2024-07-17

Tecnología

¿Utilizar IA para comunicarnos con los muertos? Crean una aplicación

este sistema si bien puede ser para muchos una alternativa de un reencuentro, para otros puede significar una segunda pérdida, en caso de surgir un inconveniente.

Si usted tuviera  la posibilidad de hablar con un ser querido que partió de este mundo, ¿tomaría esa opción? Una experiencia muy cercana  ofrece la Inteligencia Artificial (IA) que a partir de las características del fallecido crea un chatbot similar.
Estos denominados “robots de duelo” se generan utilizando la huella digital del difunto -que está en redes sociales, mensajerías y correos electrónicos-, que luego es procesada por una red neuronal, la cual aprende a imitar su comportamiento o forma de pensar.

Este servicio ya no resulta totalmente sorprendente si se toma en cuenta la incursión de la IA en diversos ámbitos de la actividad del ser humano; por el contrario, sí lleva a pensar dónde más intervendrá este sistema digital.

Las herramientas de IA generativa, que utilizan algoritmos para crear nuevos contenidos como texto, video, audio y código, pueden intentar responder a preguntas de la misma forma que lo haría alguien que ha fallecido, pero la precisión depende en gran medida de la información que se introduzca en la IA para empezar.

Sin embargo, como se trata de la muerte y de la forma en que una persona atraviesa el duelo, sí se torna delicado, además considerando las tradiciones enraizadas en los pueblos.

Por ejemplo, en Bolivia existe la celebración de Todos los Santos, en la que, según la creencia, los muertos visitan a los vivos por 24 horas, quienes son recibidos con todos los alimentos que más les gustaban. Incluso se arman altares y yendo más allá se hacen hasta festejos.

 

No obstante, esta aplicación de IA se presenta como si se tratara de desafiar a la muerte o de prometer algo parecido a la vida eterna. La industria digital ofrece, después de la muerte, la posibilidad de crear avatares de los que ya no están para que los usuarios puedan conversar con ellos en tiempo real, reproduciendo su imagen y voz.

Obviamente, supera de lejos a la práctica de ouija, que puede considerarse la alternativa rudimentaria de este nuevo sistema digital, que es un tablero con las letras del alfabeto, alrededor del cual se reúnen varias personas con intención de comunicarse con los espíritus, con seres que partieron al más allá.

La doctora en Psicología, Belén Jiménez, de la Universitat Oberta de Catalunya (España), señaló a la agencia EFE que es “imprescindible velar por el respeto y la dignidad de la persona fallecida como por el bienestar psicológico del usuario”, porque cada persona tiene una manera de vivir el duelo y estas tecnologías pueden cambiar la forma de enfrentarse a ese proceso.

En este terreno -agregó- no hay respuestas de “todo o nada”, porque se trata de una cuestión compleja, que depende de la tecnología, de la persona en duelo y de los diseñadores de la herramienta, además aún no hay estudios científicos.

Las empresas como StoryFile, Eternos.Life, Decembre Proyect o You, Only Virtual ofrecen videos conversacionales en los que la persona graba respuestas a preguntas sobre su vida, conversaciones con chatbots generadas por IA con la voz del fallecido o solo con texto.

En algunos casos es la persona quien prepara todo para dejar activo este servicio tras su muerte, pero también es posible que sean sus seres queridos los que soliciten el servicio y “traigan a la vida” a sus seres queridos.

Industria digital de después de la muerte

Jiménez, especialista en cómo los medios digitales se pueden usar para abordar la experiencia de duelo, resalta: “Tenemos prejuicios con respecto a este tipo de herramientas y no es para menos si tenemos en cuenta que están siendo creadas principalmente por la creciente industria digital de después de la muerte”, que busca objetivos “comerciales y económicos y no necesariamente terapéuticos”.

Un reciente estudio de la Universidad de Cambridge analiza tres escenarios hipotéticos para mostrar las posibles consecuencias de un “diseño descuidado” de esta tecnología y sin unas normas de seguridad.

La investigación, encabezada por Katarzyna Nowaczyk-Basiska, describe un escenario en el que el bot de una abuela hace a su nieta una recomendación publicitaria, otro en el que un niño se angustia porque la réplica de la madre muerta comienza a generar respuestas confusas, y un tercer caso en el que un padre deja por 20 años un avatar a sus hijos.

Uno empieza a recibir una avalancha de mensajes no deseados y el otro acaba emocionalmente agotado de interactuar con él, pero le atormenta el destino del chatbot.

Los bots pueden ser diseñados desde el riesgo de hacer creer al doliente que las respuestas que obtiene son de verdad de su ser querido, lo que podría crear desde una relación de dependencia hasta “el sufrimiento provocado por ‘una segunda pérdida’ si desaparece, por ejemplo, por problemas técnicos”, advierte Jiménez.

El canal de televisión surcoreano MBC hizo una serie de documentales sobre experiencias de realidad inmersiva con recreaciones virtuales para que una madre pudiera pasar unas horas con su hija de siete años fallecida o un hombre se reencontrara con su mujer muerta;  ambos mostraron su agradecimiento por la experiencia.

Estas “thanatotecnologías” no solo transforman la experiencia del duelo “sino la propia concepción de mortalidad o incluso de ‘resurrección’”, apunta Jiménez, para quien las religiones tradicionales convivirán “con nuevas y crecientes maneras de comprender el mundo donde la inmortalidad digital es un elemento esencial”.

Estamos -advierte- ante su nuevo desarrollo tecnológico, basado en IA, “de alto riesgo que debe ser regulado”. Cada país tiene sus propias normas sobre protección de datos. En el caso de la Unión Europea, si esas aplicaciones se dirigen a sus ciudadanos, se aplicaría el Reglamento europeo de IA y el Reglamento General de Protección de Datos.

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