Homenaje
Escritores y amigos recuerdan a Jaime Nisttahuz, el literato de la irreverencia
Siempre abierto, con el ingenio agudo, listo para ser disparado y ligado a los libros. Así era Jaime Nisttahuz, el poeta y narrador de la irreverencia que falleció el pasado 14 de julio.
"Solo una palabra lo puede definir de cuerpo entero: irreverente. Tenía un humor ácido del que no se salvaba nadie, ni siquiera él mismo, al punto que se autodenominó como 'el maldito escritor'", recordó Willy Camacho, director de la editorial 3.600.
El escritor Rodrigo Urquiola destacó su genuina honestidad, sin tapujos, ni filtros. "Cada vez que hablaba con él, lo encontraba de buen humor, dispuesto a contar una broma y hacerme partícipe de una opinión suya sobre alguna nueva lectura, siempre sin filtros, es decir, con honestidad, algo difícil de encontrar en el medio de los escritores, en el que parece que el 98% de sus actores andan desesperados por caerle bien a todo el mundo, como si este fuera un oficio para divos o para empleados de supermercado fino", escribió en su cuenta de Facebook.
Su colega Daniel Averanga destacó que "ha muerto el primer maldito, Nisttahuz el maldito, así le decían los que sufrieron por su sinceridad, los que recibieron latigazos de seda por sus palabras".
Nacido en La Paz en 1942, Jaime Nisttahuz fue poeta y narrador. También hizo periodismo y crítica, llegando a codirigir la revista Trasluz en la década de 1970.
Durante años vendía libros. "Él era uno de los tantos libreros (uno de los pocos que sabía de libros, eso sí) del pasaje Marina Núñez del Prado", recordó Urquiola. Mientras que Alexei Camacho aseguró que "hizo de su librería un punto para ver el universo y regocijarse, a veces ser poeta es una forma para reír a solas y en silencio".
Para muchos de sus colegas, Bolivia perdió un gran maestro literario, ya que no suavizaba sus opiniones, las decía sin tapujos, y uno de los últimos escritores bohemios. "Tenía mucha calle. La conocía y eso le permitía dominar su lenguaje y contar su historia", indicó Willy Camacho.
Entre sus obras publicadas están la novela Barriomundo (1993); los libros de cuentos Fábulas contra la oscuridad (1984), Cuentos desnudos, Inquilinos del insomnio (2008) y Desquiciados, maniacos, diferentes (2010); y los poemarios Escrito en los muros (1976), El murmullo de las ropas (1980), Palabras con agujeros (1983), La humedad es una sombra y otros poemas (1992) y Recodo en el aire (2003), entre otros.