Hilando Fino
La Tregua del Planeta
Faltan apenas tres días para que el planeta presencie el acontecimiento deportivo más grande de nuestro tiempo. Ningún otro espectáculo reúne tantas miradas en un mismo instante.
Cuarenta y ocho naciones. Tres países anfitriones. Una misma cita para buena parte de las banderas del mundo. Se calcula que el 74% de la humanidad estará frente a una pantalla observando la ceremonia inaugural, mientras 83 mil privilegiados serán testigos presenciales de un momento que quedará grabado en la memoria colectiva.
Y mientras la Ciudad de México se convierte en el centro del universo futbolero, el mítico Azteca abrirá por tercera vez las puertas de un Mundial, privilegio reservado para los escenarios que ya forman parte de la historia.
El mundo hará una pausa. Las noticias seguirán hablando de guerras y crisis, pero millones de personas reservarán un espacio para la esperanza frente a una pantalla.
Las preocupaciones cotidianas quedarán suspendidas por un instante. Las fronteras, los idiomas, las ideologías y las diferencias parecerán disminuir ante la fuerza de una pasión capaz de unir a millones de personas que no coinciden en casi nada, salvo en el lenguaje universal del fútbol.
Cada nación ya presentó a sus guerreros.
Llegan con sus colores, sus himnos, sus escudos y sus sueños. Porque cuando el árbitro dé la orden inicial, ya no será simplemente un balón rodando sobre el césped.
Será el honor de un pueblo persiguiendo una ilusión.
Sus botines serán lanzas modernas. Y once hombres cargarán sobre sus hombros la historia y las esperanzas de toda una nación.
Intentarán plantar su bandera en la cima del mundo.
Serán gladiadores en una arena verde donde la gloria y la derrota conviven a centímetros de distancia. Donde una jugada puede inmortalizar una generación.
Algunos dirán que es solo fútbol.
Pero el Mundial es memoria, identidad, esperanza y pertenencia. Es el instante en que una humanidad dividida en tantas cosas coincide en una emoción compartida.
Por eso, cuando ruede el balón, no comenzará solamente un torneo.
Comenzará uno de esos escasos momentos en los que el mundo entero se reconoce mirando hacia una misma dirección.
Y aunque al final solo una bandera levantará la copa, durante un mes la humanidad compartirá el mismo sueño. Quizá esa sea la verdadera victoria del fútbol.
"Un hombre puede cambiar de mujer, de partido político o de religión, pero no puede cambiar de equipo de fútbol."
— Eduardo Galeano
Saludos al mundo del fútbol.
Que empiece la fiesta de los pueblos.