viernes 27 de marzo de 2026

¿Un nuevo 21060?

La historia no se repite. Es necesario aprender de ella y reconocer los méritos de quienes la hicieron, precisamente porque los desafíos que enfrentamos son nuevos y distintos, y no hay recetas preparadas.
jueves 12 de junio de 2025

A medida que la crisis económica se va desatando vuelve a la memoria el Decreto Supremo 21060, que permitió vencer la hiperinflación a pesar de la debacle del mercado mundial del estaño, superando una crisis que se desenvolvió durante al menos cinco años. Con esa memoria también le han aparecido muchos progenitores que aseguran haber sido los verdaderos autores o, al menos, inspiradores de aquél singular decreto.

En un artículo anterior describí como se preparó ese decreto y quiénes fueron sus autores, resaltando el liderazgo de Gonzalo Sánchez de Lozada en la gestión del grupo de trabajo, y del Dr. Paz Estenssoro en las decisiones y finalmente en su gestión política. También recordé que a lo largo de toda la crisis y con mayor intensidad durante las elecciones de 1985, numerosos grupos trabajaron y formularon propuestas con la patriótica intención de aportar a la búsqueda de soluciones. Seguramente varios de los participantes del grupo que elaboró el 21060 los habían leído, estudiado y revisado, además de haber participado en eventos de discusión a distintos niveles. El tema de la crisis era central en 1985. El hecho de que abundaran debates y propuestas, y que algunas se parecieran más o menos a algunas de las que se plantearon en el Decreto, no puede menoscabar el mérito de quienes finalmente las formularon de una manera coherente y viable, y mucho menos de quienes tuvieron el coraje y la sagacidad para ponerlas en práctica.

El 21060 ha vuelto a la memoria porque estamos viviendo un momento de crisis económica y coyuntura electoral que parecen asemejarse a lo que vivía el país hace 40 años. Poco a poco, la crisis está ocupando también el centro del debate y, como es lógico, todos escudriñan las candidaturas a ver si en ellas puede encontrarse a quienes puedan enfrentarla con éxito.

No faltan quienes aseguran que el recetario es sencillo y conocido. Si la inflación la causa el déficit fiscal, pues hay que reducirlo. No habiendo posibilidades de aumentar los ingresos fiscales de manera inmediata, ya sea exportando más o cobrando más impuestos, no queda otra que reducir el gasto: disminuir la burocracia, cerrar empresas deficitarias, austeridad. Y atenuar impactos recurriendo a la cooperación o al endeudamiento. Y para eliminar el déficit comercial, equilibrar el tipo de cambio. Y listo.

Las diferencias aparecen cuando se trata de establecer prioridades y encontrar los mecanismos concretos para hacer lo necesario: cuál gasto recortar, cuáles empresas y cómo, cuanto se necesita aumentar la deuda y cómo, y las diferencias empiezan a crecer y a distanciar a los candidatos. El acuerdo en el diagnóstico y la coincidencia en los objetivos se diluye cuando se trata de determinar los medios para alcanzarlos.

La clave del 21060 estuvo, justamente, en que sus autores determinaron los medios específicos para hacer viables los objetivos en un plazo relativamente corto. Por eso es necesario ubicarnos con claridad en el tiempo que vivimos.

En 1985 nuestra economía no solamente era más pequeña sino que producía su propio petróleo y abastecía su mercado de diesel y gasolina. Equiparar su precio al del mercado internacional eliminó el contrabando y aumentó los ingresos fiscales de inmediato, sacudiendo todo el sistema de precios relativos para que encontraran un nuevo equilibrio. La inflación no se detuvo en seco, como dicen por ahí los que creen en la magia, pero sí redujo s ritmo rápidamente. La situación actual es distinta: importamos cerca de la mitad de los carburantes y eliminar subsidios no aumentará ingresos aunque reducirá gastos, algo muy distinto a lo que sucedió en 1985.

Una segunda diferencia fundamental es que ahora tenemos una Constitución Política del Estado mucho más inflexible, reglamentaria e intervencionista que en 1985. Enfrentar la crisis será como nadar con los pies amarrados.

Finalmente, una tercera gran diferencia está en que por muy dictadura que fuera, la de los militares no había logrado eliminar a los partidos y sus líderes pudieron organizarlos rápidamente y sin tanto estorbo como ahora, y después de tres años de frustraciones con la UDP habían aprendido a dialogar y concertar. El sistema político hoy tiene características muy diferentes. Hay más siglas que partidos y en la mayoría de ellos prevalece el marketing político más que la experiencia o la cohesión de grupo.

Esas tres características sugieren que enfrentar la crisis hoy podría ser más difícil que en 1985. Incluso porque habría que añadir que las fuerzas del orden, que hace 40 años habían perdido totalmente credibilidad política, conservaban entonces el principio de autoridad y la capacidad de actuar en defensa de la ley. Desde el 2003 eso ha cambiado. La manera en que se han realizado ascensos y designaciones y el trato que han recibido los comandantes que actuaron en momentos de alta tensión y disturbios sociales, han erosionado las posibilidades de que las fuerzas armadas y policiales actúen de acuerdo a lo que estipula la Constitución y en obediencia a las autoridades democráticas.

La historia no se repite. Es necesario aprender de ella y reconocer los méritos de quienes la hicieron, precisamente porque los desafíos que enfrentamos son nuevos y distintos, y no hay recetas preparadas.

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360

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