lunes 24 de agosto de 2026

La Tribuna

La profesionalización se construye con rigor: Una respuesta necesaria sobre el futuro del arbitraje boliviano

El arbitraje boliviano no se va a salvar con comunicados de confrontación ni con sanciones desmedidas que no dejen un aprendizaje. Se va a transformar cuando todos los actores —FBF, ABAF, árbitros activos e instructores— entendamos que remamos en la misma dirección.

Dirigir un partido de fútbol en Bolivia nunca ha sido una tarea sencilla. Quien viste de negro —o de colores fosforescentes en la era moderna— asume una responsabilidad gigantesca: ser el garante de la justicia en un ambiente apasionado, observado por millones de ojos y juzgado bajo la lupa implacable de la tecnología. Hoy, el arbitraje boliviano se encuentra en una encrucijada histórica. Como Director de Desarrollo Arbitral de la Federación Boliviana de Fútbol (FBF), observo con absoluta serenidad, pero también con una firmeza e inamovible sentido de urgencia, los debates, las críticas y las posturas que han surgido en torno a nuestra labor.

En las últimas semanas, el gremio ha sido blanco de severos cuestionamientos debido a errores puntuales pero de alto impacto en la División Profesional. Paralelamente, la Asociación Boliviana de Árbitros de Fútbol (ABAF) ha emitido comunicados señalando presuntas unilateralidades en el proceso de reforma que llevamos adelante. Ante este panorama, es indispensable hablarle al país con la verdad, contrastar los hechos con nuestra planificación estratégica y recordar la esencia misma de nuestra vocación.

Sería un acto de ceguera institucional ignorar las fallas recientes. Lo ocurrido en las últimas fechas, como el lamentable descuido reglamentario en la omisión de una tarjeta roja tras una segunda amonestación no representan el estándar al que aspiramos. Son episodios que duelen, que restan credibilidad al espectáculo y que nos obligan a intervenir de manera inmediata.

Sin embargo, hay que ser categóricos: en el fútbol moderno, la profesionalización y la impunidad son agua y aceite. Las medidas disciplinarias y las suspensiones temporales aplicadas por la Comisión Nacional de Árbitros no obedecen a una "cacería de brujas" ni a un afán punitivo desmedido, como sugieren algunos sectores. Obedecen al principio elemental de rendición de cuentas. Si le exigimos a los clubes profesionalismo, infraestructura y rendimiento de alto nivel, el cuerpo arbitral no puede demandar privilegios sin asumir las consecuencias de un fallo procedimental grave.

El Video Arbitraje (VAR) se implementó en Bolivia no para reemplazar la capacidad del juez central, sino para ser una red de seguridad. Cuando la tecnología falla por mal uso o por desconocimiento del protocolo, el problema no es la herramienta, sino la preparación y la concentración del operador. Por ello, la corrección de errores debe ser drástica cuando la negligencia supera el margen tolerable del error humano.

A la dirigencia y a mis colegas de la ABAF les digo con franqueo y respeto: las puertas de la Dirección de Desarrollo Arbitral y de la FBF han estado, están y estarán siempre abiertas para el diálogo constructivo. Sin embargo, no debemos confundir la concertación con el estancamiento.

Los comunicados que acusan a la FBF de redactar unilateralmente el Plan de Desarrollo del Arbitraje, el Código Disciplinario o los criterios de evaluación, omiten una realidad insoslayable: la modernización del arbitraje responde a directrices universales impuestas por la FIFA y la CONMEBOL, no a caprichos de una gestión dirigencial. Bolivia no puede pretender crear un "arbitraje a la medida" del acomodamiento local mientras el resto del continente avanza a ritmo acelerado.

La profesionalización no consiste únicamente en exigir mejores viáticos, contratos de dedicación exclusiva o estabilidad laboral —demandas que la gestión del presidente Fernando Costa comprende y busca viabilizar de manera gradual y responsable—. La verdadera profesionalización exige, primero y antes que nada, profesionalismo. Exige que el árbitro se prepare atléticamente durante la semana con la misma rigurosidad que un futbolista de primera división, que estudie de memoria las actualizaciones de la IFAB y que someta su rendimiento a evaluaciones objetivas y no a proteccionismos gremiales. El corporativismo que defiende el error solo por el hecho de llevar el mismo uniforme destruye la credibilidad que tanto nos cuesta edificar.

Desde la Dirección de Desarrollo Arbitral hemos trazado una hoja de ruta clara, plasmada en nuestro Plan Maestro. Este proyecto no es un documento teórico guardado en un escritorio; es un programa de acción que ya está en marcha:

Capacitación e instrucción de élite: Estamos trayendo de forma periódica a instructores FIFA y CONMEBOL para unificar criterios. Los Seminarios de Élite y las clínicas de actualización VAR no son opcionales, son la base técnica de nuestro trabajo.

Transparencia hacia la opinión pública: La implementación de la explicación pública de los dictámenes del VAR en los estadios busca democratizar el reglamento. El hincha y el periodismo tienen derecho a entender por qué se toma o se corrige una decisión.

Puntajes y meritocracia: Se debe terminar la era de las designaciones por simpatía o antigüedad. Hoy, la tabla de rendimiento físico, teórico y de campo es la que determina quién dirige los partidos decisivos y quién debe volver a la etapa de formación.

Este Plan de Desarrollo encuentra su brújula ética en el Decálogo del Árbitro Boliviano. Este decálogo nos recuerda que el árbitro debe ser un modelo de integridad, imparcialidad e idoneidad. Un juez que no estudia permanentemente las reglas del juego viola el primer mandamiento de su profesión. Un colegiado que no cuida su condición física o mental le falla al fútbol. Quienes pretendan ejercer esta labor deben entender que la dignidad del silbato se gana en cada minuto de entrenamiento y se ratifica en cada pitazo sobre el césped.

El camino hacia la consolidación del arbitraje profesional en Bolivia tiene claroscuros que debemos analizar con objetividad:

Aspectos favorables: Por primera vez en décadas, Bolivia cuenta con un plan integral respaldado institucionalmente. La tecnología está asentada, la instrucción internacional es constante y existe la voluntad política en la FBF para destinar recursos a la formación de nuevos talentos y al recambio generacional.

Desafíos y resistencias: El principal obstáculo sigue siendo la resistencia al cambio. Superar la cultura de la excusa, lidiar con la presión mediática desmedida y lograr que el árbitro asuma su preparación como una disciplina de tiempo completo son barreras culturales que estamos derribando progresivamente.

El arbitraje boliviano no se va a salvar con comunicados de confrontación ni con sanciones desmedidas que no dejen un aprendizaje. Se va a transformar cuando todos los actores —FBF, ABAF, árbitros activos e instructores— entendamos que remamos en la misma dirección.

Extiendo nuevamente la mano a la ABAF y a cada colegiado del país. Asuman el desafío de la profesionalización con la valentía que exige nuestra profesión. Cumplamos el Decálogo no por obligación, sino por orgullo. Elevemos la vara de la exigencia, aceptemos las correcciones cuando nos equivocamos y trabajemos sin descanso para que el fútbol boliviano vuelva a confiar plenamente en sus jueces. La justicia deportiva no se pide; se demuestra en cada partido.