lunes 23 de febrero de 2026

Historias

Cocinas de leña o solares, opciones para ahorrar en tiempos de crisis

En días en los que la provisión de combustible es un problema, los emprendimientos nacionales ofrecen dos opciones a la hora de preparar las comidas: cocinas y hornos solares o de leña. No solo cuestan menos que las de gas, sino que dan más sabor.
Preparar los alimentos con fuego de leña permite potenciar algunos sabores. Foto: Hornos Binay
Preparar los alimentos con fuego de leña permite potenciar algunos sabores. Foto: Hornos Binay

Bolivia atraviesa por una crisis de combustible. Los precios se disparan y, si bien el gas no fue tan afectado como la gasolina y el diésel,  hubo ocasiones en las que las garrafas faltaron. Por eso, y por el interés en alternativas culinarias, vuelven a estar de moda las cocinas de leña o las solares.

Estos equipos domésticos naturales presentan muchas ventajas, además de la reducción de gastos en combustible. No hay riesgo de fuga de gases, permiten realizar varias actividades mientras se espera la cocción; según algunos usuarios se mejora el sabor y otros.

Pero ¿con los cada vez más acelerados cambios tecnológicos, hay espacio y proveedores para estas tecnologías milenarias en Bolivia? Sí, y en las redes sociales se encuentran varios emprendimientos que trabajan en la fabricación de este tipo de hornos, tanto para espacios urbanos como rurales.

Ayuda a la comunidad

Las cocinas u hornos solares son equipos de fácil y económica construcción. Asimismo, son muy prácticos, portátiles y también ayudan a evitar los olores fuertes en los hogares.

Uno de sus grandes atractivos es que utilizan como combustible uno de los recursos que no escasean en Bolivia: la luz del sol. Esto hace que sean ideales para tenerlos en comunidades sin acceso a gas o electricidad.

De hecho, varias iniciativas organizaron campañas para ayudar y enseñar a las comunidades rurales a armar sus propios hornos solares.

Iniciativas como la del Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (Cipca) participaron en proyectos para ayudar a comunidades de todo el país. Tiene mucho sentido, ya que solo se necesitan madera, vidrio y un metal reflectante para crear estos hornos.  

Las cocinas solares son, básicamente, cajas cerradas  de madera, recubiertas de un material como papel estañado o planchas de metal que reflejan la luz. En la parte superior se levantan paneles del mismo material y la tapa es de vidrio.

Los alimentos se introducen en el receptáculo y el equipo se deja a la luz del sol. Alimentos como carnes de todo tipo, cereales y otros, pueden ser introducidos  crudos o tras un hervor. Después  de  algunas horas  todo está  listo, sin correr el riesgo de que se quemen, rebalsen o provoquen incendios en la cocina.

Este artefacto tiene otras ventajas pues, además de cocer los alimentos, funciona como caja térmica y deshidratador de frutas y verduras. Y a esto se añade que ocupa poco espacio y representa un ahorro, económicamente hablando.

Es ideal para áreas urbanas y rurales, donde decenas ya funcionan en varias comunidades gracias al impulso de iniciativas que han beneficiado a más de 9.500 familias y cerca de 50 mil personas.

“Ahora ya no tenemos miedo de quemar nada y que pase algún accidente;  podemos irnos tranquilas a lavar la ropa o hacer otras cosas”, manifestó una usuaria que trabajó con Cipca.

Como los alimentos se cuecen lentamente y no requieren de combustible y fuego, los usuarios de cocinas solares pueden dejar su comida preparándose mientras se dedican por completo a otras actividades.

Asimismo, no hay escape de gases, un riesgo común de las  cocinas tradicionales.

Es bastante efectiva en el Altiplano. Los rayos concentrados hacen que haya restaurantes que ofrecen platillos cocinados con este método.

Instituciones como Inti Illimani, una asociación sin fines de lucro, se dedican a brindar acceso a cocinas, cajas térmicas y deshidratadores solares a la población de áreas rurales y urbanas. Otra iniciativa es de Cocinas Solares de la Amazonia, que puede encontrarse en Facebook.

El costo de estos hornos varía de acuerdo con su tamaño y de si son elaborados por los interesados o comprados de los emprendimientos. En el primer caso, la pieza puede costar entre 300 y 800 bolivianos; las preparadas por las empresas están por los 850, para familias pequeñas, y más de dos mil para los productos más grandes.  

Pacumutu y pan tostado, preparados gracias a la fuerza del sol de la Amazonia boliviana. Foto:  Inti Illimani


  
Una tradición milenaria
La otra opción tiene una larga historia y en diferentes formatos continúa utilizándose en diferentes partes del país.

Los primeros hornos de los que se tiene conocimiento datan de  hace  más de cinco mil  años, concretamente de las culturas egipcias y babilónicas. En esencia consistían en una especie de tapa de adobe en forma de campana que, por primera vez, permitía que los alimentos se cocinaran tanto por arriba como por abajo.

En otras culturas de la Antigüedad se usaban hornos abiertos. Se  hacía un hueco o zanja que se forraba de piedras y luego se calentaban con fuego antes de colocar los alimentos, que se cubrían con vegetación.

Con el cambio de los tiempos fueron cambiando en diseño, llegando a las cocinas con horno metálicos, ya dentro de la casa, que fueron la norma por más de tres siglos. Ya con el auge de las cocinas de gas, estos equipos fueron quedando relegados a los lugares sin acceso a servicios o para comidas especiales, principalmente panadería y lechones.

Pero, en los  últimos años, las cocinas económicas de leña han resurgido como una opción atractiva para quienes buscan combinar tradición, eficiencia y sostenibilidad en sus hogares.

Estos equipos no solo permiten preparar alimentos con el inconfundible sabor que aporta la leña, sino que también ofrecen una fuente de calor eficiente y económica para el hogar.

Al igual que las solares, las modernas cocinas de leña están diseñadas para cumplir más de una función. No solo sirven para preparar los alimentos, sino también sirven como estufas. Algunos modelos incluso permiten calentar agua para radiadores, optimizando aun más su funcionalidad.

Su estructura, como lo muestran los anuncios en TikTok de las empresas nacionales Estufas Soleman, Walter Bolivia y Hornos Binay, está diseñada para maximizar el aprovechamiento del calor. Esto se  traduce en un menor consumo de combustible y, por ende, en ahorro en las facturas de energía. Además, la leña es una fuente de energía más económica en comparación con el gas o la electricidad.

Y quizá la mayor ventaja está en el sabor: cocinar con leña realza los sabores naturales de los alimentos, ofreciendo una experiencia culinaria única que evoca la cocina tradicional de antaño. En este punto se puede jugar, incluso, con el tipo de madera utilizada, la cual matiza aun más los sabores.

Sin embargo, también presentan algunas complicaciones.  Los emprendedores advierten que al encargar uno de  los equipos se debe tener en cuenta que viene con una chimenea incluida. Esta extensión permite la expulsión del humo de una forma eficiente. El descuido de esta parte integral podría ser dañino por la emisión de humo.

Es por eso que instalar uno de estos equipos en casa también implica realizar el trabajo de ubicación del escape a exterior.

También son piezas más caras que las solares. Las más pequeñas rondan, en Bolivia, los 1.500 bolivianos, sin contar con la instalación.