lunes 23 de febrero de 2026

La Tribuna

Entre la Duda y la Fe: El Camino al repechaje

Hoy Bolivia no está donde quería estar, pero está donde puede empezar a cambiar su historia. No llegará al duelo con la fuerza del resultado, sino con la necesidad de reinventarse.
lunes 24 de noviembre de 2025

Hay momentos en el fútbol en los que los resultados parecen gritar más fuerte que las intenciones. Los amistosos previos al repechaje dejaron un registro incómodo: derrotas frente a Rusia, Corea del Sur y Japón, y solo una victoria ante Jordania. No son números que inviten al optimismo fácil, ni tampoco alimentan discursos triunfalistas. Pero el fútbol, sobre todo cuando se trata de selecciones como Bolivia, rara vez se explica solo desde los marcadores.

Estos partidos, más que un examen final, fueron un laboratorio. Un espacio para equivocarse antes de que ya no haya margen para el error. Y en ese laboratorio surgieron preguntas que hoy pesan más que cualquier derrota: ¿sabemos a qué queremos jugar? ¿Tenemos una identidad? ¿Podemos competir desde nuestras fortalezas y no desde el miedo al rival?

La respuesta, aunque no definitiva, empezó a asomar entre los fragmentos de juego. Contra Jordania, Bolivia fue más ordenada, más valiente, más simple. Mostró que cuando no se complica con exceso de traslados y apuesta a un fútbol frontal, encuentra espacios, ritmo y confianza. Pero en los partidos frente a selecciones más intensas, los errores en salida, la falta de precisión y los vacíos de concentración quedaron expuestos con crudeza. No por falta de talento, sino porque el fútbol moderno exige velocidad mental antes que velocidad física.

Lo más preocupante no fue perder, sino cómo se perdió por momentos. Hubo instantes en los que el equipo pareció desconectado, como si el peso de la historia —esa historia que dice que Bolivia siempre llega tarde a las grandes citas— volviera a caer sobre los hombros de jugadores jóvenes y aún en formación.

Pero también hubo algo más. Algo que es intangible y que no aparece en resúmenes ni estadísticas: reacción. Incluso en las derrotas más duras, el equipo encontró momentos para levantarse, corregir, resistir y volver al partido, aunque fuera tarde. Ese detalle mínimo puede convertirse en una fortaleza en un repechaje, porque en esos partidos se define más con carácter que con brillantez.

Bolivia llega al desafío final con el ego golpeado, sí, pero también con una verdad clara: nada estará regalado. El repechaje será el tipo de batalla en la que cada despeje, cada bloqueo, cada duelo y cada decisión tiene un peso emocional y deportivo enorme.

Hoy Bolivia no está donde quería estar, pero está donde puede empezar a cambiar su historia. No llegará al duelo con la fuerza del resultado, sino con la necesidad de reinventarse. Y a veces, en el fútbol como en la vida, eso es más poderoso.