2025-06-29

Entre la inacción y el exilio de los expertos, el país llega sin deberes hechos al MERCOSUR

A la diplomacia de los pueblos habrá que recordarle las palabras de Séneca: “Ningún viento es favorable para quien no sabe a dónde va”.

El próximo 3 de julio se celebrará la 66.ª Cumbre de Jefes de Estado del MERCOSUR, en la que Bolivia participará, por segunda vez, con el estatus especial de “miembro en proceso de adhesión”. Esta categoría le otorga derecho a voz, pero no a voto. Sin embargo, más allá de los discursos y las fotos protocolares, el país se presentará sin haber cumplido la tarea comprometida.

Cabe recordar que, en julio del 2024, durante la 64.ª Cumbre, el presidente Luis Arce entregó el instrumento de ratificación del Protocolo de Adhesión al MERCOSUR, lo que marcó el inicio formal del proceso. Treinta días después, el protocolo entró en vigor y, desde entonces, Bolivia tenía un plazo de 180 días para presentar un cronograma de incorporación del acervo normativo del bloque.

El plazo ya ha vencido y la Cancillería ha optado por el silencio. Nada se sabe sobre si el cronograma fue elaborado o no. Intuyo que, para la diplomacia de los pueblos, ésta es una tarea complicada y no es prioritaria. El asistir a toda conferencia, encuentro o reunión internacional que se presente es lo importante, aunque sea sin los deberes hechos.

La canciller Celinda Sossa Luma, apenas ha mencionado que se contará con apoyo financiero de la CAF, FONPLATA y los países miembros plenos del MERCOSUR para ejecutar las obligaciones pendientes. Sin embargo, no se conoce cómo será el plan, ni se ha transparentado la metodología, los responsables técnicos o los tiempos de implementación.

Nuevamente se recurrirá a consultores financiados por estos organismos internacionales, designados de forma discrecional, como ya ha ocurrido tantas veces. El resultado, serán informes que terminarán archivados en los estantes de la Cancillería. Es una vieja práctica del Estado boliviano que el actual gobierno, pese a haberla denostado, reproduce hoy con absoluta comodidad.

Es penoso, pero la diplomacia de los pueblos parece ignorar que, desde hace décadas, la Organización Mundial del Comercio (OMC) ofrece cursos de capacitación en disciplinas comerciales a funcionarios públicos de todo el mundo. Decenas de funcionarios gubernamentales bolivianos fueron becados a Ginebra y capacitados en todas las disciplinas comerciales. En un marco de razonabilidad, ellos deberían ser quienes lideren el proceso de adhesión al MERCOSUR.

En ese contexto, la pregunta es: ¿dónde están estos becarios? La respuesta es simple: ¡fueron despedidos!, aunque muchos de ellos no tenían la nariz respingada. Lamentablemente, el conocimiento técnico ha sido reemplazado por la improvisación, amparada en el eslogan oficial: “la meritocracia genera exclusión”.

Ojalá que la cooperación requerida sea a fondo perdido, pero los resultados no sean perdidos. Qué diferente es en otros países donde quienes fueron capacitados, por estos mismos organismos, están obligados no solo a trabajar en beneficio del Estado, sino también a difundir el conocimiento adquirido a nuevas generaciones.

Ante esta aversión que se tiene por todo lo anterior, después de casi veinte años de gobierno, caben nuevas preguntas: ¿dónde están los funcionarios diplomáticos de la generación de la “diplomacia de los pueblos” que estuvieron acreditados ante la OMC en Ginebra? ¿Acaso ellos no podrían liderar la incorporación de las normas comerciales del MERCOSUR? ¿Después de tanto tiempo, no habrán aprendido algo?

La verdad es que no lo sé, me temo que el deterioro institucional es aún más grave. No solo hubo desdén por los cuadros formados, sino que no hubo formación técnica y falta de continuidad, y los cargos diplomáticos fueron repartidos sin criterio alguno que no sea el ser allegado al Canciller de turno, generando una alta rotación del personal y una Cancillería sin memoria, sin estrategia y sin liderazgo. Cada ministro de turno empieza de cero, con nuevos leales pero sin rumbo y sin personal formado. Así, la diplomacia se vuelve improvisada, reactiva y puramente ceremonial.

La adhesión al MERCOSUR no es solo una decisión política, sino una tarea técnica de alta complejidad que requiere planificación, conocimiento normativo y experiencia negociadora. Sin embargo, en lugar de aprovechar el capital humano formado durante décadas, el gobierno ha optado por marginarlo, como si el profesionalismo fuese un estorbo ideológico.

Esta actitud no solo retrasa la integración efectiva, sino que genera una burocracia sin competencias reales, donde los cargos se reparten por afinidades personales antes que por méritos. La consecuencia es evidente, no se construye institucionalidad, se improvisa diplomacia.

Bolivia no puede seguir asistiendo a cumbres regionales como mero espectador ornamentado. Cumplir con los compromisos asumidos no es una formalidad, sino un acto de responsabilidad internacional. Ir sin deberes hechos es una falta de respeto al bloque y a la representación que se ejerce en nombre del pueblo boliviano.

A la diplomacia de los pueblos habrá que recordarle las palabras de Séneca: “Ningún viento es favorable para quien no sabe a dónde va”. Bolivia, en materia de integración regional, parece ser un barco a la deriva, sin capitán, ni marineros que enfrenten las turbulentas aguas propias de la diplomacia, donde no existen amigos, ni enemigos, solo intereses.

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360

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