2025-06-19

Las trampas de Tucídides y Kindleberger

En este escenario, tanto la trampa de Tucídides como de Kindlebeger tienen cabida, ya que pasan por no considerar demasiado fuerte a China en el escenario mundial y su posible hegemonía global.

El intercambio de ataques entre Israel e Irán se ha intensificado en los últimos días, sin avizorar una solución inmediata a este conflicto, debido a que los actores que mueven los hilos detrás de estos países, principalmente Estados Unidos, desarrollan sus propias estrategias, pero que al mismo tiempo hacen notar una marcada ausencia hegemónica, no solamente en la zona en conflicto, también en otros espacios y temáticas globales, lo cual limita el restablecimiento del orden mundial.

Este escenario no es casual, ya que podemos entenderlo desde la perspectiva teórica de la “Trampa de Tucídides”, en la que una potencia hegemónica imperante comienza a temerle a otra emergente generando un conflicto bélico, y la “Trampa de Kindleberger”, referida a una potencia emergente que parece demasiado débil y no demasiado fuerte. Sí una potencia hegemónica declina y ninguna otra asume el rol de liderazgo global, el orden internacional entra en crisis, provocando diferentes conflictos mundiales que pueden desencadenar en una guerra a escala global hasta alcanzar el posicionamiento de un nuevo liderazgo.

Después de la segunda guerra mundial Estados Unidos se convirtió en el garante tradicional del orden internacional con influencia económica y política en la mayor parte de las regiones del mundo. En la actualidad, esta hegemonía muestra signos de debilidad política y estratégica ante el conflicto que se desarrolla en medio oriente, en tanto que otras potencias emergentes, llamadas a ocupar ese nuevo rol hegemónico, parecen estar poco interesadas en participar directamente del mencionado desencuentro, pero de alguna manera mueven algunos hilos en el mismo. El desinterés puede ser entendido por la limitada influencia en dicha región, pero es más probable que no les interese intervenir plenamente en el actual orden mundial, generado en la etapa de post guerra.

La ausencia de poder hegemónico en la zona en conflicto y en el escenario mundial, está dando vía libre a la intensificación de ataques mutuos, con el lamentable costo humano y económico que esta situación representa para ambos países y, de hecho, con los consecuentes efectos en la economía global. El intercambio de denuncias sobre ataques a civiles se intensifica, argumentando, por cada una de las partes, que solamente se trataría de acciones de defensa a una amenaza. Por un lado, se afirma que se trataría de ataques a objetivos militares y por el otro, las ofensivas estarían dirigidas a centros donde se producen armas nucleares de destrucción masiva.

Esta situación se ratifica por el llamado efectuado por la Casa Blanca a sus connacionales para que evacuen la zona en conflicto, principalmente a los establecidos en Irán, por el peligro que esto representa, dando señales claras de que el conflicto podría prolongarse e intensificarse con el consecuente debilitamiento de orden regional y mundial, es decir, un conflicto que podría escaparse de las manos.

Países como China y Rusia no muestran una incidencia directa en el desarrollo del conflicto, pero observan con expectativa el desorden en la región por la falta de un poder hegemónico. Al parecer, el país del dragón no tiene aún el interés en asumir el rol hegemónico global, teniendo reconocido su posicionamiento político y económico, así como su incidencia en el escenario internacional y que, de hecho, cuenta con los recursos suficientes para ser parte activa en el conflicto, del cual tampoco da señales claras de su intensión de contribuir con la solución al mismo.

En este escenario, tanto la trampa de Tucídides como de Kindlebeger tienen cabida, ya que pasan por no considerar demasiado fuerte a China en el escenario mundial y su posible hegemonía global. Pero, más allá del conflicto en marcha, que podría o no solucionarse en el corto plazo, la comunidad internacional observa con detenimiento el cada vez más notorio vacío de poder en la zona en conflicto y en otras temáticas globales, lo cual muestra un debilitamiento hegemónico y la consecuente necesidad del posicionamiento de un nuevo liderazgo que establezca un nuevo orden mundial.

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360

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