2025-06-09

El último leal

Esta realidad muestra el deleznable tránsito de la lealtad a la deslealtad o traición a las personas y al estado, en el cual se olvida éste y otros principios a cambio de dadivas personales.

Prontos a vivir la elección para elegir al primer mandatario de nuestro país, surgen las campañas electorales de los candidatos, quienes relucen sus promesas al electorado, la mayoría tratando de seducir a la población con su “canto de sirena” cual salvadores de una situación extrema. Candidaturas que en esencia sobreponen la ambición individual sobre la razonabilidad, principios éticos y morales.

Uno de los principios morales deslucido en la actualidad es la lealtad, explicada por Platón como el respeto a la ley (Estado), pero no solo a la ley en el sentido jurídico, sino también a las normas morales. La filosofía moduló este concepto, en el devenir del tiempo, vinculándolo con el respeto y fidelidad hacia una persona, a la comunidad y como un compromiso que no se aleja de los valores.

En el escenario político que atravesamos, hay poca cabida para dichos principios morales, debido a que algunas candidaturas, cegadas por su angurria de poder y su satisfacción individual, están ajenas a estos valores. Pactos que se firman bajo la consigna de la unidad con el supuesto propósito de “salvar al país” pero que no se cumplen, representan parte de shows mediáticos de poco impacto por la lectura inapropiada de la realidad y por las interpretaciones antojadizas de la normativa que solamente generan dudas e incertidumbre en la población. Promesas electorales que pretenden encandilar al electorado tratando de mostrar una situación extrema a cambiar, se constituyen en la agenda diaria.

Pasar de una vereda a la del frente desluce al candidato el cual pierde credibilidad y debilita la política por el doble discurso que esto genera. Alianzas que programáticamente e ideológicamente eran impensadas, y que suponen una contradicción en la lógica racional, son suscritas entre contrarios, mismas que solo pueden ser concebida en el imaginario de la politiquería. Los “ríos de sangre” dejaron de ser una limitante ya en el siglo pasado, por lo que se tienden puentes con cualquier fuerza política, forzando candidaturas e híbridos programas de gobierno. A esto se suman los acuerdos de palabra entre candidatos que tampoco se cumplen, mostrando que el honor personal dejó de existir.

La mayoría de promesas y propuestas electorales están apelando a las viejas recetas de libros ortodoxos y de una historia repetida del siglo pasado para solucionar problemáticas actuales, que difícilmente son aplicable a la realidad económica nacional por las particularidades que tiene la misma. Es cierto que no deberíamos esperar propuestas nuevas de los mismos políticos del pasado, pero al menos deberían contener un análisis de la aplicabilidad de la mismas y los costos sociales que pudieran representar.         

El tema de las candidaturas no pasa por temas de género, etario y clase social, los mismos deberían ser personas idóneas de reconocida trayectoria, experiencia y una lectura apropiada de una realidad, la cual es concebida solamente con una mirada interna, no desde afuera, y lo que es más importante con principios éticos y morales. El carisma y la imagen no solucionan por si solos ningún tipo de problemática de ningún país, al contrario, el forzar que los candidatos cumplan ciertos requisitos crea improvisación y el peligro para la gestión de gobierno. El país no necesita que sus gobernantes vayan aprendiendo en el camino, requiere la aplicación de medidas que se vayan implementando desde el principio de una gestión, lo contrario sería un riesgo innecesario.      

Esta realidad muestra el deleznable tránsito de la lealtad a la deslealtad o traición a las personas y al estado, en el cual se olvida éste y otros principios a cambio de dadivas personales. Esto se puede entender desde la perspectiva de Maquiavelo quien afirmaba que en la política y en la vida, la confianza ciega es la trampa de los tontos, ya que el mundo es un tablero de ambiciones, asimismo, mencionaba que la lealtad cuando se cultiva con ingenuidad se convierte en un veneno dulce. Argumentos de una cruda realidad normalizada que sería bueno cambiar, aunque suene irreal.

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360

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