Hilando Fino
El fin del “club de las empoderadas”
Este lunes 4 de mayo se cierra —por fin— un ciclo que deja más polémicas que avances en el deporte boliviano. Se va el autodenominado “club de las empoderadas”, un grupo de autoridades que construyó discurso, pero no sostuvo gestión.
El primer cambio se evidenció hace seis meses, cuando Karen Palenque fue apartada del Viceministerio de Deportes. Su paso no dejó huella en política deportiva. Distintos sectores hicieron públicas observaciones sobre procesos vinculados a los Juegos Bolivarianos de la Juventud en Sucre, además de una gestión que no se tradujo en beneficios concretos. Las becas del Bicentenario hoy no tienen continuidad clara. Gestión nula.
Luego vino la salida de Graciela Jurado de la Secretaría General del Comité Olímpico Boliviano, en el marco de una decisión adoptada en asamblea, tras observaciones sobre la validez de documentación.
Hoy, el turno es de Carmen Pozo. Del municipio paceño. Su gestión deja señales claras: la reducción de la Dirección de Deportes a una Unidad no es un detalle administrativo, es un retroceso. En lugar de fortalecer, se redujo. En lugar de articular, se confrontó. Y en ese escenario, la obtención de la sede de los Juegos Bolivarianos 2029 abre más preguntas que certezas, por la brecha entre lo comprometido y lo que puede sostenerse. Gestión insípida.
A este cuadro se suma la anodina gestión de Carmen M. Callisaya en el SEDEDE La Paz, cuestionada por actores del ámbito deportivo por priorizar la exposición de gigantografías del gobernador Santos Quispe antes que resultados. Escenarios deteriorados, falta de planificación y ausencia de mejoras estructurales confirman que el deporte quedó en segundo plano.
El patrón se repite: función pública, uso de recursos del Estado y resultados insuficientes. Cuando la gestión no aparece, la discusión sobre responsabilidad es inevitable.
No es casual que este grupo intente rearticularse alrededor de los Juegos Bolivarianos próximos. No hubo sacrificio y ahora aparece interés. Y eso no es ingenuo.
Reducir este análisis a género sería un error. No está en debate quién ocupa los cargos, sino cómo los ejerce.
El deporte boliviano no necesita relatos. Necesita gestión, planificación y resultados. Este ciclo termina. El riesgo es que se repita con otros nombres.
Porque hay algo que no admite discusión: la falta de gestión no distingue entre poncho o corbata, entre pollera o vestido, entre hombre o mujer. No es un tema de género. Es un tema de capacidad y honestidad.
* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Sports 360