viernes 27 de marzo de 2026

Creación de Bolivia. Colección documental

Con la distancia de dos siglos deberíamos asumir el desafío de reintegrarnos a nuestra historia de los siglos anteriores y reconocer las realidades que fueron escondidas por relatos heroicos, muchas veces magnificados por el entusiasmo o el deseo de esconder el dolor. Somos más de lo que nos han contado.
jueves 04 de septiembre de 2025

Hace unos días fui honrado con una invitación: presentar una colección de documentos relativos a la creación de la república en 1825, elaborada y publicada con los auspicios de la Gran Logia Bolivia. Me pareció algo insólita pues no soy historiador ni masón, pero sí curioso y no me fue difícil aceptar. Me alegro de ello.

Se trata de una obra excepcional, fruto del esfuerzo de los compiladores Valentín Abecia López y Javier Hinojosa. Ellos reunieron, copiaron y compilaron una colección de documentos esenciales para comprender la Independencia, a sus protagonistas y las condiciones de la época, y también comprender algunos de los problemas que heredamos y que todavía nos marcan como país.

El resultado son 10 volúmenes con una información riquísima, que hasta hoy se encontraba dispersa y resultaba en muchos casos inaccesible para los historiadores y para otros que, como yo, tenemos curiosidad por aprender de las fuentes. Tener toda esa documentación reunida y ordenada es un verdadero lujo.

La colección reproduce folletos, libros, relatos y testimonios, documentos oficiales y correspondencia, permitiéndonos un acercamiento auténtico al difícil momento en que se produjo la fragmentación de la América Española en esta parte del continente.

Fue un tiempo de lealtades rotas y traiciones, de violencia y negociaciones, de esperanzas y frustraciones, y todos esos rostros se asoman en esta estupenda colección. En alguno de los volúmenes vemos a los doctores de Charcas acercándose a los cuarteles donde jóvenes héroes no alcanzan a calibrar las dimensiones de sus éxitos, y en otros nos encontramos con tempranos historiadores que se esmeran por cubrir los dolores de la guerra con relatos que convierten choques civiles en epopeyas.

El trabajo de Abecia e Hinojosa se inició hace varios años con la intención de permitir que la masonería boliviana contribuyera de manera relevante a las celebraciones del Bicentenario de Bolivia. Lo han logrado.

Pasados los festejos, tal vez sea necesario ahora tomar algo de distancia y tratar de pensar a Bolivia en su perspectiva histórica más amplia. No como un país que nació hace 200 años, sino como un país que intentó reinventarse en 1825 pero que nació mucho antes, y que no debería ignorar esa parte sustancial de su identidad nacional que la condujo a ese momento.

Como lo podrá verificar cualquiera que se acerque a la colección que comentamos, la independencia fue dolorosa y la fundación de la república tuvo costos muy grandes. No solamente porque estuvo precedida por 15 años de guerra civil, que causó la muerte de miles de jóvenes en su edad más productiva y fuerte, y dañó gravemente la economía, sino porque al mismo tiempo que se logró la separación de España, también se levantaron fronteras que nos separaron del resto de América, convenciéndonos de que la soberanía y el aislamiento eran valores en sí mismos. Si la independencia demoró 15 años en esta parte del mundo no fue porque acá hubiera sido más fuerte la monarquía, sino porque nuestra sociedad no estaba del todo convencida de la causa. Las élites locales supieron aprovechar el momento y lograron que el poderoso ejército que comandaban Bolívar y Sucre, en vez de someter al Alto Perú, garantizaran su independencia.

Pero todo eso tuvo costos. Económicos, demográficos, institucionales y, hay que decirlo, psicosociales: nos colocó como una sociedad necesitada y dependiente de caudillos salvadores, a los que recordamos en cada escuela y oficina, y a quienes, una y otra vez, han tratado de imitar muchos líderes, dotados de más audacia que razonamiento.

Repasar los documentos de esta magnífica colección es, por tanto, una celebración que puede tener mucho de alegría, pero también de dolor. Podemos entrever el surgimiento de Bolivia, pero también de una nación con la identidad mutilada, con una economía en crisis, con las instituciones dañadas o destrozadas, el desarrollo interrumpido y una cultura política abierta al caudillismo y que justificaba la violencia.

Con la distancia de dos siglos deberíamos asumir el desafío de reintegrarnos a nuestra historia de los siglos anteriores y reconocer las realidades que fueron escondidas por relatos heroicos, muchas veces magnificados por el entusiasmo o el deseo de esconder el dolor. Somos más de lo que nos han contado.

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360

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