2024-05-11

Crítica - Fitaz 2024

Salvavidas seguros… “Como Dios manda”

“En escena, tres actrices salvadoreñas cuentan la historia de una familia  -quizás alteña, acaso salvadoreña- rota y ahogada", escribe la periodista Liliana Carillo V.

Liliana Carrillo V., periodista

Botellas colgadas, botellas en el piso, botellas en las manos… decenas de botellas llenan el escenario. Estamos en la obra elegida para abrir el Fitaz 2024, “Como Dios manda” se llama. El Municipal está casi lleno (la entrada era libre). Ha habido discursos, un saludo de Maritza Wilde en video y unos kusillos han levantado el telón a ritmo de Luis Miguel.

“Como Dios manda” es una coproducción entre Teatro del Azoro (El Salvador) y Altoteatro (Bolivia), escrita y dirigida por Freddy Chipana. En escena, tres actrices salvadoreñas cuentan la historia de una familia  -quizás alteña, acaso salvadoreña- rota y ahogada. Hay un padre alcohólico, hay una hija que sufre por la enfermedad del progenitor y hay un amigo, también en el vicio, que a la postre muere en el intento de enterrar a su perra - “A las compañeras nunca se las deja solas”-. En el interín, se esboza el suicidio de la madre, la peligrosa vida en las calles, la amistad cómplice en el alcohol y el sacrificio de la hija.

Se entiende por lugar común una expresión o idea que, debido a su frecuente uso, se ha desgastado, perdiendo la fuerza de su significado original. Los estragos del alcoholismo, aunque ciertos y terribles, pasean por esos senderos en “Como Dios Manda”: pérdidas de casa, de familia y de vida por el vicio. Sí, la moraleja es clara: no caigas en las manos del alcohol y ten compasión con los que ya habitan en sus sombras.

Hay, sin embargo, fragmentos de luz en el texto. “Basta de esos lugares terribles, esos afectos gastados”, le dice el amigo al padre cuando éste extraña a su hija. “El vacío es la culpa de Dios”, diría antes. Pero esos destellos se diluyen en largas elipsis que ahorran escenas, en monólogos débiles y algún chiste local. Sigo pensando en el final de la obra (aquí, alerta de spoiler y excusas por usar la fea palabra spoiler): la víctima de las consecuencias del alcoholismo se vuelve alcohólica y baila entre botellas.

Lo mejor de “Como Dios manda” es la puesta en escena, limpia y sobria, como lo es también el recurso de convertir a las botellas en personajes a los que se interpelan. Lo “menos mejor”, la fragilidad de una historia sobre alcoholismo que se ha aferrado demasiado a salvavidas seguros. 

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