Créditos
Instituciones Financieras de Desarrollo sobre el perfil de sus clientes: un 65% es mujer y un 45% vive en zonas rurales
De un total de 574.000 clientes, en todo el país, que tienen créditos otorgados por las Instituciones Financieras de Desarrollo (IFD), un 65% es mujer y un 45% vive en zonas rurales, según informó la Asociación de Instituciones Financieras de Desarrollo (Finrural).
Estos datos son apenas una muestra de la incidencia favorable que tienen las IFD en el progreso económico y social de miles de personas y organizaciones.
El sector financiero promueve la inclusión al otorgar créditos y ahorros; sobre todo con el modelo de banca comunal, que beneficia a mujeres y hombres de bajos ingresos, que de otra forma no podrían acceder a financiamiento.
Las IFD son organizaciones privadas financieras y sin fines de lucro, con más de 35 años de experiencia. Cuentan con personalidad jurídica propia, son reguladas por la ASFI en el marco de la Ley de Servicios Financieros y su objetivo principal es trascender la sola prestación de estos servicios, creando un sistema con enfoque integral que incluye una mirada social.
“Inicialmente agrupaba sólo a ONG Financieras que operaban en zonas rurales, como su nombre lo indica. En 1999 fue refundada y ampliada, abarcando a instituciones microfinancieras que operan también en el ámbito urbano”, explicó Néstor Castro, gerente general de Finrural, citado en un boletín institucional.
En 2003, las asociadas de Finrural manifestaron su decisión de ser entidades reguladas, y se adhirieron a un proceso de autorregulación, para poder cumplir con la normativa de la entonces Superintendencia de Bancos y Entidades Financieras, aunque sin estar obligadas a hacerlo.
Finrural aglutina a todas las IFD bolivianas y fue creada en 1993. Son reguladas actualmente por la Autoridad de Supervisión del Sistema Financiero (ASFI).
En Bolivia, la banca comunal es un modelo de microfinanzas que se ha convertido en una importante herramienta para brindar acceso a servicios financieros a personas de bajos ingresos, especialmente en áreas rurales y comunidades alejadas de los centros urbanos; o a personas que por diferentes motivos no podrían acceder al sistema financiero.
Este modelo se basa en la formación de grupos de personas, mayormente mujeres emprendedoras, que se unen para contribuir con pequeñas cantidades de dinero de manera regular, formando un fondo común que luego es utilizado para otorgar préstamos a las y los integrantes del grupo que lo necesiten para iniciar o expandir sus emprendimientos.