Combustible
Guerra en Medio Oriente cumple 18 días y analistas consideran que puede afectar a la economía de Bolivia
La guerra en Medio Oriente, entre Israel y Estados Unidos contra Irán, ya lleva 18 días desde su inicio y podría tener impactos negativos en la economía de Bolivia debido a los posibles incrementos en el precio del petróleo y, además, porque la situación del país está “en un proceso frágil de ajuste”.
“Sí, puede afectar porque aún existe una alta dependencia de importaciones energéticas; hablamos de diésel y gasolina, las cuales podrían subir”, afirmó el economista Fernando Romero a Visión 360 y agregó que el contexto bélico puede “romper con las expectativas de mejora que tiene el país, ya que introduce incertidumbre global y presiona variables claves como el petróleo, tipo de cambio, inflación, gasto público, endeudamiento estatal y otros”.
El especialista manifestó que la economía boliviana no estaba del todo sana y que, más bien, “estaba en un proceso frágil de ajuste, pero por eso un shock externo puede ser totalmente nefasto”.
El conflicto bélico entre Israel y Estados Unidos en contra de Irán comenzó el pasado 28 de febrero, cuando los dos primeros países llevaron adelante ataques coordinados contra la tercera nación. Irán produce alrededor de 3,3 millones de barriles de petróleo al día (bpd), lo que lo convierte en el cuarto mayor productor de petróleo de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP); además, es uno de los mayores productores de gas natural del mundo.
Romero recalcó que el conflicto bélico sí afectará a la economía del país porque está “en vías de desarrollo comercial y es tomadora de precios. Aunque Bolivia no comercializa directamente con esa región, el impacto viene evidentemente por el mercado de energías, por el petróleo. El Medio Oriente concentra gran parte de la oferta mundial, por lo que cualquier conflicto reduce o pone en riesgo la oferta y eleva evidentemente el precio internacional del crudo”.
Para Ronald Nostas Ardaya, la guerra que aún persiste en Medio Oriente llegó en el peor momento para el país, ya que se estaba restableciendo la confianza en la economía y se veía una salida a la crisis.
“El primer impacto es el precio internacional del petróleo, que escaló aceleradamente en una semana y superó los cien dólares por barril. Considerando que nuestra economía depende en gran medida de la importación de diésel y gasolina, y que la producción interna ha caído en los últimos años, el incremento del precio de estos productos eleva el costo de las importaciones y presiona el gasto público, aumentando el riesgo de un mayor déficit fiscal”, escribió Nostas en su columna Empresa y bienestar.
Añadió que la situación bélica puede generar tensiones sobre “las reservas internacionales por el mayor costo de las compras del exterior, pero también contribuir indirectamente a presiones inflacionarias y a la aparición de conflictos sociales”. Afirmó que el escenario para el país es preocupante y que podría tener consecuencias dramáticas si la guerra continúa.
Ambos analistas económicos coincidieron en que, para paliar la afectación que pudiese existir con el conflicto en Medio Oriente, el Gobierno tendría que tomar acciones a corto plazo, como generar cobertura petrolera para el país, asegurar la compra de petróleo, establecer contratos fijos, optimizar las subvenciones, combatir y reducir el contrabando y generar divisas.
Para Romero, si la guerra continúa, el Gobierno también deberá tomar acciones a mediano y largo plazo, como aumentar “la producción de gas y líquidos, aunque eso requiere inversión, tiempo y recursos”, y realizar la “transición energética a biocombustibles, electricidad y energías renovables, además de reducir la dependencia del diésel importado; pero reitero, este es un proceso de mediano a largo plazo. Pienso que Bolivia no puede controlar la guerra, pero sí puede reducir su vulnerabilidad de cierta manera”.