2026-05-25

Hilando Fino

El deporte también bloqueado

Mientras Bolivia vive entre carreteras cerradas y conflictos permanentes, el deporte también quedó atrapado: competencias suspendidas, atletas paralizados y sueños inmovilizados en una crisis que golpea no solo al deporte, sino también a la salud, la educación y la esperanza de un país.

Mientras Bolivia se bloquea, también se paraliza el deporte. Y si ya venía golpeado por el abandono histórico, hoy recibe otro duro castigo.

Los griegos nos dejaron muchos legados, pero quizás uno de los más sabios fue entender que la paz también podía construirse desde el deporte. Para ellos, palabras como tregua, convivencia y fraternidad tenían un valor sagrado.

En el año 776 a.C., en Olimpia, nacieron los Juegos Olímpicos de la antigüedad. Los pueblos griegos, enfrentados en guerras, detenían las armas para honrar a Zeus y permitir competir a sus atletas. El deporte se convertía así en un puente de paz.

Siglos después, en 1896, el francés Pierre de Coubertin recuperó ese espíritu y devolvió al mundo los Juegos Olímpicos modernos bajo la misma premisa. Hoy, los JJ.OO. representan mucho más que medallas: representan humanidad.

¿Y por qué traer este recuerdo hoy? Porque mientras los griegos apagaban las guerras por el deporte, nosotros apagamos el deporte por nuestras propias guerras. En Bolivia, ni siquiera el deporte quedó al margen de esta crisis social. El deporte también fue bloqueado.

El fútbol sufrió uno de los impactos más visibles. La novena fecha quedó suspendida y varios clubes bolivianos que debían competir internacionalmente tuvieron que abandonar sus escenarios habituales, perdiendo localía y el respaldo de su gente.

El Club AlwaysReady tuvo que trasladarse hasta Asunción para disputar un partido decisivo, mientras Bolívar deberá hacerlo en Santa Cruz. En instancias determinantes, perder tu casa y tu hinchada puede costar una eliminación.

Y en medio del caos apareció una imagen simbólica: la aguerrida hinchada del histórico TheStrongest rompiendo bloqueos para acompañar a su equipo, evocando aquella mística nacida en la Batalla de Cañada Strongest.

Pero el problema va mucho más allá del fútbol. Desde el básquet hasta el motociclismo, pasando por el voleibol, el ciclismo y las artes marciales, gran parte del calendario deportivo nacional quedó paralizado entre viajes suspendidos, equipos varados y pérdidas económicas.

Y detrás de cada competencia suspendida hay algo más profundo: jóvenes que entrenaron durante meses para una oportunidad que quizás no vuelva, familias que hicieron esfuerzos económicos enormes y atletas que sienten cómo se les escapa el ritmo, la motivación y hasta el futuro.

Porque en el deporte, cuando no compites, también pierdes estabilidad emocional, crecimiento y esperanza.

Entonces surge una pregunta inevitable:

¿Acaso no podemos aprender algo de los griegos y construir una tregua? No solo por el deporte, sino por humanidad. Porque cuando un país se acostumbra al bloqueo permanente, también termina bloqueando la salud, la educación, la economía y la esperanza de su pueblo.

El deporte jamás debería ser rehén de las crisis políticas.

Porque mientras unos bloquean caminos, otros terminan bloqueando sueños.

Y un país que bloquea permanentemente sus caminos corre el riesgo de bloquear también el futuro de sus hijos.

“Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”. (Benito Juárez)

Te puede interesar