2026-04-06

La Tribuna

Cuando el fútbol nos volvió país

En cada partido, en cada previa, en cada conversación improvisada en la calle o en el mercado, Bolivia dejó de ser un país fragmentado para convertirse en una sola voz.

Hay derrotas que no caben en una tabla. Que no se explican en los puntos perdidos, ni en los goles en contra, ni en ese frío lenguaje estadístico que pretende resumir lo que en realidad es un país latiendo al mismo tiempo.

Bolivia ha quedado fuera del Mundial. Otra vez. Y sin embargo, reducirlo a una simple desclasificación sería injusto. Porque lo que ha pasado en estas semanas, en estas eliminatorias, ha sido mucho más profundo que un resultado deportivo.

El fútbol, ese fenómeno extraño e inexplicable, volvió a hacer lo que ninguna campaña política, ninguna crisis, ninguna diferencia social ha logrado: unirnos.

Nos unió en la esperanza.

En cada partido, en cada previa, en cada conversación improvisada en la calle o en el mercado, Bolivia dejó de ser un país fragmentado para convertirse en una sola voz. La señora que vende fruta, el joven universitario, el taxista, el empresario… todos hablando de lo mismo, todos sintiendo lo mismo. Todos creyendo.

Y eso no es menor.

Porque en un país acostumbrado a las tensiones, a las diferencias, incluso a las desconfianzas, el fútbol aparece como un idioma común. No importa de dónde vienes ni en qué crees. Durante 90 minutos, todos empujamos hacia el mismo arco.

Eso es lo que hoy duele.

No solo la eliminación, sino el silencio que queda después. Ese vacío que se siente cuando se apaga la ilusión compartida. Cuando ya no hay partido que esperar, ni tabla que revisar, ni ese cosquilleo en el estómago antes de que ruede la pelota.

Pero también queda algo más. Y eso es lo importante. Queda la evidencia de que sí podemos estar juntos. De que sí podemos emocionarnos por lo mismo.

De que, a pesar de todo, todavía hay algo que nos conecta profundamente como bolivianos.

El fútbol no nos dio la clasificación. Pero nos recordó quiénes somos cuando dejamos de lado lo que nos separa. Y quizá ahí está la verdadera lección.

Porque algún día, tarde o temprano, Bolivia volverá a un Mundial. El fútbol siempre da revancha. Pero lo que no deberíamos dejar escapar es esa sensación de unidad que hoy parece desvanecerse.

Esa es la verdadera victoria pendiente.

Porque mientras sigamos siendo capaces de abrazarnos en una misma ilusión, de sufrir juntos, de creer juntos… Bolivia seguirá teniendo algo que ningún marcador puede quitarnos.

El fútbol nos dejó fuera. Pero, por un momento, nos volvió a juntar. Y eso —aunque no clasifique— también cuenta.

 

 

Te puede interesar