El Gran Presidente
Don Mario Mercado Vaca Guzmán, genio y figura hasta la sepultura
A sus dotes de gran dirigente, seguramente uno de los más importantes en la historia del club Bolívar y también del fútbol boliviano, junto con don Rafael Mendoza, presidente de The Strongest, su gran amigo y rival, don Mario Mercado Vaca Guzmán le sumó su calidad humana.
Su personalidad, sin embargo, distaba mucho de reflejar esas cualidades de buena persona y de buen dirigente.
La señora Angélica Huayllas, quien fue su secretaria por muchos años, lo pinta de cuerpo entero en varias anécdotas, algunas de hace muchos años y otras, de hace unos días.
Recuerda que fue don Mario el que la llevó al club en una época en la que no tenía trabajo. Un gesto que siempre agradeció y que retribuyó, como no podía ser de otra manera, con trabajo.
“Lo conocí cuando yo trabajaba con don Guido Loayza. Un año que estuve desocupada me hizo llamar y me invitó a estas oficinas (las del club). El primer día me vio, me agarró la cabeza y me dijo: ‘Angie, que no te sorprenda si alguna vez no te saludo. Es que a veces soy muy torpe con las personas’. Yo sonreí. Después, no tenía tiempo para nada y solo me decía: ‘Angie, pásame con...’ y nada más”.
Otra de las anécdotas que contó hace muchos años tiene que ver con el alma de niño que tenía don Mario.
“Había días que llegaba de buen humor. Me desalojaba de mi escritorio y le encantaba sentarse en mi silla. Yo tenía un adorno que me habían traído de regalo. Lo agarraba de todos lados. A mí me daba la impresión de que lo iba a romper. No era porque rompiera el adorno, sino que podía hacerse algún daño en la mano. Y daba vueltas con mi silla alrededor del escritorio. Jugaba y comenzaba a rodar. Yo lo veía como un niño grande. Era una persona con un sentimiento muy noble. Yo le tengo mucha gratitud. Gracias a él estoy en Bolívar”, contó Angélica antes de dejar el club hace unos 15 años.
Anécdotas actuales
La señora Angélica ahora está jubilada, hace unos días recordó otros episodios que le tocó vivir cuando trabajaba con don Mario.
“Las reuniones de directorio del club eran frecuentes y generalmente a mediodía. Como era su personalidad, nosotros nos esmerábamos porque no faltara nada. Bocaditos, refrescos, hielo y otras cosas. Todo tenía que estar impecable.
Uno de esos días, porque había muchas cosas que hacer, tuve que salir unos instantes. Justo en ese momento había pedido pan, se antojó pan. Uno de los funcionarios corrió al supermercado y compró los panes pequeños, los especiales. Entró, dejó los panes y por poco no se los botó en la cara, porque se antojó marraquetas. De verdad, nadie pensó que podía escoger una cosa así. Nunca me olvido de eso”.
La última anécdota tiene que ver con lo que sucedía en los clásicos (Bolívar-The Strongest), algo que con el tiempo se fue perdiendo y ahora la relación entre dirigentes de los dos clubes prácticamente no existe.
“Con don Rafael Mendoza Castellón siempre apostaban y las apuestas eran whiskies. Eran gestos bien agradables, pero don Mario falleció y esas costumbres se vinieron abajo. En la cancha ellos se abrazaban, tenían muy buena relación y había mucho respeto, cosa que no veo ahora”.
Mario Mercado (izq.) y Rafael Mendoza junto a otros dirigentes de Bolívar y The Strongest. Foto: colección Julio Mamani
Una del capitán
Carlos Borja, considerado uno de los ídolos de todos los tiempos del club y por muchos años capitán del equipo, recuerda con mucho cariño a don Mario, porque era buena persona y también un buen dirigente.
Cuando le tocó llegar a Bolívar a finales de la década de los años 70, cuenta que sus papás no querían que jugara en La Paz; pero “don Mario habló con ellos. Mis papás tenían buenas condiciones económicas y querían que fuera a la universidad. No sé exactamente qué les dijo, pero los convenció. Recuerdo que llegué un domingo en la mañana, debuté en la tarde y después nunca más dejé de ser titular”.
Dos de don Lothar
Don Lothar Kerscher, otro símbolo de Bolívar, quien trabajó al lado de don Mario Mercado por unos 30 años, solo tiene buenos recuerdos de él.
Hace unos años contó que “fue más que un amigo” y les faltaba tiempo para conversar. “Me llamaba a su oficina o al Gran Centro de Obrajes para hablar de fútbol y del club. El tiempo pasaba sin que nos diéramos cuenta. Bajaba en la tarde y me iba a casa cerca de la medianoche”.
Don Mario cumplía años el 16 de agosto, el día que se recuerda a San Roque y, por la dedicación del santo con los animales, también se recuerda el día del perro.
“Yo me acuerdo —contó don Lothar— que cuando iba a verlo el día de su cumpleaños, le decía: ‘Mario, te cuento que hoy vi a mi Max (que era mi perro) y me acordé de que es tu cumpleaños. He venido a felicitarte’. Él tomaba la ocurrencia con una sonrisa”.