La Tribuna
México, con la responsabilidad de un primer penal
Vaya movimiento que se genera en la primera de las 16 sedes que serán parte de una inédita cita mundial. Abrazadora como reservada, sumisa como contumaz, alegre como afligida. Más allá del plano estrictamente deportivo (a punto de suceder), Ciudad de México aplica fuerza mayúscula para abrir sus puertas de par en par al planeta. Se la nota ligeramente incómoda… algo preocupada. Sensación que va más allá de una ansiedad natural y es que ¡sí! ¡Claro! Se trata de una de las capitales con mayor cantidad de habitantes en el mundo, dentro de un país situado en el top 15 de los de mayor extensión territorial y en el top 10 de los más poblados. En ese marco, de pronto es más fácil ingresar en desacuerdos; por ello es que la contrariedad y el antagonismo de criterios salen a la luz.
Mientras muchos acuden a distintas arterias del centro histórico a protestar, por “x” o “z” causa contra el gobierno y buscan mayor notoriedad dada la coyuntura, otros se congregan alrededor del Ángel de la Independencia (mayor monumento simbólico de la mexicanidad) para cantar, alentar a su selección, tomarse fotos con locales y extranjeros y —con un alto parlante de por medio— anunciar al mundo los fundamentos del porqué reciben el privilegio de organizar un tercer evento de selecciones a nivel mayor de FIFA.
La pulseta parece inclinarse del lado de los pasionales por este deporte, los que deciden volcar su atención a este certamen con pleno conocimiento de que se trata de un mes (en este caso 5 semanas) de cada 48, de gozo y privilegio, de demostrar que el presente responde y se respalda en el pasado. Y acá fútbol y Mundial de pronto no son lo mismo, porque el fútbol es lo más importante de lo menos importante; pero el Mundial, por todo lo que genera, mueve y toca, también representa mucho más que diversión, azar y destino.
Hay sacrificio y fe más allá de la dicotomía; por ello, por ejemplo, se apunta a crear el “fan fest” (espacio abierto de transmisión directa de los partidos del mundial) de mayor extensión y capacidad de todos en las distintas sedes del mundial.
De pronto no se trata de pensar igual, quizás solo de respetar el criterio ajeno. Muchos hinchas mexicanos citaban a su connacional, nobel de literatura, Octavio Paz, y las ideas de fuerza, libertad y democracia.
En ese contexto de vida, de mundo, incluso con muy pequeños matices de lo que ocurre, por ejemplo, en Bolivia, comenzará a rodar la pelota. Para México, la presión no es solo ganar a Sudáfrica, sino también llevar adelante con la mayor pulcritud posible este evento, gambetear desacuerdos, intereses propios, oportunismos y desatenciones. Para los “aztecas”, de entrada, por la cosecha deportiva y por la imagen país, se presenta el reto tan favorable como desafiante de patear un primer penal. El cielo capitalino estuvo llorando toda la semana; este jueves y los próximos días entenderemos a ciencia cierta si era un presagio de desconsuelo o alegría.