2026-03-26

La Tribuna

Ahora, todo depende de ellos

Lo cierto es que Bolivia ha cumplido con todos los pasos que se deben seguir para un partido de esta magnitud: entrenamientos regulares, amistosos de preparación, llegada anticipada a la sede y concentración enfocada en el objetivo

La selección boliviana afronta un desafío histórico en Monterrey, donde hoy se medirá con Surinam en busca de un boleto al Mundial 2026. Finalmente llegó el día esperado, el equipo nacional llega a este encuentro con una ventaja que no puede pasarse por alto: ha sido la única selección que trabajó de manera regular en las semanas previas al repechaje. Mientras otros conjuntos apenas se reunieron, Bolivia entrenó, disputó amistosos y se instaló con anticipación en la sede del partido, mostrando un compromiso que refleja la seriedad de su objetivo.

Es cierto que los internacionales se sumaron recién en los últimos días, pero la base del plantel ya venía trabajando bajo la conducción técnica. La concentración se completó con la llegada de Roberto Carlos Fernández, Yomar Rocha y Moisés Paniagua los dos primeros provenientes del fútbol ruso, el tercero de Marruecos, quienes aportarán experiencia y ritmo competitivo. Esa continuidad en la preparación es un activo que Bolivia debe capitalizar en un duelo de tanta trascendencia.

En contraste, Surinam llega con un panorama muy distinto. Su preparación fue prácticamente inexistente: los jugadores se reunieron únicamente de manera virtual para conversar con el técnico y mantener, de forma extraña, una relación de grupo. Deportivamente, no es lo mismo entrenar en cancha que sostener charlas a distancia. Esa diferencia puede marcar el rumbo del partido, sobre todo en los primeros minutos, cuando la intensidad y la coordinación suelen ser determinantes.

El entrenador neerlandés Henk Ten Cate, que hará su debut al frente de Surinam, recién comenzó a trabajar con sus dirigidos en Monterrey. Es decir, la preparación formal de los caribeños arrancó apenas dos días antes del choque decisivo. Sin embargo, no todo es ventaja para Bolivia: la mayoría de los futbolistas surinameses militan en ligas europeas, lo que les garantiza ritmo de competencia y exigencia semanal, un aspecto que no puede subestimarse.

Bolivia, por su parte, enfrenta una paradoja. Aunque trabajó más que su rival, lo hizo en un contexto adverso: el torneo oficial en el país aún no ha comenzado, lo que significa que muchos jugadores carecen de competencia real. Esa falta de rodaje contrasta con la continuidad de los surinameses en Europa y abre un interrogante sobre cuánto pesará la preparación frente al ritmo competitivo.

La incertidumbre, como tantas veces, acompaña a la selección nacional. ¿Será suficiente el trabajo acumulado para imponerse a un rival con jugadores activos en ligas de primer nivel? La respuesta llegará en Monterrey, donde Bolivia buscará demostrar que la disciplina y la planificación pueden equilibrar las diferencias. El sueño mundialista está en juego y, una vez más, el país entero se pregunta: ¿qué pasará con nuestro equipo?

En el contexto internacional del fútbol, Bolivia no puede darse el lujo de mirar por encima del hombro a ningún rival. Sin embargo, es justo reconocer que los adversarios que enfrenta en la eliminatoria sudamericana de la CONMEBOL son de un nivel muy distinto a los que Surinam encuentra en la CONCACAF. Esa diferencia competitiva es un factor que debe ser considerado al momento de evaluar las posibilidades de ambos equipos en este repechaje.

Lo cierto es que Bolivia ha cumplido con todos los pasos que se deben seguir para un partido de esta magnitud: entrenamientos regulares, amistosos de preparación, llegada anticipada a la sede y concentración enfocada en el objetivo. Se ha hecho lo correcto, lo que corresponde en un escenario internacional donde cada detalle cuenta. Ahora, la responsabilidad se traslada al campo de juego, donde no hay excusas ni margen para la improvisación.

El desenlace dependerá exclusivamente de los jugadores nacionales y de la fortaleza mental que puedan mostrar en Monterrey. La capacidad de resolver bajo presión, de mantener la calma en los momentos críticos y de transformar la preparación en rendimiento será la clave. El trabajo está hecho, la mesa está servida: todo depende de ellos y de su convicción para convertir este reto en una oportunidad histórica.

En el fondo, este repechaje no es únicamente un partido de fútbol, sino un examen de carácter colectivo. La selección boliviana se encuentra en la frontera entre la memoria de sus frustraciones y la posibilidad de una redención histórica. Como un espejo que refleja tanto la precariedad como la grandeza, Monterrey se convierte en escenario de una prueba donde la disciplina puede vencer a la improvisación, y donde la constancia puede imponerse al azar. La victoria, si llega, será más que un resultado: será la confirmación de que la perseverancia puede transformar la duda en certeza.

Bolivia se ilusiona con volver a ver a su equipo en una Copa del Mundo, pero la ilusión sin acción es apenas un espejismo. La verdadera trascendencia radica en que los jugadores conviertan la ansiedad en hambre de gloria, la fragilidad en fortaleza y la incertidumbre en convicción. Solo así, el sueño dejará de ser una quimera y se transformará en destino. Porque en la paradoja entre fracaso y triunfo se esconde la esencia de la grandeza nacional: un país que, a través de su selección, busca reconciliarse con su propio futuro.

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