martes 23 de junio de 2026

La Tribuna

El Mundial de los Millones

La Copa del Mundo 2026 está dejando un récord histórico que refleja hasta qué punto el fútbol se ha transformado en una industria global.

Hubo un tiempo en que los Mundiales se ganaban con talento, carácter y una buena generación de futbolistas. Hoy siguen siendo indispensables esas virtudes, pero hay un nuevo protagonista que se ha instalado en el centro de la escena: el mercado.

La Copa del Mundo 2026 está dejando un récord histórico que refleja hasta qué punto el fútbol se ha transformado en una industria global. Nunca antes un Mundial reunió tantas selecciones y tantos futbolistas con valoraciones económicas tan descomunales. Según las estimaciones de mercado, Francia llegó al torneo con una plantilla valorada en más de 1.500 millones de euros, mientras que Inglaterra y España también superan cómodamente la barrera de los mil millones.  

La cifra resulta difícil de dimensionar. Estamos hablando de selecciones cuyo valor supera el presupuesto anual de muchas ciudades latinoamericanas. Hace apenas dos décadas, alcanzar una cotización colectiva de 500 millones de euros parecía una extravagancia. Hoy, tres o cuatro selecciones duplican o triplican ese monto.  

El fenómeno tiene nombres propios. Lamine Yamal aparece tasado en alrededor de 200 millones de euros, mientras que Kylian Mbappé y Erling Haaland se mantienen entre los futbolistas más valiosos del planeta. La cotización de algunos jóvenes supera incluso el valor total de varias selecciones participantes.  

La paradoja es fascinante. Mientras las grandes potencias exhiben plantillas multimillonarias, el Mundial sigue reservando espacio para historias que desafían la lógica financiera. Curazao, por ejemplo, participa con una plantilla cuyo valor total apenas representa una pequeña fracción de las grandes potencias europeas, y cuenta incluso con jugadores tasados en apenas decenas de miles de euros.  

Sin embargo, el crecimiento de las cifras también invita a una reflexión incómoda. ¿Hasta dónde puede llegar esta inflación? El fútbol parece haber entrado en una carrera sin frenos donde los valores de mercado aumentan año tras año, impulsados por derechos televisivos, fondos de inversión, patrocinadores globales y una industria digital que multiplica la exposición de las estrellas.

Ya no se compra solamente un futbolista. Se compra una marca, una audiencia, millones de seguidores en redes sociales y la posibilidad de vender camisetas en cualquier rincón del planeta.

El Mundial 2026 simboliza mejor que ningún otro torneo esa nueva realidad. Es la Copa de los récords deportivos, pero también la Copa de los récords financieros. Un campeonato donde algunos equipos valen más de mil millones de euros y donde un adolescente puede alcanzar una cotización que hace una década habría parecido ciencia ficción.  

La gran pregunta es si esta escalada tendrá un límite. Porque mientras los números continúen creciendo, el fútbol corre el riesgo de que el mercado termine ocupando más espacio que el juego.

Y sería una ironía cruel que el deporte más popular del planeta, nacido en las calles y en los potreros, terminara siendo recordado más por sus cifras que por sus goles.