2024-07-19

El mercado legal de cine nacional es escaso en el país

La piratería persiste pese al auge de las plataformas de streaming

El consumidor boliviano ve en el comercio ilegal una opción para conseguir películas o series a las que no puede acceder de manera reglamentada.

Desde la pandemia de Covid-19 el consumo del entretenimiento, especialmente cine y otros audiovisuales, se tornó digital. Ahora, si uno tiene conexión a internet, las plataformas de streaming facilitan el acceso legal a este tipo de obras de arte. Pero, pese a esos cambios, la piratería sigue siendo la principal proveedora de títulos para los bolivianos.

“El boliviano consume principalmente piratería”, sentencia a Visión 360 Mela Márquez, directora de la Cinemateca Boliviana. “El acceso ilegal a las producciones audiovisuales sigue siendo predominante en el país”, dice Germán Monje, director de la Agencia del Desarrollo del Cine y Audiovisual Bolivianos (Adecine). “La piratería es la razón por la que la película Utama no se vende en formato casero en Bolivia”, asegura el cineasta Marcos Loayza.

Vista de los puestos de la calle Tiquina, uno de los lugares de venta de películas piratas en la ciudad de La Paz.  Foto: Jorge Soruco/ visión360

 

Sin embargo, pese al incremento del uso de las plataformas de streaming, los vendedores de copias ilegales de películas y series de televisión se niegan a desaparecer. Aún se instalan en las calles, aunque son menos desde la llegada de la pandemia a Bolivia. Esto se debe, en parte, a la digitalización masiva, forzada por la emergencia sanitaria.

“Debido al encierro, algo que antes era un lujo muy caro, como era la conexión a internet, se convirtió en un servicio  esencial para continuar con la educación, el trabajo y la vida social. Así, muchos espacios donde antes se solía socializar, o servían para el entretenimiento, se vieron vetados por precaución. Esto pasó con el cine, ya que las salas y los lugares tradicionales de compra de películas se volvieron sitios peligrosos para la salud”, considera Márquez.

Las plataformas de streaming, cuyo número aumentó en la emergencia sanitaria, desplazaron, al menos por un tiempo, a las multisalas, cinematecas  y televisión convencional como fuente de series y películas. No es de extrañar, ya que este sistema, con sus limitaciones, tiene un menú amplio y, en el caso de Netflix, abarca producciones fuera de los grandes estudios de Hollywood, lo que permitió un  mayor acceso al cine independiente y de otras latitudes, tan lejanas como las asiáticas  -en especial Corea del Sur e India- y europeas.

La Cinemateca Boliviana es uno de los pocos lugares donde se exhiben películas de directores bolivianos. Foto: Jorge Soruco/ visión 360

 

Según los datos de la plataforma Just Watch en Bolivia, el servicio más utilizado en la actualidad es el de Netflix, que acapara el 23% del mercado nacional. Le siguen Prime Video de Amazon, con el 21%; Disney Plus, con 18% y HBO, con 13%. Las otras alcanzan entre 5 y 9%.

En algunos casos, como Disney Plus y HBO Max, las suscripciones no son constantes y los picos coinciden con el estreno de producciones específicas. En el caso de la primera plataforma, son las series de la franquicia Star Wars y en la segunda, las que son de Juego de Tronos.

Diego Perazo, gerente de Operaciones de la empresa Bolivia Streaming, la cual permite a los ciudadanos contratar los diferentes servicios, explica que esta forma de consumir audiovisuales tiene muchos atractivos. Entre ellos, destaca la gran variedad de contenido a los que el usuario puede acceder,  a precios razonables. De hecho, su empresa tiene paquetes que van de los siete dólares por mes a ofertas que tienen un mayor costo, pero con más opciones.

Títulos de estreno son buscados por la población. Foto: Jorge Soruco/ Visión360

 

Según el estudio Transición digital y Covid-19: Aproximación al consumo digital en Bolivia durante la pandemia, de Andrés Laguna y Laura Rivera -publicado en la revista científica Investigación & Desarrollo de la Universidad Privada de Bolivia (UPB)-, al ser un producto para internet, el streaming puede ser disfrutado en varios equipos, desde los celulares hasta los televisores inteligentes, lo que amplía la cantidad de personas que pueden contratar los sistemas sin necesidad de gastar mucho en aparatos como televisores o computadoras. Como muestra, un trabajo de 2022 reveló que  el 94% de la población nacional accedía a la red mediante los teléfonos inteligentes.

El incremento de plataformas en el mundo también es evaluado por las instituciones nacionales encargadas de regular el audiovisual en sus territorios y los realizadores de Latinoamérica. “Desde el punto de vista de los cineastas, las plataformas presentan muchos beneficios. Entre ellos está la reducción de costos para la distribución de material físico, además de las facilidades para llegar a públicos de otros países”, agrega Monje.

La autoridad adelanta que  ya son varias las agencias estatales de la región que están analizando la posibilidad de crear una plataforma local para distribuir el cine latinoamericano de una forma más fácil.

Pero, en Bolivia existe un problema que limita el acceso a estos servicios: el costo y la calidad de internet. “No todos pueden pagar una buena conexión o una mediocre. Pese a la pandemia, el internet sigue siendo algo muy caro para el promedio de la población”, dice Márquez.

Además, hay lugares donde las empresas proveedoras no llegan para instalar los equipos. Esto  ocurre tanto por las limitaciones materiales, o porque los servidores no tienen capacidad para nuevas conexiones. La señal de los diferentes servicios de internet varía según la región del país, con algunas teniendo más claridad que otras.

A esto se suma la crisis que experimentaron el año pasado las empresas internacionales de streaming y a las medidas que aplicaron (o aplicarán) para paliar pérdidas: el incremento en el precio de los servicios, la prohibición de compartir cuentas, la limitación de la grilla de programación, la decisión de transmitir publicidad en determinadas producciones  y otras.

Es así que, pese a la disminución, la piratería aún acampa en las calles del país con éxito. En las ciudades de El Alto y La Paz, los sectores característicos de este negocio aún mantienen los puestos: la calle Tiquina, la Eloy Salmón, la Feria 16 de Julio o la calle Pankara de San Miguel, entre otros.

Algunos comerciantes de productos piratas tienen tiendas autorizadas, apegadas al régimen simplificado y otras que entregan facturas.

El consumidor nacional ve en el comercio ilegal una opción para conseguir producciones a las que no puede acceder de forma reglamentada. “La oferta en las salas está determinada por las distribuidoras, las cuales tienen paquetes específicos para cada región. Conseguir algo fuera de este sistema es muy caro y muchas veces no es rentable”, explica Márquez a Visión 360.

Otra ventaja, frente a las plataformas de streaming, es que estas tienen grillas según una región. Netflix Latinoamérica no ofrece lo mismo que Netflix España o Estados Unidos.

“Pese a lo que piensa mucha gente, en Bolivia no todo es cine comercial. Hay mucha gente que busca el género independiente,  películas con otra perspectiva, cine fuera de Hollywood que no llega a las salas”, explica un comerciante de cintas.

Otro dice que la clave de su negocio es la rapidez. “No todas las películas llegan a tiempo. Pero nosotros las conseguimos  más rápido. Y si no te importa mucho la calidad de la imagen, tenemos grabadas en cine”.

No sólo eso, son más baratas. Una ida al cine para una familia puede llegar a costar hasta 400 bolivianos, dependiendo del tamaño de la misma, entre entradas -cuyo coste varía  según horario- comida y transporte; en el caso de los servicios de streaming está que, además de pagar la plataforma, se tiene que cancelar el servicio de internet, que no baja de los 100 bolivianos. En cambio, los DVD cuestan de cinco a 10 bolivianos y los Blu-Ray de ocho a 20.

A eso se suma lo hostil que es el sistema nacional para permitir la venta de material cultural legal. “No hay una norma clara en el país respecto a la venta de productos culturales. Es así que importar discos de películas y musicales, además de libros legales, no es una empresa barata”, reconoce Monje.

Hay que considerar también que muchos vendedores de películas piratas están dentro del régimen simplificado o son gremiales. Es decir, no tienen que pagar los impuestos que una tienda importadora lo hace.

Si una persona quiere una cinta en disco legal suele recurrir a un pariente que está en el extranjero, o hacer pedidos especiales en las pocas tiendas que ofrecen ese servicio en el país. Y en muchos casos, el consumidor se convierte en pirata. En la red hay páginas que facilitan descargas sin problema, más allá de su velocidad de servicio, haciendo que recurrir a las plataformas o salas sea innecesario.

¿Dónde se puede comprar cine nacional de manera legal y qué es lo que más busca el público boliviano? 

La producción boliviana tiene muy poco espacio de distribución fuera de las salas de cine. La carencia de recursos económicos y   la falta de apoyo estatal impiden que una mayoría de los cineastas pueda realizar una campaña de promoción adecuada para jalar a los consumidores a los teatros.

Naturalmente hay excepciones: Mi socio 2.0 y Utama lograron vender importantes números de entradas, pero no es lo común. La Cinemateca Boliviana rompe el molde, ya que por ser archivo, logra atraer público a las obras nacionales. “Hemos descubierto una gran opción organizando maratones de comedias”, dice Mela Márquez.

Pero, cuando el filme sale de cartelera, es casi imposible encontrarlo de forma legal. Algunos realizadores vendieron sus cintas a plataformas, como Muralla a HBO y El río a Prime Video, pero como son poco conocidas no suelen ser recomendadas por el sistema.

Escena y afiche de Mi socio, una de las películas favoritas del público boliviano. Foto: IMDB

 

Por eso surgió una página nacional, Bolivia Cine, que permite acceder a algunos títulos. También varios productores  analizan formas de vender digitalmente sus obras, aunque Marcos Loayza reconoció que no hay mucha demanda.

La tienda oficial es la Cinemateca, que vende las cintas de los autores que les pasaron la custodia de sus obras. Así, venden los trabajos de Jorge Ruiz, Rodrigo Bellot, Antonio Eguino y otros. El precio va desde los 50 hasta los 100 bolivianos, determinado por el mismo cineasta.

Otros, como Jorge Sanjinés, prefieren vender directamente en las oficinas de sus productoras. Y hay quienes interactúan con los consumidores mediante redes sociales para, de esta forma,  comercializar directamente un número limitado de copias, como lo hizo Denisse Arancibia con su película Las Malcogidas.

La limitación se debe, principalmente, a tratar de evitar la piratería. “Nunca sabes si quien está comprando lo hace para copiar el disco y vender después”, agrega Loayza.

Sobre gustos, el del boliviano es muy ecléctico, aunque según los distribuidores, vendedores y cineastas, hay una preferencia por los géneros de terror, comedia y familiares.

“Sí, es difícil llegar a igualar los números de una película de superhéroes. Pero sabemos que los bolivianos tienen en el terror algunas de sus cintas favoritas. No al nivel de romper la taquilla, pero sí ganar ingresos de manera constante”, explica Monje.

En el caso de la producción nacional, Mela Márquez destacó que hay una marcada preferencia por comedias, tanto de tipo sitcom como Engaño a primera vista, de los hermanos Benavides, como las costumbristas, tipo Mi Socio.

Y están las infantiles y familiares. “Esas son las verdaderas taquilleras, ya que jalan a toda la familia. Mientras que otros géneros te permiten vender de entrada en entrada, en los filmes tipo Patos (de reciente estreno) una venta es para tres, cuatro o más boletos”.

Entre los vendedores piratas se da que el público busca cine de otras latitudes alejadas de Hollywood. En la última década se disparó el interés en la animación japonesa, los dramas coreanos y las cintas musicales indias, las cuales en su mayoría se consiguen en el mercado ilegal.

RAZONES

PRECIO. Las películas piratas se han convertido en una opción por su bajo precio, mientras que las entradas a salas son cada vez más caras, según los consumidores.

OFERTA. Los comerciantes de cintas irregulares ofrecen un catálogo que incluye producciones no hollywoodenses y de países como Corea del Sur, India, Polonia y Turquía.

TIEMPO. Los piratas pueden tener la película de estreno incluso al día siguiente, aunque no en la calidad adecuada. La gente no quiere esperar a que llegue a plataformas.

Te puede interesar