2025-06-01

Marcelo Claure: Los influencers versus "los nadies, los dueños de nada"

Bolivia 360" fue un espacio valioso, pero no puede limitarla a quienes supuestamente "influyen".

La pasada semana se llevó a cabo la iniciativa del señor Marcelo Claure, "Bolivia 360", destinada a promover la democracia, restaurar la prosperidad económica y fomentar el progreso social en Bolivia. El evento contó con la participación de más de noventa personas y del Growth Lab de la Harvard Kennedy School.

Como todo evento, este no estuvo exento de críticas, ellas son inherentes a la naturaleza humana, y consecuentemente no deberían causar desconcierto o risa. Según la Real Academia Española, la palabra "crítica" distingue dos acepciones: la primera alude a la capacidad de analizar y juzgar de forma neutral e imparcial para extraer pros y contras; y la segunda, a la búsqueda exclusiva de defectos de manera parcial e interesada.

Siendo esta una columna de opinión, y dado que crítica es sinónimo de opinión, daré la mía. Discutir de manera académica, amplia y diversa temas cruciales para superar la crisis actual y formular propuestas para encontrar  la senda de desarrollo de Bolivia es loable. Es de suponer que una investigación liderada por un académico reconocido como Ricardo Hausmann merece ser analizada, como otras, sean de bolivianos o extranjeros, ya que la nacionalidad no las hace ni malas ni buenas, es el rigor metodológico lo que las distingue.

No puedo profundizar sobre las exposiciones, propuestas y debates porque desconozco los detalles. No hubo una difusión amplia.

Critico  también la respuesta de Marcelo Claure a quienes cuestionaron la selección de invitados. En sus redes sociales afirmó: "Me da mucha risa leer los comentarios negativos de los que no fueron invitados..(...). No fueron invitados porque su opinión no influye en nada".

Esta ultima frase reduce a las personas no invitadas a "nadies", como si su valor dependiera de un reconocimiento institucional o mediático. Eduardo Galeano denunció esta lógica excluyente en su poema "Los nadies", mencionando en uno de sus versos lo siguiente:

“Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.

Los nadies: los ningunos, los ninguneros,

corriendo la liebre, muriendo la vida,

jodidos los nadies, jodidos:

Que no son, aunque sean.

Que no hablan idiomas, sino dialectos.

Que no practican religiones, sino supersticiones.

Que no hacen arte, sino artesanía.

Que no aplican cultura, sino folklore.

Que no son seres humanos, sino recursos humanos”.

Si queremos construir una democracia incluyente, toda voz cuenta, especialmente las marginadas, que aportan su mirada. Podemos concordar o discrepar, pero jamás excluir ni burlarnos. Entiendo que un evento no puede incluir a todos y consecuentemente el organizador tiene derecho a elegir, pero descalificar críticas distinguiendo entre quienes "cuentan" y quienes no, es inapropiado. Cuando se toman en cuenta todas las opiniones, se construyen sociedades más justas.

Uno de los grandes males que padece Bolivia —y que supongo ha sido diagnosticado durante el evento— es la lógica divisionista instalada por algunos politiqueros mediante rótulos descalificadores como "neoliberales" o "socialistas".

El mensaje no solo descalifica, sino que además normaliza la división. Einstein advirtió que "el mundo no está amenazado por las malas personas, sino por quienes permiten la maldad". Justificar la exclusión en nombre de la "influencia" perpetúa un sistema donde el poder —en este caso, el poder económico— decide qué voces importan.

Además, la frase presume que quienes no fueron invitados carecen de influencia, revelando engreimiento intelectual, que no cabe. Sócrates, con su célebre "Solo sé que no sé nada", nos recuerda que el verdadero conocimiento nace de reconocer nuestra ignorancia. Descartar opiniones por no pertenecer a un círculo selecto de influencers niega la posibilidad de aprender de perspectivas diversas.

Bolivia 360" fue un espacio valioso, pero no puede limitarla a quienes supuestamente "influyen". Creo en la libertad de elegir pero la democracia boliviana exige un espíritu inclusivo; quienes asumen el liderazgo del cambio no pueden replicar la lógica divisionista que denuncian. La verdadera influencia, como enseñó Sócrates, nace de la humildad para reconocer que ningún círculo selecto ostenta el monopolio de la palabra y del conocimiento. Solo el diálogo abierto, no la exclusión, genera soluciones perdurables. Escuchar a todos no es una concesión, sino el antídoto contra las fracturas que aquejan a Bolivia.

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360

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