lunes 23 de febrero de 2026

La Tribuna

El desafío de creer en un proceso

Bolivia no puede caer en la trampa de exigir resultados inmediatos a un equipo en construcción. La presión desmedida, el juicio feroz después de cada derrota y la impaciencia histórica han sido factores que han minado cualquier intento de evolución.
domingo 30 de marzo de 2025

Las eliminatorias Sudamericanas han sido, históricamente, un camino tortuoso para la selección boliviana. Entre ilusiones efímeras y realidades que golpean, la Verde ha transitado por décadas de altibajos sin encontrar una identidad clara. Sin embargo, en esta edición hay algo diferente en el aire. No es una revolución instantánea ni una promesa de clasificación inmediata, pero si un atisbo de renovación que, si se maneja con inteligencia y paciencia, puede ser el inicio de un proyecto a largo plazo.

El cambio es evidente. La inclusión de jóvenes con hambre de gloria, la apuesta por un estilo de juego más estructurado y la intención de competir en igualdad de condiciones han marcado una nueva dirección. La selección ya no es solo un equipo de veteranos cargado de frustración; hoye vemos a chicos que, con errores y aciertos, empiezan a escribir su propia historia. Pero, como todo proceso de transformación, este requiere tiempo, apoyo y una dosis de realismo.

Aquí es donde entra la prueba más difícil, no para los jugadores, sino para nosotros: hinchas, periodistas y analistas. Bolivia no puede caer en la trampa de exigir resultados inmediatos a un equipo en construcción. La presión desmedida, el juicio feroz después de cada derrota y la impaciencia histórica han sido factores que han minado cualquier intento de evolución. Si realmente queremos ver crecer esta generación, debemos cambiar el discurso, no solo eso, sino lo más importante dejar de destruir con palabras a aquellos que están poniendo todo de su parte para funcionar como una máquina perfecta, pero esto no es magia, es tiempo es apoyo y es paciencia.

Exigir compromiso, si. Exigir entrega, también. Pero entender que la consolidación no llega de la noche a la mañana es fundamental. En el fútbol, los proyectos serios requieren años, no partidos. Países como Ecuador y Venezuela son ejemplos claros de que, con planificación y fe en un proceso, los resultados llegan.

Bolivia tiene una oportunidad de oro para sentar bases sólidas. No será fácil, no estará exento de tropiezos, pero si hay algo que el fútbol nos ha enseñado, es que la paciencia y la convicción pueden transformar lo impensado en realidad.

No se trata solo de la selección en formación; se trata de una ilusión que puede renacer. Porque detrás de cada pase, de cada balón dividido, de cada minuto de juego, hay un país que sueña con volver a creer. Y quizás, esta vez, ¡valga la pena esperar un poco más para ver nuestro sueño Hecho realidad!