No hay que partir primeros, hay que llegar primeros: ganadores de encuestas, perdedores de elecciones
En la política latinoamericana, ser el favorito al inicio de una contienda electoral es, paradójicamente, una posición de alto riesgo. La región, marcada por la inestabilidad económica y el hartazgo ante las élites, ha sido testigo de algunas de las volteretas electorales más dramáticas de la historia. Estas derrotas, que desafiaron encuestas y pronósticos, ofrecen lecciones profundas sobre la volatilidad del voto.
A continuación, analizamos diez campañas donde el candidato o la opción con una ventaja inicial casi indiscutible terminó perdiendo:
1. La venganza de las urnas: El voto “castigo"
En varios casos, el claro favorito no era el individuo, sino el aparato de poder al que representaba. El electorado, impulsado por el descontento, simplemente buscó cualquier alternativa viable:
* Plebiscito de 1988 (Chile): el "NO" derrota al "SÍ" de Pinochet.
El régimen militar de Augusto Pinochet controlaba el aparato estatal, los medios y tenía una ventaja logística abrumadora. Sin embargo, la campaña del "NO" logró conectar emocionalmente con un mensaje de esperanza y futuro, revirtiendo la inercia y forzando el retorno a la democracia.
* Elección presidencial de 2000 (México): el fin del PRI.
El Partido Revolucionario Institucional (PRI) parecía imbatible tras 71 años ininterrumpidos en el poder. Francisco Labastida era su heredero natural, el favorito del establishment. La victoria de Vicente Fox (PAN) fue un grito de hartazgo que capitalizó la narrativa del "cambio".
* Elección presidencial de 2015 (Argentina): el factor balotaje.
Daniel Scioli (FpV) era el sucesor ungido del kirchnerismo y lideraba cómodamente las encuestas para la primera vuelta. El voto anti-K se unificó en el balotaje en torno a Mauricio Macri (Cambiemos), cuya campaña de "cambio" revirtió completamente el pronóstico inicial.
2. El fenómeno del “outsider” y el error de la élite
El favorito de la élite o el candidato con la mejor hoja de vida fue superado por figuras que supieron presentarse como ajenas al sistema, a menudo con discursos populistas o rupturistas:
* Elección presidencial de 1990 (Perú): la caída de Vargas Llosa.
Mario Vargas Llosa (FREDEMO), el intelectual y escritor de renombre mundial, era el favorito absoluto de la prensa y los mercados. Fue derrotado por Alberto Fujimori, un ingeniero relativamente desconocido que, con una campaña de bajo perfil y un mensaje dirigido a los sectores rurales, se presentó como el verdadero outsider.
* Elección presidencial de 2002 (Colombia): Uribe rompe el bipartidismo.
Horacio Serpa (Liberal) era el candidato tradicional con el aparato de partido más grande. Álvaro Uribe Vélez surgió con un discurso independiente y de mano dura contra la inseguridad, capitalizando el descontento popular y superando a los partidos históricos.
* Elección presidencial de 2006 (Ecuador): la sorpresa de Correa.
Álvaro Noboa, el magnate, arrasó en la primera vuelta y se consolidó como el favorito. En el balotaje, Rafael Correa (Alianza PAIS) se presentó como un radical outsider que desafió a los poderes fácticos, logrando un triunfo inesperado.
3. Derrotas por fragmentación y escándalo
A veces, la derrota se debe a un error estratégico fatal o a la incapacidad del favorito para mantener unido su bloque:
* Elección presidencial de 2018 (México): el voto consolidado del cambio.
Aunque las encuestas iniciales repartían el favoritismo entre Ricardo Anaya (PAN-PRD) y José Antonio Meade (PRI), ambos representaban la continuidad política. El tercer intento de Andrés Manuel López Obrador (Morena) logró consolidar todo el voto de castigo y antisistema, eclipsando a los favoritos del establishment.
* Elección presidencial de 1994 (Venezuela): el castigo al bipartidismo.
Claudio Fermín (AD) era el candidato del partido con mayor maquinaria, pero los venezolanos estaban hastiados de la alternancia entre Acción Democrática (AD) y COPEI. Rafael Caldera (Convergencia) emergió como una figura respetada pero externa a las cúpulas partidistas de ese momento.
4. El voto anti-unificación
Finalmente, la polarización puede ser el peor enemigo de un favorito que representa un bloque ya establecido, unificando a la oposición:
* Elección presidencial de 2021 (Ecuador): la unificación anti-Correísmo.
Andrés Arauz (UNES), el candidato delfín del expresidente Rafael Correa, ganó la primera vuelta cómodamente. Sin embargo, en la segunda vuelta, el fuerte voto anti-Correísmo se unió para apoyar a Guillermo Lasso (CREO), el banquero conservador, dándole la victoria.
* Elección Presidencial de 2002 (Brasil): La victoria de la perseverancia.
Al inicio de la campaña, José Serra (PSDB) era visto como el favorito para continuar el proyecto de su predecesor, Fernando Henrique Cardoso, contando con el respaldo del mercado. Luiz Inácio Lula da Silva (PT), tras varias derrotas, logró moderar su discurso y asegurar la confianza del establishment (con la famosa "Carta al pueblo brasileño"), además de su base popular, asegurando su victoria.
Estos diez ejemplos confirman una regla de oro: en la política latinoamericana, las elecciones son a menudo referéndums sobre el pasado y no sobre el futuro. La humildad estratégica y la capacidad de capturar el deseo de cambio del ciudadano de a pie han sido las armas secretas para derrocar a los gigantes.