Festividad
Poderosas: las mujeres reinan en las fraternidades y ganan espacios en las bandas
A pocos metros del mercado de flores del Cementerio General de La Paz, Alejandra Joselin Alvarado prueba su instrumento, un bombardino barítono. Se alista para iniciar su trabajo, acompañando a una fraternidad de tobas junto a sus compañeros de la banda Armonía Musical de Oruro.
"Es un trabajo muy especial. Hay mucha emoción y alegría, pero también retos. No es fácil, ya que la cosa cambia cuando trabajas rodeada de puros varones y muy pocas compañeras", contó.
Ella es una de las músicas que participa en el Gran Poder tocando instrumentos de bronce. No son muchas mujeres, ya que las bandas siguen siendo mayormente masculinas, pero su número aumenta con cada entrada, demostrando que pueden tocar igual o mejor y hacer las mismas coreografías que sus compañeros.
Belén Tintaya, integrante de Mística Santa Fe, reconoce que tocar en una banda folklórica no es cosa fácil. Las horas son largas, la distancia recorrida también y la discriminación continúa. "Aunque cada vez somos más, una gran mayoría de los músicos mayores no te respetan. No creen que tengas talento y tenemos que demostrarlo constantemente".
Según datos de la Federación de Bandas Folklóricas de La Paz, El Alto y sus 20 Provincias (Fedebamfolk), en los últimos años, se pasó de un 3% de mujeres en las bandas de entradas a un 10%. Ataviadas con los colores de sus respectivos conjuntos, se las puede ver tocando los bronces de viento o los platillos.
"Hay una participación de mujeres que cada año va creciendo, tenemos directoras y que tienen cargos, tenemos una banda femenina, pero lamentablemente este año no ingresó (al Gran Poder)", dijo Junior Patzi, presidente de la Fedebamfolk.
Explicó que en la fiesta mayor de los Andes participan más de 5.000 músicos. "De ese total, un 10% son mujeres, es decir unas 400 mujeres participan en las distintas bandas. Hoy en día, tenemos licenciadas en música y profesoras en el área musical. No sólo tocan platillos, interpretan clarinetes, saxofones, trompetas, trombones y contrabajos, entre otros", aseguró Patzi.
La mayoría comenzaron a tocar en las bandas de sus colegios. "En mi caso, siempre me interesó la dinámica y en cuanto hubo una apertura, no dudé en meterme. Me costó, pero ya voy varios años trabajando y esta es mi primera vez en el Gran Poder", agregó Alvarado.
Es que la entrada 2024 mostró que el poder es femenino. Al ritmo de los bronces y los tambores las polleras encabezaban las fraternidades. A voz en cuello cantaban las piezas elegidas y daban órdenes a sus compañeros para que apresuraran el paso.
"'¡Moreno, no pares de bailar!" Se escuchó en uno de los bloques de las Rosas de Viacha cuando uno de los Achachis, que seguía al bloque de cholas intentaba relajar el paso aprovechando una pausa en una de las estrechas calles de la zona de Chijini. "Ellas son las que mandan. Se nota al tiro", manifestó uno de los jurados de la Asociación de Conjuntos Folklóricos del Gran Poder.
El creciente protagonismo se ve más allá de los bloques femeninos tradicionales. Por ejemplo, en los caporales hay filas de caporalas que lideran a sus compañeros, marcando el paso con más gracia que muchos. En los Negritos del Ayacucho, las bailarinas llamaban la atención con sus coloridos atuendos, mientras que las "doctorcitas" señalaban la aparición de este tradicional baile humorístico.
Si bien los trajes de morenos son vistosos, el verdadero lujo yace con las cholas paceñas. Mantas de vicuña de alta calidad; sombreros borsalinos y joyas de oro y de plata refulgen bajo el sol paceño. Por ello, para cuidar "los lujos", guardias privados acompañan los bloques de mujeres de polleras y de chinas morenas.
Y la edad no es ninguna limitante. Si bien en la morenadas los bloques de cholas y chinas morenas son más definidos por la generación de las bailarinas -las primeras son para las mayores y las segundas para las jovencitas- en otras, como caporales, uno ve mujeres de todas las edades. "Lo único que necesitas es energía", aseguró la preste mayor, Carmen Rosa Apaza.