martes 23 de junio de 2026

La Tribuna

¿Fútbol o NBA? El juego que nos están robando entre sorbo y sorbo

Ir a la cancha se ha vuelto un lujo prohibitivo. Las entradas hoy cotizan a precio de oro, transformando la "pasión de multitudes" en un evento exclusivo para corporaciones y billeteras VIP.

El fútbol siempre olió a césped húmedo, a tribuna popular y a noventa minutos de pasión corrida, sin anestesia. Sin embargo, hoy el juego empieza a oler a otra cosa: a oficina de marketing, a balance financiero y a estudio de televisión.

La excusa entró a la cancha vestida de salud. Nos dijeron que los "tiempos de hidratación" eran una necesidad médica imperiosa para evitar descompensaciones y cuidar el físico del futbolista bajo climas extremos. Y es verdad, nadie en su sano juicio negaría un sorbo de agua en el desierto. Pero hecha la ley, armada la trampa. Hoy la norma se volvió un capricho corporativo: ya no importa si se juega bajo el sol calcinante o con un frío que congela los botines; el partido se para porque lo manda el cronograma. Tres minutos de tregua obligatoria. Tres minutos donde la pelota se esconde, el ritmo se corta y la pantalla se inunda de publicidad.

Fue el mismísimo Philipp Lahm, un tipo que sabe cuánto pesa la Copa del Mundo y cómo se juega en la élite, quien tiró con los tapones de punta sin ponerse colorado: "El Mundial se ha vendido". Y no le falta razón al histórico lateral alemán. Nos están metiendo el formato de la NBA por la ventana. El fútbol de toda la vida, ese que se consumía de un tirón y donde el desgaste táctico consistía en asfixiar al rival cuando se quedaba sin piernas, hoy se fragmenta en cuatro cuartos encubiertos. Te enfrían el partido, te cortan la contra, te destruyen la esencia.

El fútbol de toda la vida, ese que se consumía de un tirón, hoy se fragmenta en cuatro cuartos encubiertos para meter un comercial.

Pero el negocio no se sacia con morder el tiempo neto de juego; el negocio es una fiera con hambre de más partidos. Miramos las listas de este Mundial y el panorama es de hospital: estrellas que se quedaron abajo del avión por desgarros de último momento, ligamentos rotos en entrenamientos y planteles parchados con soldados que arrastran lo justo para no romperse del todo. Desmantelaron la Champions League para meter más fechas, estiraron el calendario hasta el paroxismo y obligan a los futbolistas a morder en cada sector de la cancha cada tres días. Los dirigentes, encandilados por los billetes de los derechos televisivos, parecen olvidar que los jugadores son de carne y hueso, no máquinas de Play Station. Estás exponiendo la salud del tipo que genera el espectáculo. Están matando a la gallina de los huevos de oro.

La codicia es un fuera de juego gigante que también se cobra víctimas en la tribuna. Ir a la cancha, sentir el cemento, abrazarse con un desconocido en el grito de gol se ha vuelto un lujo prohibitivo. Las entradas hoy cotizan a precio de oro, transformando la "pasión de multitudes" en un evento exclusivo para corporaciones y billeteras VIP. Le están quitando al pueblo el derecho de vivir el fútbol de cerca. Lo están alejando de su raíz.

Quizás sean estas horas de insomnio, o la falta de un buen café cargado esta mañana, lo que me hace ver fantasmas donde otros ven "progreso". Quizás sea pura paranoia mía y el fútbol goce de buena salud...o quizás no.