2025-01-28

Desarrollo y conservación

Los productores de asaí usan un arnés patentado y hecho en Bolivia

La seguridad para trepar y alcanzar los frutos del asaí, para consumo o comercio, permite que la gente deje de cortar estas palmeras silvestres y así se conserven en la naturaleza de la Amazonía boliviana.

La conservación de la Amazonía y el desarrollo productivo de quienes habitan en la espesura de sus bosques ahora tienen un nuevo aliado: un arnés “hecho en Bolivia”, que permite que los cosechadores de asaí (Euterpe precatoria) alcancen a trepar palmeras de más de 20 metros, con mayor seguridad, lo cual además promueve una multiplicidad de beneficios sociales y medioambientales.

La iniciativa se forjó dentro de los proyectos que lleva adelante Conservación Amazónica - ACEAA, con el apoyo de expertos en el uso de dispositivos de escalada, así como de expertos en la cosecha de frutos silvestres: los mismos pobladores de Pando.

“El arnés es para la seguridad del cosechador y también para que ellos estén más cómodos en el momento de la cosecha”, informó Abraham Poma, de Conservación Amazónica - ACEAA.

El diseño fue patentado en el Servicio Nacional de Propiedad Intelectual (Senapi) en 2021, como “Arnés de Seguridad para el trepado de palmeras”, según el especialista en manejo forestal de Conservación Amazónica, Abraham Poma.

Hoy se prepara la patente del segundo arnés, derivado del primero, pero ajustado para la cosecha de palma real (Mauritia flexousa) o majo (Oenocarpus bataua), cuyas medidas de seguridad difieren porque el tronco es más grueso.

La necesidad

Liliana Lorini, directora del programa de empoderamiento local de Conservación Amazónica, explicó que esta ONG trabaja en el desarrollo productivo junto con los actores locales, los habitantes de los bosques naturales.

Los acompañan en sus procesos de desarrollo, es decir que buscan las formas para que su situación mejore, pero dentro del respeto y conservación de los recursos naturales con los que conviven a diario.

“Trabajamos bajo un enfoque de cadena de valor, atendiendo cuatro ámbitos. El primero es el del manejo del bosque, el segundo es el de transformación, el tercero de comercialización y, transversalmente, estamos trabajando con el fortalecimiento organizacional. Dentro de este enfoque de cadena de valor, trabajamos con varias cadenas, justamente que son aprovechadas en el bosque”, señala Lorini.

En ese contexto vieron que una de las formas para asegurar el desarrollo de las palmeras silvestres de asaí era que no las corten por sus frutos. Estos árboles son delgados, de unos 40 centímetros de diámetro en su madurez, por lo que hubo quienes aprendieron a treparlos para alcanzar sus racimos, pero otros simplemente los cortaban para que caigan.

La situación se notó más cuando este fruto se hizo conocido en mercados de las ciudades. Se volvió comercial y más personas los buscaban con mayor frecuencia; lo mismo pasó con otros frutos amazónicos.

Selección de asaí. Foto: Conservación Amazónica - ACEAA

Creación del arnés

El seguir “tumbando” las palmeras hubiera terminado con el asaí. Entonces, para trabajar con los recursos naturales “directamente en el bosque” y preservarlos, fue que se empezó a desarrollar tecnología e instrumentos, junto con los mismos cosechadores locales, por ejemplo, en Santa Rosa de Abuná.

“El arnés de trepado seguro, para acceder a los recursos del bosque, se marca dentro de un programa de fortalecimiento de capacidades, para tener un mejor aprovechamiento y seguridad, sobre todo con los cosechadores”, dijo Lorini.

En 2018 la misma población entendió la necesidad de proteger a las palmeras y a sus frutos, para un mejor aprovechamiento en la recolección. Entonces, con Conservación Amazónica - ACEAA, se empezó a gestar la creación del arnés.

Allí, dentro de la tupida vegetación, en especial los hombres jóvenes, empleaban un fragmento de bolsa de polipropileno amarrado en forma de aro u ocho (manea) en los pies , para abrazar el árbol y poder apoyarse a medida que trepaban. A veces, se ponían una cuerda sobre el hombro y debajo del brazo, para sujetarse mientras arrancaban el racimo. Luego, tras conseguir el fruto, abrazados al tronco, resbalaban. 

Aunque hay personas muy ágiles, ya acostumbradas a estas subidas y bajadas, usando el roce de sus brazos o piernas, y como el fruto pesa entre 15 y 18 kilos, no faltaron los accidentes. Una caída de altura podía ser mortal o dejar a la persona con lesiones graves y daños permanentes.

“Vimos la necesidad de implementar alguna tecnología, más que todo para la seguridad del cosechador y también para que estén más cómodos en el momento de la cosecha, porque así pueden usar ambas manos”, comentó Poma.

Uno de los diseños del arnés. Imagen: Conservación Amazónica - ACEAA

El arnés les permite estar colgados, casi sentados, incluso utilizar ambas manos para realizar una buena cosecha, sin dañar los frutos, el racimo o a la palmera.

Pero antes de lograr el modelo adecuado a esta actividad en específico, los técnicos tuvieron que hacer al menos tres prototipos, probarlos, rediseñarlos, descartar algunas partes, asegurarse de que se trate de un buen material, y lograr la aprobación de los cosechadores, quienes finalmente son los que lo usarían.

Según el especialista, les quitaron los aros metálicos, mosquetones y maillones, porque los hacían más pesados, y al principio hicieron un modelo a la cintura, con cintas para las piernas, pero aún había el riesgo de que, en caso de un resbalón, la persona se diera vuelta y se saliera del arnés. Por ello agregaron otras cintas para sujetar los hombros, para una seguridad integral, de manera que la persona quede colgada pero sentada, en caso de que resbalara.

Beneficios

Con todas las modificaciones e implementos, el arnés pesa un poco más de un kilo. Y esto es importante para el cosechador, puesto que debe caminar, incluso por horas, más de 10 o 15 kilómetros, para llegar a las zonas donde crece el asaí, en medio del bosque, en la naturaleza.

Las cintas son de poliéster tejido, tienen un ancho de cinco centímetros, lo que hace que sean más aprensivas y firmes. Su confección, que también se realiza en Bolivia, cuenta con refuerzos y costuras que dan mayor firmeza al diseño. Todo ello pensado en que son objetos que aportan seguridad a los cosechadores.

El colocado del dispositivo. Foto: Conservación Amazónica - ACEAA

Hasta la fecha, según el especialista, se logró dotar de unos 300 arneses a los cosechadores de asaí de diferentes comunidades de Pando, quienes también participaron en un proceso de capacitación y evaluación para que el uso de este material sea seguro, para que aprendan a cuidar el arnés y otros implementos que trabajan junto con éste, como cuerdas homologadas y botas, pero también que consoliden el cuidado de las palmeras silvestres del bosque.

El nuevo modelo

El arnés tuvo una exitosa recepción entre los cosechadores, por ello fue patentado en el Senapi con todos los requisitos exigidos para verificar su efectividad, alcance y, por supuesto, que no se haya creado antes.

Ahora, la institución anunció la conclusión de un nuevo diseño, una adaptación del primer arnés, pero con ajustes específicos para ser aplicado en la cosecha de palma real y majo, cuyos troncos son mucho más gruesos y requieren implementos adicionales. Por ejemplo, es necesario utilizar un lazo de cuerda más largo y una especie de pedales para apoyar los pies para escalar.

El uso del arnés. Fotos: Conservación Amazónica - ACEAA

En busca del empoderamiento para el cuidado medioambiental

Desde hace 14 años, los proyectos de Conservación Amazónica - ACEAA buscan justamente el cuidado de esta eco-región del planeta, en Bolivia.

Por ello, su mirada en las regiones naturales de Pando busca fomentar el empoderamiento de la sociedad hacia el cuidado de la naturaleza, según Natalia Gil Ostria, coordinadora de Comunicación Estratégica de esta ONG.

“Uno de los espacios en los que más hemos trabajado es el departamento de Pando, que tiene un bosque en bastante buen estado. Esto se ha dado gracias al aprovechamiento sostenible de los frutos amazónicos”, comentó.

Señala que, en el marco de la visión institucional, trabajan en la creación de espacios de conservación, de manejo y en la generación de planes para que se conserven.

“Por otra parte, trabajamos el tema de ciencia y tecnología, que nos aporta con todas las herramientas tecnológicas para hacer un relevamiento de estos espacios, en los que podemos ver justamente la calidad de los recursos que tienen y ver también el estado del territorio, la fauna y flora, la calidad del agua, las amenazas presentes entre otra información”, señaló.

Asimismo, el componente importante en toda esta labor es la población que habita los bosques, con la que desarrollan el empoderamiento local y a la que se entregan las herramientas para que trabajen en conservación y puedan aprovechar mejor su espacio.

“El enfoque, sobre todo, es aprovechar de la manera mejor posible estos frutos. Creo que es importante que la población en general también esté al tanto de que se hace una cosecha silvestre y que el consumir estos productos, que a veces no los vemos en el mercado, aportan a que se conserve el bosque y se mantenga en pie”, dijo.

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