2024-08-22

Rodrigo Urquiola, escritor bolivarista y paceño

“Escribir es una manera de leer el mundo, observarlo con atención”

Autor de cuentos, novelas y teatro, Rodrigo Urquiola explora la realidad y ciudad que le rodea mediante la narrativa. Ha ganado premios y su obra se tradujo a varios idiomas.

Rodrigo Urquiola siente que escribe desde que tiene memoria, “porque leo desde que tengo memoria. Así como escribir es una manera de leer el mundo, observarlo con atención también es otra manera de leer”, asegura el escritor paceño, quien este año recibió una beca para trabajar en la traducción al inglés de su último libro.

Agrega que su inclinación por la escritura nace quizás de la soledad. “Quizás de mi amor por los libros, quizás del silencio que hay detrás de las montañas citadinas, quizás de mi incapacidad para otros oficios”.

Siete libros  
publicó Rodrigo Urquiola hasta el momento, ya sea de forma independiente o con editoriales consolidadas en el país. Abarcan cuento, novela y teatro.

Urquiola nació en el Hospital San Gabriel de Villa Copacabana, el 1 de noviembre de 1986. Creció en la sede de Gobierno, pero, pese a eso, hay momentos en los que se considera más bolivarista que paceño.

Rodrigo muestra uno de sus libros con el artista Roly H. Huari.   FOTO: Cortesía Rodrigo Urquiola 

 

“Viví toda mi vida en La Paz. Cuando salí al exterior extrañé como nunca mi ciudad, pero todavía no sé qué es ser paceño. Apenas sé que uno nace en algún lugar por azar y que construye su memoria allí, porque no tiene alternativa”, comenta.

Vida dedicada a la narración
Siguió las carreras de Literatura y Comunicación Social, aunque no acabó ninguna. Las dejó por necesidad de conseguir un trabajo a tiempo completo, por desavenencias con determinados docentes -“había uno  que te hacía bailar merengue”- y otras razones. Sin embargo, nunca dejó los libros, que califica como “mi única academia”.

Al menos 10 premios 
y reconocimientos, nacionales o internacionales, recibió desde que comenzó su carrera literaria. El último es una beca para una residencia en Estados Unidos.

Es un lector voraz. Ya sea en las presentaciones de libros, en las tertulias con los amigos, en las pausas del trabajo, la narrativa siempre está presente.

Quien le conoce siempre termina conversando con Rodrigo acerca de sus libros favoritos, o de fútbol. Y siempre fue así, desde que comenzó a descubrir el mundo de las letras.

En más de una entrevista recordó que el primer libro que leyó, después de la Biblia, fue Pedro Páramo, de Juan Rulfo.

Presumiendo de su polera bolivarista muestra un catálogo de evento.  FOTO: Cortesía Rodrigo Urquiola  

 

“Lo encontré en una edad en la que no se comprenden muchas cosas. Lo que más recuerdo de ese par de primeras lecturas son las imágenes; pinturas que se han quedado en la memoria cuando uno se queda viendo el vacío. Algo parecido me sucede cuando leo, ahora, ya menos ingenuo. Siempre recuerdo, con el cariño del aprendiz, a los escritores bolivianos Óscar Cerruto, Augusto Céspedes o Jesús Urzagasti y también a los maestros de afuera, entre ellos Thomas Mann, Herman Hesse, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Günter Grass, Albert Camus u Orhan Pamuk”.

Viví toda mi vida en La Paz. Cuando salí al exterior extrañé como nunca mi ciudad, pero todavía no sé qué es ser paceño. 

Así,  sus libros favoritos son Los hermanos Karamazov, de Fedor Dostoievski y Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, entre muchos otros de la literatura universal.

Entre los trabajos bolivianos se encuentran Cerco de penumbras, de Óscar Cerruto, y El exilio voluntario, de Claudio Ferrufino-Coqueugniot. Además está la dramaturgia.

“Me gusta el teatro porque la vida se construye en base a diálogos. En cuanto a mis preferencias de escritura, sigo a mi instinto y este a veces dicta cuento, novela o teatro”.

Me gusta el teatro porque la vida se construye en base a diálogos. En cuanto a mis preferencias de escritura, sigo a mi instinto.

Su condición de lector le lleva a considerar que no hay una literatura boliviana uniforme. “Creo que la gran identidad del boliviano es carecer de una identidad nacional. Si bien lo mejor de nuestra literatura es aquella que tal vez es difícil de comprender para el extranjero, las clases altas han ido generando una narrativa que se vende bien afuera, quizás por su proximidad a las clases altas de otros países, que se identifican entre ellas con mayor facilidad. La Patria Grande Latinoamericana existe, quizás, en ellos. El gran reto es escribir sobre una Bolivia auténtica, esa de todos los días; ese es un trabajo complejo, en verdad”.

En ese sentido, reconoce que su obra tiene mucho de testimonial, con elementos autobiográficos que retratan su perspectiva de la realidad que le tocó vivir.

Creo que la gran identidad del boliviano es carecer de una identidad nacional. El gran reto es escribir sobre una Bolivia auténtica.

“Quizás, en sus mejores momentos, mi obra es una búsqueda de lo humano en lo animal y de lo animal en lo humano a través de historias que, por lo general, transcurren en mi país. Quizás, en otros momentos, es una expresión de lo cotidiano y lo terrible que puede ser”.

Otra de las características de su trabajo es la continua presencia de La Paz. La ciudad aparece como paisaje, protagonista o antagonista. “Es el lugar donde han sucedido mis recuerdos, es inevitable”, considera.

Rodrigo ha publicado hasta el momento, ya sea con las editoriales grandes del país o con las  independientes, siete libros: Eva y los espejos (2008), Lluvia de piedra (2011), El sonido de la muralla (2015), La memoria invertebrada (2016), Reconstrucción (2019), Ayer el fuego (2022) y Hasta las últimas consecuencias (2024).

Este último salió justo para la 28 Feria Internacional del Libro de La Paz. Es un libro que reúne las cuatro obras de teatro que escribió a lo largo de los años:  El bloqueo es una obra del absurdo, en el que un grupo de gente lleva a un ciego a conocer el mar porque creen que eso lo curará. El retorno trata de la pos Guerra del Chaco. La serpiente trabaja sobre la devoción en el baile y los fantasmas del pasado y La felicidad, sobre una pareja que acaba de casarse durante los conflictos políticos de 2019. Todas fueron interpretadas por elencos escolares, aunque hasta ahora no llegaron a las tablas de manos de una compañía.

Cada uno de los tomos requirió de un proceso de creación distinto, aunque “en los mejores días sí, me siento y dejo que la escritura me lleve”.

Trayectoria premiada
Todas sus novelas publicadas, hasta el momento, obtuvieron algún tipo de reconocimiento, sea nacional o internacional.
Lluvia de piedra recibió la Mención de honor del Premio Nacional de Novela de Bolivia, cuando se entregaba; El sonido de la muralla obtuvo los premios Marcelo Quiroga Santa Cruz e Interamericano Carlos Montemayor, de México; y Reconstrucción también ganó el Marcelo Quiroga Santa Cruz.

En el caso de cuentos Ashley ganó el José Nogales, de España; Senkata, el Edmundo Valadés, de México; Mientras el viento obtuvo el segundo Premio Cataratas de Foz de Iguaçú, de Brasil; Árbol ganó en el Franz Tamayo, de La Paz; Mariposa nocturna, el Adela Zamudio; El espantapájaros recibió la Mención Premio Julio Cortázar, en Cuba; y La caída el  Copé Internacional, de Perú, entre otros.

Uno de los textos premiados más recientes es Ayer el fuego. Este tomo de relatos ganó una beca en Estados Unidos para traducirlo al inglés.

En noviembre participará en una residencia en Ghent, Nueva York, donde trabajará codo a codo con la traductora Shaina Brassard. “Será una experiencia enriquecedora, ya que rara vez el autor interviene en la traducción de su obra. Me permitirá tener una opinión y aprender mucho más del proceso”.

Es la primera vez que un libro completo de cuentos, suyo, llega a otro idioma. Generalmente son solo sus cuentos los que reciben este tratamiento: Ashley fue traducido al croata y al rumano; La memoria invertebrada al alemán y al croata; Mientras el viento y Ahora que estás junto a mí, al portugués; La puerta cerrada y Conversación en el desierto, al bengalí; Senkata y Árbol al croata; y El pelícano se puede leer en quechua.

Bolivarista de pura cepa
Si Rodrigo no se encuentra hablando de literatura, con seguridad lo hará de fútbol, especialmente de los triunfos y derrotas de su equipo: el Bolívar. Reconoce que lo más paceño de él es el gritar constantemente: “Bolívar, Campeón”.

“Me siento más bolivarista que paceño. A estas alturas de mi vida, pienso que todos los regionalismos o intentos de alabar aquello que el azar nos ha impuesto es apenas cándida ingenuidad infantil que se utiliza en discursos huecos”, asegura.

Y así se presenta en las redes sociales. Incluso cuando hace crítica literaria o comparte los viajes que realiza solo con su familia, se le puede ver con  la polera celeste, siempre mostrando su apoyo incondicional. 

PERFIL

Ͱ NACIÓ Î‡ En La Paz, en el Hospital San Gabriel de Villa Copacabana, el 1 de noviembre de 1986. 

Ͱ ESTUDIO · Siguió las carreras de Literatura y Comunicación Social.

Ͱ NOVELAS · Lluvia de piedra (2008), que  recibió la Mención de honor del Premio Nacional de Novela de Bolivia; El sonido de la muralla (2015), que  obtuvo los premios Marcelo Quiroga Santa Cruz e Interamericano Carlos Montemayor, de México; y Reconstrucción (2019), que también ganó el Marcelo Quiroga Santa Cruz.

Ͱ CUENTOS ·  Eva y los espejos (2008),  La memoria invertebrada (2016) y Ayer el fuego (2022).

Ͱ TEATRO · Este año lanzó la antología de obras teatrales Hasta las últimas consecuencias.

Los libros de Urquiola

Hasta las últimas consecuencias 
Antología que  reúne cuatro obras de teatro escritas a lo largo de años: El bloqueo, El retorno, La serpiente y La felicidad.

El sonido de la muralla 
Narra, desde la voz de una niña vieja, la historia de una familia que, al retornar de un viaje, descubre que han perdido su casa a manos de invasores.

Ayer el fuego
Antología de cuentos semiautobiográficos. Formado por relatos premiados, el texto obtuvo una beca para una residencia en Estados Unidos este año.

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