2024-05-23

Desde el diseño hasta la confección

En Gran Poder se lucen trajes hechos por los danzarines

De acuerdo con el diseño, el bordado con lentejuelas y otros elementos, la elaboración puede tardar meses. Usan telas sintéticas que se asemejan a las pieles de animales.

Qamasa / La Paz

Mucho se habla de artesanos cuando de expresiones culturales bolivianas se trata; así se identifica a quienes realizan una actividad creativa respecto de un oficio concreto y manual en el que muestran su conocimiento y habilidades. Entre ellos están bordadores, mascareros, matraqueros, zapateros, sombrereros y orfebres. Sin embargo, hay danzarines que diseñan y confeccionan sus propios trajes para lucirlos en la fiesta del Gran Poder.

Se califica a los artesanos bordadores como los actores que dan sentido a las manifestaciones folklóricas del país; pero en los últimos años, por los costos y el tiempo, gran cantidad de danzarines que participan en la festividad del Señor Jesús del Gran Poder optan por diseñar sus propios trajes de baile.

Es el caso de los tobas. Los representantes de los bloques se preocupan en cubrir los gastos al interior de la fraternidad, como la banda y la fiesta.

Roxana Moreno pertenece al bloque Ñaupas que participa en la Fraternidad Tobas Amigos por Siempre Carahuatas del Pilcomayo. Este año es responsable de elaborar los trajes que lucirán sus fraternos en la entrada folklórica del sábado 25 de mayo. Tomó la decisión porque en años pasados debían alquilar los trajes en Oruro y Cochabamba, para usarlos en La Paz. “Por malentendidos y problemas con otros grupos, no se pudo tener traje propio”.

“Este 2024, decidimos tener traje nuevo y para hacerlo se tuvo que ir pagando poco a poco. Se hicieron veladas una vez al mes, porque la cantidad de bailarines disminuyó de siete a seis, a cinco y ahora son cuatro. Es desde noviembre de 2023 que con estas actividades, se reúne dinero para los trajes”, asegura Roxana.

Orgullosa comenta que su hijo, Iván Toledo, diseñó la gorra para la preentrada y también el traje para la entrada folklórica, mientras que ella se comprometió a coserlos.

“Yo me ofrecí a elaborar el traje, nunca hice algo de esta magnitud. El traje representará la diversidad de la fauna y flora del país, por los tobas del Chaco y del Oriente, entre otros. Si bien antes se usaban pieles de animales, ahora no podemos porque las leyes lo prohíben… ni las plumas de las aves. Por eso vimos telas sintéticas que asemejen piel de tigre o jaguar, o las que parezcan a pelo de oso jucumari. Después usamos patitas de cabra para el sonido que da alegría a los tobas”, cuenta emocionada Roxana Moreno, porque además sus trajes se verán a nivel mundial.

Los Cheyennes

Similar situación es la del bloque Cheyennes de la misma fraternidad. Álvaro Ríos y su esposa Marivel Vargas trabajan juntos para el diseño, costura y decoración de los trajes de varones y mujeres, a excepción de algunas figuras o logos, que son bordados computarizados.

Desde 2019 hasta la fecha, Álvaro se encarga de la mayoría de los implementos que lucen los fraternos de su bloque. “Yo llevo para que en un pedazo de tela me lo borden como las insignias de los colegios. Ese pedazo de tela bordado luego lo adhiero al traje. El diseño total, armado con lentejuelas, grecas y absolutamente todo lo que sea costura, yo lo hago”, afirma Ríos.

Confiesa que antes no sabía nada de costura. Aprendió empíricamente “echando a perder”.

“Mi papá es sastre, pero no me dejaba tocar la máquina, pero ya al coser estos trajes es un cariño que yo le pongo. Todo el traje de mujer debo demorar un día. Marivel me ayuda con las telas, colocado de perlas y piedras a mano. Nos decidimos a hacer nosotros porque el bordador cobra caro, hemos ido a cotizar y nos ha dicho arriba de mil bolivianos, por eso la gente se desanima”, resalta.

Marivel recibe la ayuda de sus hermanas Ana y Mery para el colocado de perlas y piedras entre otros. El trabajo dura por lo menos unos dos meses.

“Las mujeres son más detallistas y eso tarda; en cambio, yo confecciono un traje por día más o menos” dice Álvaro.

La pareja de esposos coincide en que el bloque Cheyennes se fundó sin fines de lucro. “Es un tema exclusivo de bailar, compartir y confraternizar”.

Para ser parte del bloque un danzarín debe invertir 1.350 bolivianos. El monto incluye la polera de la fraternidad Carahuatas, pago de banda, una polera y chamarra de Cheyennes, y el traje propio para la entrada.

“He ido aprendiendo a coser los trajes, ahora pienso que me salen bien y lo hago con mucho cariño. Eso es lo que más importa y estamos estrenando traje en el Gran Poder”.

Las máscaras las realiza un artesano, en fibra de vidrio, están prediseñadas, pero Álvaro hace las alas con venesta y plumas de pato.

Dennis Sánchez, del bloque Arawak, reseña que les toma dos meses tener listos sus trajes, desde la adquisición de la tela hasta el bordado con lentejuelas, el forrado de zapatillas y la elaboración del penacho.

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