La Tribuna
Anuncios públicos del VAR: Un rayo de luz en la penumbra
Un rayo de luz, por tenue que sea, siempre se agradece cuando se navega en la penumbra, la reciente implementación del anuncio público de las decisiones tras una revisión VAR a través de los altoparlantes en los estadios de la División Profesional representa, sin duda alguna, una valiosa señal de esperanza en medio del convulso mar de caos en el que naufraga el arbitraje boliviano.
Escuchar al juez central encender el micrófono en pleno campo de juego para explicar, de viva voz a la tribuna, los motivos de una revisión es un gesto de apertura sin precedentes en nuestro balompié, es una iniciativa que rompe con un hermetismo histórico, acerca al aficionado a la comprensión de la norma y aporta una cuota de modernidad que nuestra competencia clamaba.
Sin embargo, debemos evitar caer en el espejismo de creer que la transparencia por sí sola resolverá los problemas estructurales del arbitraje nacional, porque el anuncio es una pequeña luz en este túnel, anunciar una determinación en voz alta no borra lo que ocurre a vuelta de página o en otro partido, la falta de uniformidad en la interpretación de las jugadas que vemos sobre el césped. Nos encontramos con la amarga realidad de que se explican decisiones que a veces nacen de fallas, como interpretaciones dispares para contactos calcados en distintas áreas y una dependencia hacia la pantalla del VOR por parte de jueces, muestra de aquello partidos que tienen tres o más revisiones del VAR.
El anuncio es un paso adelante brillante, sí, pero nos expone a un riesgo severo: si la calidad del arbitraje no acompaña el avance tecnológico, el altavoz terminará convirtiéndose en la caja de resonancia que exponga las inseguridades y fallas de los colegiados.
A este panorama de incertidumbre se suma, la falta de gestión de la crisis. Cada fin de semana, tras un arbitraje empañado por la polémica, la respuesta vuelve a ser la misma de siempre: el castigo mediático y la congelación de los jueces involucrados; la política de las suspensiones no es más que un parche para acallar el murmullo de las tribunas y los reclamos de los dirigentes de turno. Congelar colegiados o borrar equipos enteros tras un fallo grosero no cura la enfermedad; solo la anestesia por unos días.
Esta práctica reactiva termina diezmando la nómina de jueces experimentados, como es el caso de Guery Vargas, y genera un clima de paranoia donde el árbitro salta al campo de juego con más miedo a ser suspendido que enfocado en dirigir con justicia. Y es aquí donde surge la gran interrogante: ¿qué está pasando con el proceso de formación? Resulta sumamente alarmante comprobar que las constantes capacitaciones, los seminarios con instructores y los talleres teóricos que se dictan periódicamente están cayendo en un rotundo saco roto.
Se invierten recursos, tiempo y logística en repasar las modificaciones a las reglas de juego, el correcto uso del protocolo VAR y la unificación de criterios, pero todo ese bagaje teórico parece esfumarse apenas suena el silbato inicial. Existe una desconexión preocupante entre lo que se enseña en las aulas de instrucción y la ejecución práctica bajo la presión de un estadio lleno. Si los conceptos no se asimilan, si no se traducen en una lectura de juego fluida e inteligente, la instrucción continua queda reducida a una mera formalidad burocrática para cumplir con los requerimientos que FIFA exige.
La llegada del VAR a micrófono abierto es un soplo de aire fresco y un acierto comunicacional que debe ser respaldado y perfeccionado, es esa señal de esperanza que nos demuestra que el fútbol boliviano puede dar pasos hacia el profesionalismo. Pero no nos confundamos: el sonido en los altavoces no sustituye al buen arbitraje. Si no se ataca la crisis desde la raíz —unificando el criterio, profesionalizando de verdad la estructura y logrando que las capacitaciones se reflejen en la cancha— ese rayo de esperanza terminará eclipsado por la repetición sistemática del error. La afición merece explicaciones claras por el altavoz, pero, por encima de todo, merece justicia deportiva sobre el césped.