martes 24 de febrero de 2026

El edificio se restauró y guarda más de 500 piezas

De hogar familiar a un centro cultural: un viaje al corazón de Marina Núñez del Prado

Conocer a la mejor escultora de Bolivia es el objetivo del renovado Centro Cultural Marina Núñez del Prado, que abrió sus puertas luego de 20 años.
Denominado Jardín de esculturas, con algunas de las piezas de mayor tamaño que conserva el centro cultural. FOTO: Jorge Soruco / Visión 360
Denominado Jardín de esculturas, con algunas de las piezas de mayor tamaño que conserva el centro cultural. FOTO: Jorge Soruco / Visión 360

Desde fuera, la centenaria casa de Sopocachi no se diferencia mucho de sus vecinas, hasta que el visitante repara en las esculturas de piedra que enmarcan su escalinata: la entrada no solo a una galería de arte, sino al corazón de la vida y obra de Marina Núñez del Prado, la maestra de la escultura en Bolivia.

Ahora, la antigua casa familiar de la artista reabrió sus puertas, convertida en el Centro Cultural Museo Marina Núñez del Prado (CCM-MNP), un nuevo espacio dependiente de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia (FCBCB). La construcción fue restaurada y ampliada para mostrar tanto las piezas creadas por Núñez y su hermana Nilda, como los objetos de su familia.

La antigua entrada a la casa, ubicada en la avenida Ecuador, detrás del túnel del Americano. FOTO: Jorge Soruco / Visión 360

 

“El objetivo no se limita solo a mostrar sus trabajos, sino conocer a la artista. Entender de dónde viene su pasión y por qué decidió emprender cada una de las etapas de su carrera”, explicó a Visión 360 la curadora y responsable del guion museográfico, Varinia Oros Rodríguez.

La casa perteneció a la familia Núñez del Prado desde finales del siglo XIX. Allí fue donde pasó sus años de infancia, aprendiendo a amar el arte, sentada junto a unos padres que tocaban instrumentos musicales y pirogrababan los muebles de madera.

Un regalo por el Bicentenario de Bolivia: la casa de Marina Núñez del Prado reabre sus puertas tras 20 años

Es, también la casa a la que regresaba cuando la escultora viajera visitaba su ciudad natal, donde acumuló tesoros artísticos y donde, tras su vejez y muerte, se resguardaban y exponían varios de sus trabajos.

Fotografía mural de la artista en sus últimos años. Se encuentra en el segundo nivel de la ampliación del espacio. FOTO: Jorge Soruco/Visión 360

Con el tiempo fue modificada según las necesidades de sus dueños. Pasó de casa familiar a un hogar que incluía uno de los talleres donde “la Marina” se dedicaba a dar forma a la piedra y el metal, siempre con un ojo puesto en el Illimani.

Sin embargo, hace unos 20 años los anteriores administradores del espacio no pudieron mantener abierta la casa museo. Por lo que a principios del siglo XXI, el espacio cerró sus puertas.

Lucha por la resurrección 
Durante las siguientes dos décadas hubo varios intentos, privados y estatales, para restaurar el espacio. No prosperaron por diferentes razones.

En 2019, la FCBCB adquirió el espacio y comenzó el proyecto para crear  al ahora denominado Centro Cultural Museo Marina Núñez del Prado. Los conflictos políticos de ese año y la pandemia del siguiente retrasaron el inicio del proyecto, que incluye no solo la refacción de la estructura original, sino su ampliación con un edificio con modernas instalaciones, adecuadas para exponer y cobijar las diferentes piezas.

Fotografía que retrata a las grandes amigas, Marina Núñez del Prado y Gabriela Mistral, ambas sentadas y acompañadas de sus parejas. FOTO: Jorge Soruco / Visión 360

 

Paralelamente a la construcción, comenzó la catalogación y elaboración de la museografía del espacio. Una tarea de suma importancia, ya que el patrimonio existente es muy amplio, más de 3.622 bienes culturales.

El guion prevé la exhibición de 512 piezas, entre las producidas por Núñez del Prado, las que coleccionó  a lo largo de su vida y las que fueron de su familia.

La RAE 2025 propone dialogar sobre la definición de “territorio” y cómo los humanos se relacionan con él

El resultado es un centro cultural con 13 salas de exposición: 12 permanentes y una destinada a muestras temporales. Asimismo, cuenta con una biblioteca y archivo, además de espacios para la realización de charlas, talleres y residencias artísticas.

Una de sus esculturas de basalto negro que representa a una mujer embarazada, parte del segundo nivel del espacio cultural. FOTO: Jorge Soruco / Visión 360

 

La estructura original de la casa se convierte en el punto de partida. Alrededor de un patio central, ahora techado y denominado Jardín de las Esculturas, se distribuyen varios espacios: la sala familiar, que alberga objetos de los padres y hermanos de la escultora, además de fotografías históricas en las que se aprecia su paso por la Academia de Bellas Artes y el set de filmación de la cinta Wara Wara; un espacio doble en el que se exhiben artesanías y arte originario que tanto Marina como su hermana coleccionaron a lo largo de sus vidas; y otra sala que reúne obras de artistas de la talla de Arturo Borda y Oswaldo Guayasamín.

El segundo nivel, denominado Semillero, recrea su taller personal y una sala que permite recorrer las distintas etapas de la obra de la escultora, desde su época musical a la abstracta. También está la biblioteca y archivo, con todos los documentos de la creadora y material para estudio e investigación.

Una pareja retratada en una escultura de bronce. FOTO: Jorge Spruco / Visión 360

 

Finalmente está Marina Eterna, el tercer nivel con la sala temporal y las místicas esculturas de madres cósmicas.

BIOGRAFÍA

Ͱ VIDA· Nació en La Paz, el 17 de octubre de 1910. Falleció en Lima, el 9 de septiembre de 1995.

Ͱ TRAYECTORIA· Estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes de La Paz y en el Conservatorio Plurinacional.

Ͱ OBRA · Escultora. Trabajó con materiales tan diversos como distintas maderas de Bolivia, bronce, granito negro, alabastro, basalto y ónix blanco. Su obra abordó temáticas relacionadas con el arte, la denuncia de injusticias, la mujer y la vida.

Esculturas de madera de su periodo musical. FOTO: Jorge Soruco / Visión 360
Escultura del cuerpo de una mujer, tallada en basalto negro. FOTO: Jorge Soruco / Visión 360
Retratro de Marina Núñez del Prado, pintado por el artista plástico ecuatoriano Oswaldo Guayasamín, amigo de la escultora boliviana, a quien regaló la obra de arte. FOTO: Jorge Soruco / Visión 360
Recreación del taller de Marina Núñez del Prado. Se aprecian algunos de sus modelos iniciales y de los equipos que utilizaba. FOTO: Jorge Soruco / Visión 360
Vista de la sala familiar, con muebles e instrumentos musicales que  se tocaban en los momentos de ocio. FOTO: Jorge Soruco / Visión 360
Parte de las artesanías que Marina y su hermana consiguieron a lo largo de sus vida. FOTO: Jorge Soruco / Visión 360
Junto con la maternidad, el Illimani fue un importante modelo. FOTO: Jorge Soruco / Visión 360
Cubiertos, prendedores y adornos de plata de la familia de la artista. FOTO: Jorge Soruco / Visión 360
Fotografía del set de filmación de Wara Wara. Marina está de pie, al centro. FOTO: Jorge Soruco / Visión 360
Antes de tallar la piedra, Marina realizó bocetos de las obras. FOTO: Jorge Soruco / Visión 360
Vista de las piezas dedicadas a las mujeres y las madres. FOTO: Jorge Soruco / Visión 360
Cada sala cuenta con fotografías del proceso de creación. FOTO: Jorge Soruco / Visión 360