lunes 23 de febrero de 2026

Le cantó a La Paz

Lucía Cortez, la joven música que gana notoriedad por su calidad

El salto del jazz a la cumbia también cambió su vida y su forma de ver a la música más popular. Hoy, la agrupación con la que toca, Histeria, es muy buscada por la gente y para eventos de todo el país.
Su homenaje a La Paz, en la verbena, en el Parque Urbano Central. Foto: Facebook Lucía Cortez
Su homenaje a La Paz, en la verbena, en el Parque Urbano Central. Foto: Facebook Lucía Cortez
miércoles 23 de julio de 2025

Lucía Cortez, una joven música saxofonista, crece en el ámbito artístico con sus constantes muestras de talento, como el solo que tocó en la verbena paceña, vestida de cholita, que se viralizó en redes sociales.

Ella nació en Cochabamba y desde hace seis meses es parte de la banda Histeria con la que, asegura, su vida dio un giro completo y ahora se dedica a este proyecto al 100%.

Hace poco “descubrieron” su otro talento: el canto. Entre cientos de elogios y “algunas” críticas, ella afirma que espera mejorar aún más y aportar al proyecto musical del que ahora forma parte.

Dio una grata sorpresa en la verbena paceña, el pasado 15 de julio, cuando se presentó vestida de cholita; recitó un poema, tocó el saxofón y cantó el icónico tema de Wara: Collita.

"Cuando se me mete una idea no se me sale para nada; pero siempre he sido analítica, racional", afirma la artista.

Los videos de su presentación y su interpretación tuvieron muy buena respuesta y se viralizaron en las redes sociales, en las que recibió muchos comentarios positivos y de agradecimiento por el homenaje.

A través de diferentes publicaciones y entrevistas, Lucía habló de sus orígenes y de su trayectoria artística que, por lo que demuestra, aún no tocó techo.

De familia

La artista nació en una familia que le fomentó la música.

Le gustaba mucho cómo una de sus tías tocaba el piano y, por ello, era el instrumento que quería aprender a interpretar. Sus padres eran parte del coro de la iglesia y ella participó de estas ceremonias desde que tiene memoria; ahí empezó a cantar, contó en el programa QD Show.

Pero, cuando ingresó al colegio Laredo no pudo elegir piano, porque su padre le dijo que debía estudiar saxofón. “De niña tuve una relación amor-odio con el saxofón. En el Laredo te dan la oportunidad de elegir un instrumento; en mi idea estaba continuar con el piano, pero mi papá me dice que no, vas a tocar saxo”, contó.

Así tuvo que conocer al instrumento que ahora es parte de ella, “mi capa” como dice. Lo del canto llegó después, pese a que cantaba en la iglesia y de haber estudiado.

Un recuerdo de su paso en un concierto, cuando tocó el saxo. Foto: Lucía Cortez

En pocos años llegó una oportunidad. Alguien le dijo que, como tocaba saxo, tal vez podía acompañar a un grupo de jazz, que debía tocar para un concierto. Su padre la impulsó a aceptar la propuesta y fue de esa manera que llegó por primera vez a un escenario.

“Era otra cosa, con la gente que va a verte tocar. Entonces tenía más o menos 13 años. De ahí comenzó mi carrera en el jazz. Tocábamos en conciertos, pero también en boliches; mi papá me acompañaba a los shows porque no me dejaban entrar por mi edad, entonces él les explicaba que tenía que tocar”, contó Lucía.

Desde entonces, la compañía y apoyo de su familia fueron una base sólida para el despegue de su carrera como artista.

Según dijo, además de obtener el título de bachiller, Lucía egresó como técnico medio en instrumentos de viento, con especialidad saxofón, de su mismo colegio, lo que le permitió conseguir trabajo en el área que le apasionaba, mientras seguía relacionándose con artistas y agrupaciones, con los que tuvo la oportunidad de presentarse en diversos escenarios.

“Participaba en grupos que hacían tributos y toqué algo de cumbia. Por ejemplo, de Mon Laferte y tocaba jazz”, recordó.

Y a pesar de que pensó en optar por alguna profesión, todo en ella buscó la forma de encontrar una beca para estudiar música en otro país. “Mi corazoncito me llamaba para estudiar música, tenía planes para ir al exterior, pero te pedían idiomas. No se pudo y me quedé en Bolivia”, comentó Lucía.

La artista, en su participación con una banda, en el Carnaval de Oruro. Foto: Lucía Cortez

Confesó que, si bien participó y colaboró con algunas bandas de jazz, siempre tenía en mente hacer música clásica, por lo que entró a un programa en la Universidad Mayor de San Simón (UMSS).

“Paralelamente empecé a trabajar en colegios, incluso en la escuela de arte”. Le gustó enseñar y se animó a hacer un diplomado en diseño, producción y evaluación de materiales didácticos, y otro diplomado en educación superior. “Gracias a eso estaba postulando para ser docente en la UMSS”.

Su postulación tuvo buena recepción y la aceptaron, por lo que estaba emocionada y hasta incrédula de que “tan joven” ya pueda ingresar a la docencia. Pero no lo hizo, porque en su vida se cruzó la agrupación Histeria.

No fue fácil

Aquellas presentaciones en varias bandas permitieron a Lucía entablar amistad con diferentes artistas. Así conoció a Richard, tecladista de Histeria, quien sugirió su nombre cuando a la agrupación le hacía falta un integrante para que tocara la trompeta.

“Creí que iba a ser fácil, como he tocado de todo un poco... pero fue una audición terrible. La cumbia con sabor es difícil de tocar, si bien ves que hay sonidos conocidos, es un lenguaje distinto”, comentó la artista.

Desde el momento en que la contactaron, justo cuando daba clases en un colegio, Lucía vio que el participar en la agrupación Histeria implicaba muchas cosas, como el renunciar a su fuente de trabajo y cambiar su ritmo de vida por los viajes y horarios de presentación.

La joven músca, en una presentación. Foto: Lucía Cortez

Le dijeron que vaya a hacer una audición y encontró los nuevos desafíos, tanto para hallar el “sabor” de la cumbia, como el afrontar el prejuicio de muchos años, de que este ritmo no se podía llamar “música”.

“En vez de que la división sea binaria, un dos, un dos, en la cumbia con sabor se vuelve atresillado, como en el caporal; adquirir eso que le llaman el sabor, adquirir eso es difícil. No lo entendía, don Wilson (Morales)me enseñó; los chicos me tuvieron mucha paciencia, esa sazón era el problema”, confesó Lucía.

Tomó el trabajo por las riendas, dejó su trabajo y se dedicó a pleno a estudiar las canciones y el nuevo ritmo que debía domar junto a su saxo.

Aunque con nostalgia, recordó que tuvo que dejar a “sus niños” y no se arrepiente de su decisión. Es más, comenta que su padre solo le dijo que dependía de ella, que “siempre has tomado buenas decisiones”.

“Estoy dando todo a Histeria, mi disciplina y dando todo por el proyecto y agradeciendo por el cariño. En las mañanas daba clases en el Calvert y en las tardes en el Laredo, y ahí dirigía una banda sinfónica de nenes, y clases de saxo. Salió la oportunidad de Histeria y salí del Calvert. Pero te encariñas con los alumnos, muchísimo, tienes una relación, creas un lazo, que, si bien estás enseñando, ellos también te están enseñando”, dijo Lucía.

Agrega que trató de mantener su trabajo con el colegio Laredo, hasta donde pudo, pero el requerimiento continuo por las presentaciones del grupo terminó por romper esta relación.