivianas, de todas las edades,  emprenden en todos los rubros, algunos -incluso- tradicionalmente  liderados por  hombres. Y es que en Bolivia, el emprendedurismo ya tiene rostro de mujer.

“Hay algo que no se puede negar, ser mujer es difícil y más aún si eres joven, pero también es cierto que pese a ello para nada es imposible”, sostiene Nardy Zuñagua, líder de Inplaz.

En esta edición hacemos un conteo de los 10 emprendimientos que han estado ganando espacio en diferentes rankings, incubadoras y programas de apoyo a los emprendedores. Si bien le presentamos un ramillete de una decena, son centenares los emprendimientos liderados por mujeres que avanzan de forma exitosa.

Rostro de mujer

De acuerdo con el Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (Cedla), en el país, el 95% de las empresas son micro, pequeña o mediana; de estas, el 70% es  liderada por mujeres.

En América Latina, la incorporación de las mujeres en actividades remuneradas se relaciona con cambios económicos, sociales y sobre todo culturales, como la reducción de las tasas de fecundidad y nuevas relaciones al interior de la familia. Así como la tendencia es ascendente en los mercados laborales también lo es en los índices del emprendimiento femenino y Bolivia no es la excepción.

Por ejemplo, por datos de la Cepal, se sabe que en el país, en 2023, el 71,8% de las mujeres participaban en el mercado laboral, una cifra muy por encima de la media regional. Sin embargo, aún son las principales actoras en las tareas de cuidado y el trabajo del hogar no remunerado, lo que hace que sea un factor para emprender.

Esto lo conoce de cerca Chocolates Ruah, un emprendimiento liderado por Susan Guerra. Junto con sus hijas empuja una empresa en la que trabajan solo mujeres. Su inquietud inicial  fue que muchas deben dejar de trabajar para cuidar a sus hijos y el hogar, lo que las pone en una posición de dependencia económica que las hace vulnerables.

Hoy, Guerra afirma que en su emprendimiento las mujeres tienen la oportunidad de ir a trabajar con sus hijos y a la vez generar ingresos.

Igual preocupación tiene InnovaPLAST, que ha generado una alianza con mujeres recicladoras, que en su mayoría son jefas de hogar. O con Warmi Empollerada que busca, a través de la identidad, empoderar a las mujeres que pasan por un momento difícil.

Pero también es parte de las mujeres la perseverancia ante cualquier adversidad, un rasgo muy bien reflejado en Rosario Apaza, una mujer que nació para emprender. Probó en varios rubros, desde la importación de mercadería hasta el diseño de ropa y la pastelería, un negocio exitoso  que hoy conocemos como Michelline.

Siempre cuidando

Pero las mujeres no solo cuidan a los hijos o el hogar, sino a la vida misma. Así lo reflejan sus iniciativas. Tenemos a la Granja Samiri, que cuida la Cañahua para su preservación y valorización o La Huerta, micromercados saludables, que a través de productos 100% naturales promueven una alimentación sana y sostenible.

No se queda atrás Meraki, helados ecológicos, que en alianza con productores de Sucre apuestan por un negocio que cuida el medioambiente y la producción de alimentos completamente orgánicos. Y, por qué no, los emprendimientos para mascotas como Petscan que apunta a la seguridad de los peluditos.

También están aquellos que cuidan tradiciones y linajes, como el de las hermanas Vilte Quiroga que, en un vino hecho por mujeres y para mujeres, preservan el sueño de sus padres y en su marca, el apellido familiar.

 

Nardy Zuñagua e Inplaz, un camino para aprender 

Para Nardy Zuñagua el emprendimiento corre en sus venas. Empezó a los 15 años, junto con su padre, en la  empresa PlastiZ. La mirada a futuro de ambos llevó a Nardy a liderar la empresa Inplaz, en 2018.

Con esta empresa se dedican a la industria de los empaques flexibles, un rubro hasta hace poco liderado solo por hombres. Crecer como emprendedora, en ese contexto, no fue sencillo.

“No siempre fue grato, primero por ser mujer y luego por ser joven. Sin embargo, hemos podido demostrar nuestras capacidades y habilidades, tanto para los negocios, como para el trabajo de producción, la dirección del equipo y la expansión”, relata Nardy.

Pero, los obstáculos sociales no son los únicos. También llegan los económicos. A ella le tocó sortear la  crisis de 2019, la pandemia, y ahora la escasez de dólares.

Nardy con los productos que Inplaz.   Foto: InPLAZ

 

“Pero algo que se debe aprender como emprendedor es que todo se afronta  en equipo y yo tengo uno muy bueno, que nos ayuda y motiva. Inplaz tiene muchas familias detrás que esperan que la empresa se mantenga en pie y crezca”.

Al ser mamá se ha dado cuenta de que el ser mujer tiene su propio poder.  A veces, por su pequeña niña, se le dificulta realizar ciertas actividades, pero el ser mamá le ha enseñado que una mujer siempre busca una solución para que todo fluya.

“Buscamos soluciones más óptimas; a veces salen bien y todo fluye, pero si no, aprendemos. Eso se aplica también al emprendimiento”, dice.

 

Helen,  de seguridad industrial a app de mascotas

Hace tres años Helen Mendiola fue mamá. Lo que no frena su instinto creador, sino que lo impulsa. Y es que desde hace años pasa su tiempo pensando en nuevas ideas para ponerlas en marcha, para emprender.

“Siempre admiré a Leonardo da Vinci; justamente, por ese talento para crear, quiero ser igual. De hecho, el segundo nombre de mi hijito es Leonardo”.

Estudió ingeniería comercial y también industrial, además de veterinaria. Estas carreras, en distintos tiempos, le dieron nuevas ideas.

Sin duda una de las principales es la empresa GES Integrado, un emprendimiento dedicado a la  seguridad industrial, laboral, medioambiente y control de calidad.

La joven no deja crear y emprender.    Foto: Helen Mendiola

 

Mientras este avanzaba, conoció un equipo con el que pusieron en marcha otro emprendimiento: Don Bizcocho.

Su propuesta ofrecía alternativas de panificación saludable, sin el uso de bromato y la priorización de cereales. Aunque el emprendimiento arrancó con muy buena aceptación, por diversos factores se detuvo.

“Luego se me dio la posibilidad de estudiar algo que siempre soñé, veterinaria”.

Su amor por los animales la llevó a pensar en tres emprendimientos para ellos: servicios veterinarios Garras, Gatuchu y Petscan.
Este último está incubando y se trata de un sistema de identificación de mascotas por medio de tatuajes y microchips.

 

Rosario Apaza, una emprendedora de vocación

“Un espíritu emprendedor”, así catalogan muchos a Rosario Apaza, quien desde muy joven proyectó todo tipo de iniciativas. Todas florecieron en sus manos.

Para ella nunca hubo peros para dedicarse a la peluquería y abrir un salón de belleza,  para convertirse en importadora de productos, empezar a diseñar chompas, abrir una tienda de ropa, entrar  en el rubro de los bienes inmuebles o abrir una astelería para convertirla en una de las cadenas más grandes de La Paz.

Apaza (derecha) es una de las emprendedoras importants de La Paz.   Foto: Michelline

 

Así es, Apaza lidera Michelline, una pastelería que abrió junto a su esposo en una tienda de Max Paredes y que hoy ya tiene 14 sucursales, en La Paz y El Alto.  Afirma que para emprender se debe perseverar, tener buena actitud y aprender.

 

Yesika, una warmi “empollerando” a otras 

Warmi Empollerada es uno de los emprendimientos más llamativos en el país, por su enfoque en el empoderamiento de la mujer, el turismo cultural y la revalorización de la identidad de la Chola Paceña. Es una red de apoyo en la que trabajan su autoestima, comparten sus proyectos y reciben capacitación para emprender.

Ajata cree firmemente en que la identidad es base del empoderamiento.  Foto: Warmi Empollerada

 

“Mi nombre es Jesika Ajata, fundadora de Warmi Empollerada. Soy una mujer boliviana que después de haber tenido un quiebre emocional fuerte descubrí la importancia del crecimiento personal. En aquel momento me hice una sesión fotográfica para regalársela a mi mamá y ahí comprendí la importancia de conectar con varias mujeres, y el impacto y fuerza que tiene la vestimenta de la Chola Paceña para empoderar”.

 

Senobia y Meraki, helados ecológicos con gran visión

Meraki es la primera heladería ecológica en   Bolivia, fundada por una mujer: Senobia Lázaro.   Su apellido no es una casualidad.

Cuenta que al emprender tuvo un momento en el que todo parecía engranar, pero fue cuando todo se cayó.

“Entonces solo queda reconstruirse, amarse, reinventarse, revivir”, afirma.

Senobia apostó un producto 100% ecológico.   Foto: Meraki

 

Cuando empezó no tenía ni ollas. Hoy trabaja con  una cadena productiva que incluye  a productores de frutos orgánicos  que ven en Meraki una oportunidad para crecer todos juntos.

 

Un emprendimiento a prueba de todo, La Huerta

Quien conoce los micromercados  La Huerta, de seguro conoce a Govinda  Rivera Terán, la fundadora del emprendimiento. A pulso de perseverancia mantiene su negocio en avance pese a los conflictos de 2019, la pandemia de 2020 y 2021,  y  a las eternas crisis que vive el país.

Es vegetariana de nacimiento, lo que la llevó a conocer y valorar a los alimentos locales como parte de una forma de vida sana. Con el tiempo también reconoció en ellos el potencial para emprender y, además, generar impacto social.

Fue así que después de meses de planear hasta el más mínimo detalle, en mayo del 2017, inauguró el primer micromercado especializado en productos naturales en Bolivia.

“Decidí dar un salto de fe y abrir mi emprendimiento”, dice Govinda al mirar atrás y ver cómo su primer micromarket, hoy, se ha convertido en una cadena con dos sucursales en La Paz y otras dos en Santa Cruz.

Pero llegar a este  punto no fue fácil, requirió perseverancia, trabajo duro y formación constante, porque un error puede costar mucho.

Govinda, fundadora del primer micromarket saludable.  Foto: La Huerta 

 

Rivera estudió en la Escuela de la Producción y la Competitividad, de la Universidad Católica Boliviana. En su tesis descubrió los errores y aciertos de los emprendedores y  cuando ingresó a trabajar aprendió las necesidades del mercado exterior y conoció las potencialidades del producto nacional.

“Emprender formalmente ha traído desafíos, alegrías y lágrimas, aciertos y desaciertos; pero cada paso ha valido la pena”, sostiene.

 

Chocolates Ruah, mujeres conquistando el mundo

Chocolates Ruah es un emprendimiento conformado 100% por mujeres. El equipo, liderado por Susana Guerra, trabaja con chocolates hechos  con productos naturales que ganan espacio en mercados internacionales.

Guerra, fundadora de Chocolates Ruah.   Foto: Chocolates Ruah

 

Guerra señala que su emprendimiento no solo   avanza a nivel empresarial.  Y es que uno de sus fines es el de apoyar a mujeres que tenían que abandonar el trabajo porque no tenían dónde dejar a sus hijos y, a falta de independencia económica, sufrían maltrato familiar. Ahora tienen un espacio donde empoderarse.

 

Vinos Vilte, un apellido preservado por ellas 

Dicen que el apellido de un padre se pierde en las hijas mujeres. Sin embargo, no es el caso de don Antonio Vilte. Su estirpe se preserva en una marca creada por sus cuatro hijas que -inspiradas en el vino artesanal que preparaba su madre, Ana Quiroga-, hoy tienen la primera bodega de vinos producidos solo por mujeres.

“Primero visualiza lo que quieres, sueña todos los días con ese momento y empieza a trabajar”, ese es el consejo que Claribel, una de las cuatro hermanas Vilte Quiroga, señala cada vez que le preguntan sobre cómo emprender.

Su sueño no es  individual, sino familiar. Su padre es viticultor y su madre, un ama de casa que, como era la tradición de su propia madre, llegó a producir de forma artesanal hasta 500 litros de vino patero, solo para venderlo entre los amigos. Ambos querían tener una bodega.

Las Vilte Quiroga  eligieron sus carreras  impulsadas por ese  sueño. Dos, Elia y Daniela, se hicieron enólogas;  Ana, agrónoma; y Claribel, la gerente de Vinos Vilte, ingeniera comercial.

Las hermanas Vilte Quiroga.     Foto: Vinos Vilte 

 

Juntas conformaron un equipo completo. Juntas decidieron emprender para crear una marca y tener su propia bodega.

Hoy, vinos Vilte son creadores del vino “Blend de Mujeres”, un vino tri-varietal de uvas Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah, creado bajo la premisa de ser el único 100% hecho por mujeres.

Y es que mientras que Ana cultivó las uvas, Elia y Daniela las convirtieron en vino y Claribel se encarga de poner el producto final a disposición de toda la clientela.

 

InnovaPLAST: ejemplo de emprender, crecer y cuidar

Cuando se habla de emprendimientos ecológicos, el nombre de María Cecilia Jáuregui Gamarra  es uno de los más conocidos. El suyo es uno de los ejemplos de crecer mientras se cuida.

Y es que cuando ella empezó el proyecto, InnovaPLAST, su mayor preocupación era emprender y a la vez ayudar al medioambiente.

Empezó a operar hace 10 años, en 2014. Su objetivo principal era el reciclado de plástico para producir materia prima para tuberías y bolsas.

María Cecilia Jáuregui Gamarra, fundadora de InnovaPLAST.   Foto: InnovaPLAST

 

De a poco comenzó a producir otro tipo de  empaques y embalajes. No se limitó a reciclar, sino a crear plásticos que se degradan, al fragmentarse en contacto con el oxígeno y el sol.

Fue galardonado por diferentes instancias  como uno de los mejores emprendimientos.

 

Granja Samiri, un sitio sagrado para la Cañahua

El nombre de Trigidia Jimenes ya recorre el mundo. Su fotografía se ha publicado en diferentes revistas de emprendedores, donde la califican como la agrónoma quechua que sacó a la cañahua del olvido.

Su emprendimiento, Granja Samiri, nació hace 20 años, cuando ella, su esposo y cuatro hijos decidieron migrar de la ciudad al campo. Con el cambio, nació el nombre de su empresa, que en quechua es para nombrar a los sitios sagrados.

Trigidia en sus sembradíos de cañahua.    Foto: Granja Samiri

 

Ha pasado mucho tiempo desde esa primera siembra. Ella vio el potencial de esta planta a pesar de sus desventajas. Hizo un plan de mejoramiento genético para promover la cañahua. Hoy, gracias a ese trabajo existen nuevas  variedades registradas y el grano es rentable.