lunes 25 de mayo de 2026

Animales callejeros

Los vecinos y "los gatos de la esquina", una relación de amor y supervivencia

La comunidad colabora para alimentar a los animales, pese a las dificultades económicas.
Unos de los gatitos salió y se apostó en el muro esperando ayuda. FOTO: AMUN
Unos de los gatitos salió y se apostó en el muro esperando ayuda. FOTO: AMUN
lunes 05 de mayo de 2025

AMUN / LA PAZ

En la calle 1 de Villa Armonía, justo frente al centro de salud, no es raro escuchar maullidos al amanecer. Son los ecos de una historia de duelo, abandono y resiliencia que quedó atrapada entre las paredes de una casa cerrada.

Allí vivían Juana y Olga, dos hermanas humildes, solas, acompañadas únicamente por sus ocho gatos. Tras la muerte de ambas —primero la mayor, luego la menor en abril del año pasado— los felinos quedaron huérfanos, sin cuidados, vagando por las paredes, los basureros y las calles cercanas en busca de comida y refugio.

Eva Quispe, una vecina de rostro sereno y mirada firme, fue la primera en notar los maullidos desesperados que salían de la vivienda. “Salían por la pared, lloraban, se iban al basurero, venían a la fila a pedir comida”, recuerda.

Desde entonces, Eva y su amiga Rosa se turnaron para alimentarlos: Eva lo hacía de lunes a viernes y Rosa los fines de semana y feriados. Con lo poco que podían reunir, cocinaban sopitas con arroz, pollo, hígado o grasitas. Todo cocido, todo con cariño.

Solidaridad

“Les llevaba sopita con arroz, pollito, hígado cocido… lo que tuviera para que no pasen hambre”, cuenta Eva. Los gatos, acostumbrados ya a la presencia humana, acudían diariamente al llamado de sus salvadoras.

Pero la solidaridad tiene un límite cuando pesa sobre los bolsillos de mujeres que también cuidan a sus propios animales y a otros callejeros del barrio. La situación se volvió insostenible.

“Ya no podía más”, confiesa Eva. Fue entonces que, al ver a un canal de televisión grabando unas rajaduras en la calle, decidió aprovechar la oportunidad: “Les dije que los gatitos estaban abandonados, que por favor ayuden”.

Con ayuda de una rescatista voluntaria y una jaula, lograron capturar a cuatro gatos. Entre ellos estaba Blanquita, la que más lloraba y su cría. Hoy esos cuatro ya encontraron un hogar. Sin embargo, aún quedan seis —quizás siete— incluyendo una gata preñada que alguien arrojó por encima de la pared.

La situación empeoró cuando los propietarios del inmueble decidieron cerrar el acceso. “Ya no podemos entrar. Les devolvimos la llave y todo quedó cerrado”, lamenta Eva. Además, los gatos que aún quedan son ariscos, difíciles de atrapar. “No se dejan agarrar. Pero con jaula y comida, como hicimos antes, tal vez se pueda volver a intentar”.

Mientras hablaba, uno de los gatos asoma tímidamente la cabeza. Es un instante de alivio fugaz. “Pensé que ya le había pasado algo”, dice Rosa. Ellas no solo les daban alimento. Se hicieron amigas de Olga, la menor de las hermanas. “Nos preocupábamos por ella. Le llevábamos desayuno, le dábamos pancito para sus gatitos”, recuerda con ternura.

Doña Eva y su amiga Rosa que alimentaban a los gatitos. FOTO: Amun

 

Apoyo

Tras la muerte de las hermanas, ningún familiar se hizo cargo. “Tiene tías, pero no quieren gatos ni perros”, comentan. Los vecinos no intentaron desalojar a los animales, pero el riesgo está latente. Los gatos siguen saliendo al techo o vagan por la noche hacia el basurero. “Los perros los persiguen. A Blanquita casi la agarra uno. Se salvó por poco”, relata Rosa.

Pese a las dificultades, la comunidad no ha renunciado a su compromiso. Rosa, quien alimentaba a los animales los fines de semana y feriados, lo hace con plena conciencia: “El ser humano come cinco veces al día… Los animales también sienten hambre”.

Tiene tres gatos y cuatro perros en casa, todos rescatados. “Es todo un presupuesto”, admite, pero no deja de ayudarlos. Eva, por su parte, también cuida a perritos callejeros. Ambas reflejan un compromiso que va más allá de sus posibilidades económicas.

“Es muy triste verlos pasar hambre y que nadie haga algo”, dice Eva. “Ellos no pueden decir si tienen dolor, ni qué comida les hace daño. Solo podemos darles un poco de amor y algo de comida”.

La historia de estos gatos refleja una realidad extendida en muchas comunidades: la falta de atención a la protección animal. Sin embargo, también muestra que la esperanza persiste en gestos pequeños pero significativos.

En Villa Armonía, “los gatos de la esquina” siguen esperando. No maúllan solo por hambre. También reclaman memoria, afecto y una nueva oportunidad. La Alcaldía de La Paz gestiona el rescate de los animales.